Y se acordó Dios de mi – Parte I

RESUMEN DEL SERMÓN

Más de 30 millones de personas han sido afectados en el mundo por el COVID-19, más de 900 mil han muerto. En El Salvador se registran más de 27 mil casos y poco más de 800 muertos. En nuestra iglesia local más de 90 personas han enfermado y 17 han muerto por esta enfermedad.

Esta pandemia quedará en la historia. A lo mejor no por su mortalidad, sino por su fuerte impacto en la vida normal de las personas.

El mundo moderno quedó paralizado por el miedo, el dolor y la angustia, pero tú y yo estamos aquí, entonces es válido preguntarnos ¿por qué estamos con vida? ¿para qué estamos en esta nueva realidad? Para
responder a estas preguntas, en esta ocasión quiero convencerte de que la nueva normalidad es un nuevo comenzar que Dios te regala después de su juicio mundial, para que como su remanente regreses al compromiso de
expandir piadosamente su reino en la tierra. Eso lo haremos a través de la historia del diluvio, que fue la respuesta justa de Dios a la maldad del hombre, pero que a su vez reveló su noble propósito de salvar a un
remanente para que, viviendo en una nueva normalidad, en una creación renovada, expandieran su reino en la tierra.

I. DIOS JUZGA A LA HUMANIDAD

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Uno de los temas principales a lo largo de toda la Biblia es el Reino de Dios, que es el gobierno de Dios sobre su pueblo en el lugar que Él establece.
Este patrón lo vemos en el Edén. Cuando Adán y Eva fueron creados estuvieron bajo la bendición de Dios en el jardín del Edén. Dios les dio la tarea de cultivar y expandir ese jardín, es decir, el prototipo del gobierno o reino de Dios por toda la tierra, en la medida en la que tuvieran hijos. Sin embargo, ellos pecaron perdiendo el jardín y la bendición, es decir, el reino prototípico de Dios se perdió.

Luego, los seres humanos en lugar de llenar la tierra del conocimiento de Dios, la llenaron de maldad y violencia, y la intención de sus corazones era solo hacer el mal, expandir sus propios reinos, no el de Dios.

Por eso Génesis 6:11 dice: Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. La tierra se había corrompido, por lo tanto, Dios decidió actuar: “Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he
aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.” (Génesis 6:13) Es interesante notar que la palabra “destruirlos” que encontramos en el v.13, viene de la misma raíz hebrea de “corrompido” del v.11. Esto muestra que Dios se levanta como juez y varón de guerra contra el ser humano, quién
pagará según la gravedad de su pecado: Así como los seres humanos han arruinado la tierra con su pecado, ahora Dios arruinará la tierra y toda vida como castigo, en proporción al pecado cometido. Pero luego de esta
maldición, Dios le dice a Noé en Génesis 6:14: “Hazte un arca, y en el versículo 18 dice: estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, y contigo tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos.”

Hasta este momento podemos aprender tres cosas de este texto:
a) Las calamidades mundiales como el Diluvio no son accidentes, son juicios de Dios. Sino pensemos en Job y en las calamidades que llegaron a su vida en un solo día.
b) Dios odia el pecado y lo juzga. Lo vemos en la torre de Babel, en Sodoma y Gomorra, con los Israelitas que murieron en el desierto, con la deportación de Israel a Asiria y Babilonia; lo vemos en Jesús en la cruz juzgando al pecado, y lo veremos cuando regrese a juzgar a vivos y muertos, para así consumar su reino eterno con sus elegidos.
c) Pero sus juicios no son para aniquilación, sino para purificar y mostrar su gracia redentora a sus elegidos, es una vindicación de su gloria. El arca funcionaría cómo cápsula de rescate y redención para el remanente de la
raza humana y los animales, para que, si ellos sobrevivían, entonces una nueva realidad sería establecida para que este pequeño remanente
continuara con la misión perdida de expandir el reino de Dios en la tierra.
Dice la escritura que 120 años después de iniciar la construcción del arca, a los 600 años de vida de Noé, el diluvió vino. Las fuentes del abismo se rompieron, la lluvia cayó. 40 días y 40 noches de sufrimiento y miedo en el
mundo. Se oyeron los gritos de angustia y dolor de toda la gente muriendo en ese momento. Todos sus familiares y conocidos murieron.

Nadie pudo salvarse, el agua llegó a todo el mundo. Silencio total en toda la tierra, tal como nos lo dice Génesis 7:22-24: “Todo aquello en cuya nariz había aliento de espíritu de vida, todo lo que había sobre la tierra firme, murió. 23 Exterminó, pues, el SEÑOR todo ser viviente que había sobre la faz de la tierra… sólo quedó Noé y los que estaban con él en el arca.”

Mientras tanto, Noé y su familia estaban dentro del arca.

Luego de esos días, probablemente ellos se preguntaban ¿Cuándo va a acabar? Pasaron los días, 150 días dentro del arca flotando sobre las aguas, a lo mejor surgieron dudas ¿Qué pasará si no logramos salir? ¿Y si se nos acaba la comida? Tal como en nuestros días, en que el tiempo en
que la pandemia transcurre y vienen los miedos y las preguntas: ¿qué sucederá si muero? ¿y si me despiden? ¿y si no encuentran la vacuna?

II. DIOS NO OLVIDA A SU PUEBLO

Es en ese contexto de espera que Génesis 8:1 dice: “Y se acordó Dios de Noé.» Cuando Dios recuerda a alguien es para salvarlo. Esto no quiere decir que Dios se olvidó de Noé. La frase “se acordó”, significa que Dios fue fiel a su promesa previa a Noé, nos enfatiza la fidelidad de Dios a sus promesas, por eso luego dice “y de todas las bestias y de todo el ganado que estaban con él en el arca; y Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y decrecieron las aguas».

Moisés nos lleva a ver la conexión con Adán. Dios está haciendo un nuevo comienzo, una nueva normalidad con Noé. Con el diluvio, Dios llevó a la tierra a su estado original: llena de agua, para una vez más separarlas por el
mismo Espíritu presente en la creación. Es una nueva creación, por lo tanto, Noé es el nuevo Adán en una creación renovada. Dios está haciendo una nueva normalidad para un nuevo comienzo, para que su remanente cumpla su misión original: llenar la tierra de la gloria de Dios, expandir su reino.

El mandato de Dios a Adán fue que se multiplicaran, que llenara la tierra; vemos el mismo mandato a Noé después del diluvio: “Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra…” (Génesis 9:1) Y luego Dios hizo un pacto con Noé diciendo en Génesis 9:11-16: “Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre yo y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones: 13 pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra…16 Cuando el arco esté en las nubes, lo miraré para acordarme del pacto eterno entre