Yo en Texto, Texto en Yo (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

En él no puede haber ningún término autocontenido, ningún punto fijo. Todo debe definirse en términos de relación” (Callloud: 7). Las diferencias descubiertas dentro de un texto se unifican como partes constituyentes de una estructura delimitada. Los patrones de relación en cuestión pueden captarse a través de diversas perspectivas estructurales: oposiciones binarias, como en Lévi-Strauss; redes de relación entre actantes a lo largo de los ejes de comunicación favorecidos por Greimas, etc.

Una vez que se ha establecido la cuadrícula interpretativa, se produce un nuevo texto, cuyo significado no puede retroceder más allá del alcance del exégeta estructural. Irónicamente, aunque el estructuralismo afirma desplazar al sujeto del estudio de los textos, es decir, rechazar la importancia de la intención del autor, de los seres comunales encarnados en el contexto histórico, etc., el estructuralismo de hecho termina reemplazándolos con un sujeto diferente: que del intérprete estructural de pie con su comunidad de interpretación, de nuevo como el “lector ideal” del texto, todas las pretensiones de objetividad en sentido contrario.

Una vez que uno ha captado completamente la metodología estructural apropiada, entonces puede ejercer una libertad soberana de interpretación, todo en nombre de articular la estructura profunda del texto, el verdadero patrón de relaciones que producen significado.

La necesidad de pasar del estructuralismo al postestructuralismo debería ser evidente: la única forma de proporcionar espacio para uno mismo (comunitario e individual) es moviéndose a la defensiva para desplazar el poder de los predecesores. Donde el estructuralismo opera sobre un texto limitado o atado, es decir, el texto esquemático reconstruido creado por análisis estructural con significado contenido en una red inmanente de relata, los intérpretes posestructurales proponen una red abierta de intertextualidad en la que el significado es siempre una función de los textos excluidos o suprimidos, el presente siempre en función de los ausentes, como Cristo en el paraíso perdido es una función de Satanás.

La intertextualidad extiende la significación más allá de las oposiciones binarias para abarcar cadenas enteras de significados culturales, explícitos e implícitos, disolviendo los intentos estructuralistas de limitar el significado.
De manera similar, tildarse a sí mismo de postestructuralista como “posthumanista” también abandona (o afirma haber abandonado) un interés en el control del intérprete sobre el proceso de interpretación.

Así como los límites del texto se disuelven en el intertexto, el ego del intérprete se disuelve en el discurso del otro. De hecho, en una lectura lacaniana del yo, el yo no es más que una defensa contra el Otro, el inconsciente. Si queda un yo distinto del sujeto inconsciente del Deseo propuesto por Lacan, es uno interpsíquico, como sugiere la noción de identidad de Norman Holland como tema y variaciones:

…este concepto de tema y variaciones de la identidad descentra al individuo de una manera distintivamente posmoderna y metaficcional. Tú eres ficticio, yo soy ficticio, como los personajes de una novela posmoderna. Lo más personal y central que tengo, mi identidad, no está en mí sino en tu interacción conmigo o en un yo dividido. Siempre estamos en relación. Estamos entre.

Mientras que el psicoanálisis comienza como una ciencia de la individualidad humana dentro de cada piel humana, el psicoanálisis posmoderno es el estudio de la individualidad humana tal como existe entre las pieles humanas. La terapia psicoanalítica, desde este punto de vista, no es un proceso autónomo de autocorrección (Holland en Hassan & Hassan: 304).

Como señala Holland en otra parte, no hay escapatoria del proceso de defensa unido a la expectativa y la fantasía (Holland, 1985): un yo intersubjetivo sigue siendo un yo defendido. O, desde una perspectiva lacaniana, no hay fin a la defensa del ego contra la verdad de que “el deseo del hombre es el deseo del Otro [el inconsciente, para Lacan]… es en cuanto Otro que él desea (que es lo que proporciona la verdadera brújula de la pasión humana)” (Lacan: 312).

Si ni siquiera lo que nos parece más cercano, nuestro deseo, es nuestro, sino “ese ingrediente trascendente e incondicional de la demanda de amor, el vacío peculiarmente humano que no puede ser satisfecho por ningún objeto o prueba de amor”. (Casey y Woody en Smith, 1983: 82), entonces, de hecho, el proceso de defensa es interminable. Ya sea que se adopten formas de teoría psicoanalítica menos radicales, no lacanianas, como las asumidas por Holland, el resultado es el mismo para el tema que nos ocupa: la empresa postestructural depende y al mismo tiempo es una defensa contra el estructuralismo.

Es un tipo de defensa en la que el miedo a los orígenes puede provocar un retorno a tradiciones anteriores y más lejanas como defensas frente a las de época más reciente, tal como los humanistas del Renacimiento buscaron refugio en sus fantasías proyectadas sobre la vida y el pensamiento griego y romano. contra la conciencia cristiana represiva de la Baja Edad Media.

Publicada el
Categorizado como Estudios