Y se acordó Dios de mi – Parte II

Dios y todo ser viviente de toda carne que está sobre la tierra.

Noé es el nuevo Adán de esa nueva normalidad y nuevo comienzo. Dios se acordó de Noé para que cumpliera el plan original de expandir el reino de Dios en la tierra, para que hiciera famoso el nombre de Dios en ella. Para
lograrlo, Dios prometió no volver a destruir la tierra a pesar del pecado del ser humano y puso una señal de ese pacto: el arco en el cielo. Recordemos que el arco es un arma, de hecho, al inicio vimos que Dios se presenta en el diluvio como un varón de guerra, pues en este pacto lo que hace este varón de guerra es tomar su arco por el cual tiró las flechas del diluvio y lo cuelga en la pared del cielo, declarando así la paz con la humanidad ¿No es hermoso?

Es un pacto de gracia, incondicional, una proclamación de paz a la humanidad para que esta se reproduzcan en la tierra.

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Pero esto nos lleva a preguntarnos ¿por qué Dios hizo esto? ¿por qué dijo “nunca más”? aun sabiendo que el hombre volvería a pecar. Porque, aunque su diluvio cambió la geografía mundial y la geopolítica, creando una
nueva normalidad mundial, no cambió el corazón humano. Porque Dios sabía que la redención de la humanidad pecadora no sería por medio de la amenaza y el miedo del juicio, sino por la gracia y el amor del
evangelio de Jesucristo.

Hermanos, la separación entre el Dios santo y los pecadores es tal, que solo el sacrificio del Dios encarnado pone fin a esa separación. No es por el miedo a la pandemia que la gente se arrepentirá de sus pecados, sino cuando por miedo a la pandemia, si Dios quiere, escuchen el mensaje de amor, sacrificio y salvación de Jesucristo que nosotros debemos proclamarles.

Noé es un tipo de Jesucristo, un hombre justo que predicó a los de su generación el arrepentimiento. Por su obediencia en construir el arca, sus familiares fueron rescatados en ella para una nueva creación, una nueva
oportunidad, un nuevo comienzo para expandir el reino de Dios. Pero Jesús es más grande que Noé, porque su redención no es temporal, es eterna, Él es Dios encarnado.

Él perdona los pecados, salva de la muerte eterna, nos da un nuevo comienzo eterno. Así, nuestra misión como remanente vivo de su iglesia en esta pandemia es proclamarle, como dice Pedro, anunciar las virtudes del
que nos salvó.

Muchos han muerto, otros han enfermado en esta pandemia, pero tú estás con vida, eso significa que DIOS SE ACORDÓ DE TI y de los tuyos, eres el remanente de esta pandemia ¿para qué? dar la gloria a Dios, proclamado el
evangelio del Rey Jesucristo, para gloria de Él.

Al final de esta pandemia, la ciencia dará la gloria a las vacunas, los políticos darán la gloria a sus políticas en esta época, los médicos a su profesión y conocimiento ¿y los cristianos? ¡A Dios! ¿cuál debe de ser nuestra respuesta?

III. LA RESPUESTA PIADOSA DE SU REMANENTE A SU SALVADOR

En Génesis 8:20-21 leemos lo primero que hizo Noé al salir del arca: “Y edificó Noé un altar al SEÑOR, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. 21 Y el SEÑOR percibió el aroma agradable…”

Noé adoró a Dios con holocausto. La palabra holocausto que ocupó Moisés (el escritor de Génesis) significa consagración. Esto significa que además de dar gracias a Dios por salvarlo del juicio, Noé comprendió que debía consagrar su vida al propósito de Dios de llenar la tierra con su gloria, de expandir su reino en el mundo nuevo.

Comprendió que esa nueva oportunidad, ese nuevo comienzo en una nueva normalidad era para expandir el  reino de Dios en la tierra. Esto nos enseña a nosotros que, en esta nueva normalidad, nueva realidad y nueva
geopolítica que está comenzando, nuestra respuesta no debe ser el miedo, sino la piedad.

En el nuevo pacto en Jesucristo, fuimos hechos nuevas criaturas, pertenecemos por gracia al reino inaugurado de Dios y tenemos la misión de expandirlo por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo. Así es nuestra misión para los que quedemos vivos después de esta pandemia: volver a la vida piadosa del evangelio y para el evangelio. Debemos volver a hacer las primeras obras, darle sentido a cada área de nuestra vida, a cada esfera de  actividad a través del evangelio y expandir el Reino de Dios.
Para los que no son cristianos, la nueva normalidad será
una oportunidad para hacer nuevos negocios, nuevos
proyectos, nuevas corrupciones, nuevas modas, etc. Para
nosotros, es una nueva oportunidad que Dios nos da para
recuperar su propósito en esta nueva realidad, viviendo
piadosamente.

Nuestra respuesta al gran amor que Dios nos ha mostrado en esta pandemia debería ser, bíblicamente, una vida de piedad, a través de 8 prácticas mínimas que debemos hacer todos los cristianos: congregarnos, alabar a Dios, leer, meditar y creer la Biblia, orar, discipularnos, servir, ofrendar para sostener su iglesia local, predicar el evangelio en todo tiempo, lugar y ocasión.

La nueva normalidad es un nuevo comenzar que Dios te regala después de su juicio mundial, para que como su remanente regreses al compromiso de expandir piadosamente su reino en la tierra.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Has visto la gracia que Dios ha tendido contigo en esta pandemia? ¿Cómo esto te lleva a adorar a Dios?
2. ¿A quién das gloria en medio de esta pandemia? ¿Cómo lo estás haciendo?
3. ¿Cuál será tu respuesta a Dios en esta nueva normalidad: el miedo o la piedad; la queja o el agradecimiento a Dios?
4. ¿Cuál es el compromiso que harás con Dios hoy al comprender que Él se ha acordado de ti?

VERSÍCULO A MEMORIZAR

“Y se acordó Dios de Noé y de todas las bestias y de todo el ganado que estaban con él en el arca; y Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y decrecieron las aguas.” (Génesis 8:1)