Una respuesta al jobling: la necesidad de estar “fuera” (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

Como tal, está en relación con el reino divino pero no pertenece a él. De hecho, para el hombre estar en el reino divino es ser un /poder perturbar el orden del cosmos/ (al interrumpir la distinción entre el reino humano y el reino divino, al ser “como dioses”) (3:22d).

2.129 Estos valores, cuyas principales características describimos brevemente (dejando fuera muchos detalles por razones de espacio), parecen ser los que configuran el marco semántico en el que el texto del primer nivel narrativo despliega su simbolismo.

2.21 El Sistema Simbólico del Nivel II
Esta tabla debe leerse de abajo hacia arriba a partir de la página siguiente.
Tabla V: El Sistema Simbólico del Nivel II

2.22 El Sistema de Valores del Nivel II
Cuadro VI: El Sistema de Valores del Nivel II

2.22 El conjunto de valores (isotopía) que da unidad y coherencia al sistema simbólico del nivel secundario (cf. Cuadro VI) avala como propia una visión relacional de la existencia humana y denuncia como erróneas diversas visiones monolíticas de la existencia humana. Como tal, esta isotopía desarrolla una de las características de la isotopía del primer nivel. El “poder” (o “falta de poder”) tiene a menudo como predicado “ordenar”, es decir, /poner en relaciones específicas ciertos elementos/.

2.221 Estas dos isotopías se articulan entre sí a través del par de conjuntos de calificaciones 2:10b river(s) vs 2:6b ‘ed. En el contexto de nuestra discusión del primer nivel, hemos visto que esta oposición contradictoria puede representarse en resumen a partir de /diferenciado, y de Eden, poder para ordenar Eretz/ vs /indiferenciado, y de Eretz, poder caótico, es decir, falta. de poder ordenar Eretz/. Además de las características que enfatizan de manera específica /poder/ (los valores generales de la primera isotopía), este par también incluye características específicas que expresan la importancia de las relaciones adecuadas dentro de la creación (la característica de la segunda isotopía).

2.222 El río tiene el poder de ordenar Eretz porque es «del Edén» y «dividido» (en cuatro «cabezas»), mientras que ‘ed carece de tal poder porque es «de Eretz» y una «masa indiferenciada».

2.223 La siguiente oposición contradictoria (2:22d frente a 2:20b) asocia los rasgos semánticos /dividido/ o /relacional/ e /indiferenciado/ o /monolítico/ a visiones de la naturaleza humana. Nótese primero que si los animales y las aves no son ayudantes idóneos para Adán (2:20b) es porque cada uno es un /nephesh viviente totalmente terrenal/, es decir, /hecho solo con adamah/, un valor contradictorio con el valor manifestado por el mujer (parte del conjunto de calificaciones de Y.E. en 2:22d) que está /hecha de la costilla del hombre/ y por lo tanto comparte con Adán su doble naturaleza como /hecha con adamah y el soplo divino/. Esta primera observación, que en sí misma sería bastante tenue, es confirmada por las otras relaciones en las que están involucrados 2:20b y 2:22d.

La doble naturaleza de la mujer (conjunción de lo /divino/ y lo /terrenal/) está asociada con una característica semántica similar manifestada por la naturaleza del poder de Y.E. en 2:22d: un poder que Y.E. comparte con el hombre (que, a través de su nominación, participa en la creación de los animales y de la mujer), es decir, un /poder relacional/ (un poder ejercido en relación con los demás) que es contrario al /poder caótico monolítico/ de el diluvio, un /poder indiferenciado con derecho total/ (cubriendo todo el adamah, 2:6).

Por lo tanto, 2:22d sirve como una primera bisagra entre las dos isotopías al vincular la naturaleza relacional de la existencia humana con la naturaleza relacional del poder de Y.E. Una vez establecido este vínculo, la nueva isotopía puede desplegar su propia red de valores.

2.224 En primer lugar, encontramos que los seres humanos se caracterizan por estar relacionados con lo divino pero no como parte integral de él. En 3:3b (2:16a) la calificación pertinente de Elohim (Y.E.) es su visión del hombre (y la mujer) presupuesta y expresada en su mandato. El hombre tiene su lugar en el jardín; puede comer de todo árbol, pero no es parte integral de él, no debe comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (2:17a), es decir, del “árbol en medio del jardín” (3:3b).

El mandato positivo manifiesta que el hombre y la mujer /pertenecen junto con el jardín (con lo divino)/, mientras que el mandato negativo que les niega el acceso al centro enfatiza que no son parte integral de él. Esta relación positiva con lo divino que es el énfasis principal de 3:3b (2:16a) es contraria a la /relación exclusiva con adamah/ de los animales (seres no humanos) que se encuentra en 2:20b.

2.225 2:17a manifiesta características semánticas similares a las de 3:3b (2:16a) pero con el énfasis opuesto: la visión de que /el hombre no es parte integral del jardín (como terrenal) aunque está relacionado con él/. Tal énfasis pone 2:17a en una relación contradictoria con 2:20b: el hombre como/terrenal aunque no totalmente/vs/totalmente terrenal/ animal.

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