Una respuesta al jobling: la necesidad de estar “fuera” (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

2.123 Así, se definen más las dos características semánticas de /poder de dar vida humana/: dar vida humana implica /dar de uno mismo/; el poder para hacerlo es ante todo una manifestación de la /voluntad/ de hacerlo más que la manifestación de una habilidad (fuerza) esto aparece cuando se nota que el /poder de dar vida humana/ (2:7b) es contradictorio con el /poder de Adán de apropiarse de la vida/ (3:22g). Apropiarse es /no dar/, o más específicamente /no dar de sí/, rasgo que el texto selecciona entre las posibles connotaciones del símbolo “(Y.E.) sopló en sus narices aliento de vida”.

Esta observación ya sugiere que el poder de dar la vida humana está asociado a la /voluntad de darse/ (dar de sí mismo es una cuestión de «voluntad» y no meramente de un «poder»). Es por esta última característica que este valor parece estar en relación contraria con las calificaciones de Y.E. en 2:5c: la ausencia de creación no resulta de una falta de poder, ni de un poder opuesto (nada en esta parte del texto puede ser interpretado con tales connotaciones).

La única calificación limitante es la notación temporal, טרם, un tiempo “antes” del día (apropiado), es decir, un tiempo que no es apropiado, un tiempo en que Y.E. no tiene /ninguna voluntad de crear/, /ninguna voluntad de entregarse/, en contraste con “el día (apropiado)” cuando Y.E. tiene la /voluntad de crear/ (2:4b).

2.124 El /poder de producir vida vegetal/ (2:9a) que involucra la /voluntad/ de hacerlo (en contradicción con 2:5c) se caracteriza además como ser /para otros/. Este rasgo que contrapone 2:9a a 3:22g (/para uno mismo/) se manifiesta simbólicamente en la descripción de la vida vegetal como “agradable a la vista y buena para comer”, lo que deja claro que no es creada por S.M. por su propio bien, sino por el de los demás.

2.125 Considerando la relación de implicaciones entre 2:7b y 2:9a, parece que el /poder de dar vida humana/ involucra la conjunción de lo /divino/ (Y.E. yo) y /adamah/, por lo que la vida humana es por naturaleza tanto /divino/ y /terroso/ mientras que el /poder de producir vida vegetal/ implica meramente el uso de /adamah/, /para otros/, implicando este segundo rasgo (es decir, manifestándose de otra manera) lo /divino/. En cambio, la Eretz por sí misma que simboliza algo sin lo divino en ninguna de sus formas (esta carencia se representa simbólicamente como falta de lluvia) es estéril (2,5c y también 2,5b).

De manera similar, “en el jardín de Edén” que califica el poder negativo de Adán en 3:22g (el /poder de apropiarse de la vida/) debe leerse como simbolizando un /poder basado exclusivamente en lo divino/. Veremos más adelante que la connotación /divino/ o /reino divino/ aparece como un rasgo pertinente del “jardín del Edén” (y del “Edén”) a lo largo de nuestro texto.

2.126 El(los) río(s) (2:10b) manifiesta(n) un /poder para dar orden a Eretz/: su función no es solo regar el jardín sino también dividir Eretz en varias regiones (cf. 2:10–14 , tenga en cuenta la designación repetida «Eretz»). En contradicción con el poder de Adán (3:22g) este poder ordenador se define como salir del Edén (así como del jardín): tiene un origen divino (del Edén) bus es “salir”. Por su relación contraria con 2:10b, la impotencia de Eretz (2:5b) se define simultáneamente una vez más como /no de lo divino/, /no perteneciente al reino divino/ o más específicamente /sin origen especificado/.

2.127 La relación contradictoria de río(s) (2:10b) y ‘ed (2:6b) muestra que este último simboliza (entre otras cosas que se discutirán más adelante) una /falta de poder para dar orden/. Las connotaciones /masa acuosa indivisa/ y por lo tanto /aguas caóticas/ son, por lo tanto, sin duda pertinentes. ‘Ed tiene aquí connotaciones similares al término acadiano correspondiente: “agua de inundación” y no “niebla” (cf. R.S.V.).

2.128 Dado que los querubines (3:24b) manifiestan los valores /poder para ordenar el cosmos/ (es decir, poder para separar el reino humano del reino divino) que se deriva del hecho de que ellos /pertenecen al reino divino/ (una connotación que se muestra pertinente debido a la oposición contradictoria a Eretz, 2:5b), los querubines y ‘ed están en oposición de contrariedad como /poder divino/ vs. /poder caótico/. Sin embargo, este poder caótico no se define como un poder activo (maligno) sino como una doble ausencia de poder: como /falta de poder para ordenar Eretz/ (cf. la relación con 2,10b) y como /falta de poder para hacer a Adamah fértil/ en contraste con el /poder de Adamah para hacer a Adamah fértil/ (3: 23b)—nuestra manera de formular el poder de cultivar Adamah.

El /poder de Adán para hacer a Adamah fértil/ (3:23b) se define como asociado con el hecho de que /el hombre está en su propio reino/ (ya no en el jardín sino con Adamah) en contraste con su contrario /hombre en el reino divino / (en el jardín) la situación de Adán en 3:22d. Tanto a través de la relación de contradicción con el Adán “inexistente” (2:5d) como de la relación de implicación con los querubines (3:24b), el poder de Adán se define además como /que tiene existencia/ como resultado de la voluntad de Y.E. acto creativo, siendo así la conjunción de un elemento divino y de Adamah.

Publicada el
Categorizado como Estudios