Yo en Texto, Texto en Yo (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

Los conceptos de alegoría lúdica y narración polivalente de Dominic Crossan, desarrollados en Cliffs of Fall (1980), tienen una identidad reconocida a diferencia de la alegoría medieval. No es de extrañar dado este proceso de colocación seguida de retorno que en su obra más reciente, Four Other Gospels (1985), Crossan toca la relación del canon con lo extracanónico. Si el canon estético-conceptual del humanismo moderno representa un intento de rodear el canon sagrado con uno a disposición de la crítica, entonces aquellos que deseen subvertir este control necesitan trabajar en los límites del canon sagrado mismo, así como en nuevos métodos para su interpretación.

Pero, ¿qué es el canon y qué le da poder? ¿Son las únicas opciones disponibles para los académicos tocados por la ansiedad de la influencia la defensa dogmática de los modelos de interpretación seculares y humanistas de la Ilustración, que reemplazan un canon basado en la doctrina sagrada con uno basado en la historia o la estructura inmanente como base del significado, o un aceptación moderna, neobarthiana, del poder textual trascendente que valida el canon, a los efectos de la praxis?

4. El escalofrío sublime

Hay un escalofrío sublime en “Of Mere Being”. flor de harold
Cada época tiene que reinventar el proyecto de la “espiritualidad” por sí misma. (Espiritualidad = planes, terminologías, ideas de conducta dirigidas a resolver las dolorosas contradicciones estructurales de la conciencia humana, a la trascendencia.) Susan Sontag

En las genealogías textuales y las ansiedades mostradas a través de la discusión anterior, hemos estado explorando el carácter o los contextos de la afiliación textual bíblica. “La afiliación”, escribe Edward Said, “es lo que permite que un texto se mantenga como texto y, por lo tanto, está cubierto por una variedad de circunstancias: estatus de un autor, momento histórico, condiciones de publicación, difusión y recepción, valores a los que se recurre, valores e ideas asumidos, un marco de suposiciones tácitas consensuadas, antecedentes supuestos, etcétera” (en Spannos: 294).

El proceso sucesivo de desplazamiento aquí trazado desde Lutero hasta el presente es una forma de entender lo que está en juego cuando un intérprete o una comunidad de interpretación pretende rechazar una filiación previa por un texto. ¿Hasta qué punto ese proceso es interminable?

Si uno toma una posición modernista, como la psicología del yo de Kohut, o de críticos literarios como Wayne Booth, o M.H. Abrams como punto de partida, la respuesta a esa pregunta es, en última instancia, no, aproximadamente sí. Afirmar haber logrado el cierre absoluto de una interpretación final sería, desde la perspectiva de la psicología del self o de estos dos críticos, un caso de identificación con la estasis, la pulsión de muerte, o ilegítimamente “superando” (Booth) el texto.

Pero desde estas modernas perspectivas psicológicas y literarias también debe haber un sentido de cierre próximo sostenido por una voluntad moral de vivir “sin creer, más allá de creer” en la frase de Wallace Stevens. Al final de su libro sobre comprensión crítica, Wayne Booth hace explícito el vínculo entre los límites de la crítica y la responsabilidad moral:

El eclecticismo que repudio asesina para diseccionar, y asesina apresuradamente, buscando piezas para la importantísima nueva síntesis. El ‘eclecticismo’, es decir, el pluralismo, que abrazo, al final, seguirá siendo culpable de reducir el trabajo de otros críticos y colocarlo en contextos insospechados en los originales. Se compromete, sin embargo, a permanecer dentro de un modo hasta el último momento posible, por así decirlo, antes de caer en la herejía…

Ningún crítico puede separar la indagación de la responsabilidad… Si la verdad crítica es inherentemente plural, inherentemente dependiente de un [compromiso con] un intercambio vital, justo y comprensivo entre muchos críticos con muchos modos, la verdad crítica es comprensión crítica, y no puede ser encontrada, o mejor, promulgada, excepto por aquellos que sostienen esos compromisos sean inextricables de él (Stand: 346–347).
Pero asumir tal posición es permanecer dentro de la clausura del discurso literario-humano moderno que ofrece, o pretende ofrecer, una autoridad alternativa (es decir, el compromiso con los ideales revisados ​​de objetividad racional propuestos por la Ilustración) a la del canon sagrado.

Por el contrario, si uno adopta la perspectiva sugerida por Susan Sontag y ve el proceso de interpretación como un “proyecto espiritual” en lugar de un proyecto moral, incluida su noción de que la espiritualidad busca resolver dolorosas contradicciones estructurales dentro de la conciencia humana, parecería haber tres alternativas distintas para construir el impulso de la interpretación hacia el cierre.

Una alternativa modernista busca resolver las contradicciones mediante el cierre de un método específico que establece límites para el texto y limita el significado; el cierre interpretativo tentativo es posible. Una segunda alternativa posmoderna niega la posibilidad de cualquier forma de cierre más allá o dentro de la (“textura intertextual” de) los textos; incluso el cierre próximo es imposible porque no hay un significado trascendental (como la historia); sólo el juego de la diferencia dentro del texto.

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