Una crítica semiótica: con énfasis en el lugar de la sabiduría de Salomón en la literatura de persuasión (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

En un cuidadoso análisis del enfoque tradicional de la definición a través del árbol Porfirio, Umberto Eco demuestra que este método “explota en un polvo de differentiae”. Porque no hay “árbol bidimensional capaz de representar el mundo, la competencia semántica de una determinada cultura” (Eco: 68). Esta idea aclara por qué la mayoría de los críticos, ya sean antiguos o modernos, no lograron ponerse de acuerdo con respecto a las definiciones y divisiones de los géneros literarios.

El gráfico y el glosario de John Gammie en este volumen ilustran las dificultades al tratar la morfología de los géneros literarios. El criterio de signo no puede basarse en el modelo de definición de equivalencia sino que exige el modelo de inferencia de enciclopedia.

3.3 Un enfoque semiótico de la definición puede ayudar a los lectores a aceptar la variedad de terminología y clasificaciones utilizadas para describir las formas de la literatura epidíctica griega. La larga encuesta de Theodore C. Burgess ilustra la diversidad. Las escuelas filosóficas rivales no solo competían entre sí para establecer una terminología, sino que los miembros de la misma escuela a menudo adoptaban términos de expresión idiosincrásicos dentro de la misma tradición.

Estos oradores se ocupaban con frecuencia de producir exposiciones para ocasiones cívicas o familiares especiales que servían solo para el momento particular. No tuvieron un impacto permanente o atractivo para asegurar su preservación (Burgess: 97). Algunas de las técnicas literarias que emplearon fueron valiosas y reaparecieron en diversas manifestaciones retóricas, de modo que se convirtieron en características de varios géneros literarios. No sorprende que algunas de estas técnicas (como la diatriba, discutida más adelante en S 7) a menudo se llamen géneros.

4 Comprender la contribución e influencia de Aristóteles a la luz de la semiótica

4.1 George Kennedy nos ayuda a poner en perspectiva la vasta empresa de la retórica griega cuando escribe: “El objetivo de Aristóteles al escribir su Retórica no era describir la retórica griega sino describir esta faceta universal de la comunicación humana”, es decir, que la retórica es “un fenómeno universal que está condicionado por el funcionamiento básico de la mente y el corazón humanos y por la naturaleza de toda sociedad humana” (Kennedy, 1984: 10).

El objetivo final del análisis retórico era “el descubrimiento de la intención del autor y de cómo se transmite a través de un texto a una audiencia” (Kennedy, 1984: 12). Muchos intentos en una variedad de niveles, comenzando con el movimiento de la Biblia como literatura, han aplicado principios de la retórica clásica a los escritos bíblicos. Incluso hoy en día, los críticos difieren ampliamente en cuanto a la mejor manera de tratar los libros bíblicos como producciones literarias. Kennedy sugiere dos razones para la falta de consenso: 1) el hecho de que los críticos no toman en cuenta las “tradiciones del habla judía” (Kennedy, 1984: 12); 2) una incapacidad para integrar la «retórica religiosa distintiva» en el enfoque griego y romano.

Porque la suya era una “retórica legal y política que se describe ampliamente en los manuales clásicos sobre el tema” (Kennedy, 1984: 6).

4.2 Siguiendo el ejemplo de Charles S. Peirce, los estudiosos de la semiótica pueden atribuir este segundo fracaso a un cambio de “interpretante” en la escritura religiosa. El cambio de finalidad de la comunicación afecta necesariamente al funcionamiento del lenguaje como sistema de signos y al funcionamiento de sus actos de habla. Peirce repitió la importancia de este concepto de interpretante una y otra vez sin desarrollar nunca una presentación sistemática de la forma en que opera.

Es “o un signo o una expresión o una secuencia de expresiones que traducen expresiones anteriores” y que, “además de traducir el Objeto Inmediato o el contexto del signo, también aumenta nuestra comprensión del mismo” (Eco: 43). Al mostrar cómo los textos abren nuevas vías de comprensión, el interpretante involucra a los lectores en un proceso continuo de interpretación en más de un nivel. El contenido completo del texto como red de actos de habla se actualiza solo en una serie de eventos de interpretación.

4.3 El papel decisivo del interpretante explica por qué Eco ve una “enciclopedia disfrazada” detrás de cada definición de diccionario. Las implicaciones de esta idea son que los comentaristas no pueden contentarse con crear un conjunto de categorías fijas para colocar cada escrito en un casillero ordenado o en un género inalterable. El enfoque dinámico de la semiótica invita a los lectores modernos a aceptar la tensión histórica como condición para un diálogo fructífero con los antiguos clásicos espirituales. De esta forma, la semiótica ofrece nuevas posibilidades para determinar el lugar de la Sabiduría de Salomón en su complejo entorno transcultural.

4.4 Escribiendo a partir de su situación jurídica y política, Aristóteles dividió la retórica en tres partes, determinadas por los tres tipos de audiencias a las que debía instruirse. Estos tres tipos eran: 1) jurídico o forense—para ilustrar a los jueces sobre alguna conducta pasada que necesitaba ser aprobada como legítima o sancionada como ilegal; 2) político—fomentar la deliberación dentro de un grupo competente acerca de apoyar o rechazar algún modo de acción futura sobre el cual tenía autoridad; 3) epidíctico, exhibición o ceremonial: marcar alguna ocasión especial o celebrar un evento o alabar o culpar a alguna persona en ese momento (Aristóteles: 1358bl-28).

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