Un metamodelo para la narración polivalente (Parte 7)

VII

3.3 Juego semiótico

Es el juego de la semiosis el que nos establece la realidad y el mundo y, una vez más, Jacques Derrida (1970) ya lo ha hecho su conjunción bastante explícita. Habiendo definido el juego (260) como “un campo de sustituciones infinitas en el cierre de un conjunto finito”, concluye (264-265) contrastando la visión clasicista con la estructuralista de la realidad.

“Hay, pues, dos interpretaciones de interpretación, de estructura, de signo, de juego libre. El uno busca descifrar, sueña con descifrar, una verdad o un origen libre del juego libre y del orden del signo, y vive como un desterrado la necesidad de la interpretación

El otro, que ya no está vuelto hacia el origen, afirma el juego libre y trata de pasar más allá del hombre y del humanismo, siendo el nombre hombre el nombre de ese ser que, a lo largo de la historia de la metafísica o de la ontoteología, es decir, a través de la historia de toda su historia— ha soñado con la presencia plena, el fundamento tranquilizador, el origen y fin del juego.”

La hermenéutica, al parecer, ha vuelto por fin a sus orígenes etimológicos como acto y don de Hermes. Pero esto es ahora como entonces una hermenéutica lúdica porque Hermes es el embaucador divino. Karl Kerényi nos ha recordado (185) que, “Como cualquier otro embaucador, Hermes también opera fuera de los límites fijos de la costumbre y la ley”. Y esto plantea una pregunta muy inquietante. ¿Es jugar negar el juego? ¿Qué le sucede a nuestra humanidad cuando niega su destino lúdico?

4. Arte

«después de estos movimientos, estos vectores
órdenes entrando y saliendo de órdenes, colisiones
de órdenes, dispersiones, el dominio se debilita,
la mente da vueltas, a falta de la unificación
alcance, corto del calor
para llevar esa forja:
después de las visiones de estas pérdidas, el gastado
vidente, entregado al desperdicio, resucitado
en costillas, consigna el conocimiento a
aproximación, orden al vehículo
de cambio, y anda a tientas ciego en inocencia contundente
hacia el divino y terrible amor».
AR Ammons (1965: 52)

La función del arte es mantener la honestidad de la semiosis, recordarle constantemente que su actividad es más lúdica que mimética, sostener a los sistemas de signos sus propios orígenes en el juego. Y así como la semiosis utiliza todas las unidades posibles que pueden organizarse en convenciones sistémicas, por ejemplo, movimientos, colores, formas, sonidos, palabras, el alcance del arte debe extenderse a través de todas estas áreas.

4.1 El arte como caos

Esta posición puede aclararse en diálogo con la fascinante tesis de Morse Peckham de que Man’s Rage for Chaos es el origen del arte. Frente a (27) “la identificación del arte y el orden, la suposición casi universal de la estética y la crítica y el análisis histórico de los estilos”, Peckham afirma (80) que “el papel principal del artista es proporcionar desorientación estilística”.

La afirmación se elabora en un marco sofisticado de semiótica y teoría de la percepción que explica muy bien la constante creatividad estilística y el cambio en el arte. Por ejemplo (83):
“Lo que el artista construye son campos de signos: al producir dinamismo estilístico, cambia los signos que el perceptor ha estado usando como medio para categorizar el campo perceptivo como una obra de arte”.
O, de nuevo (206):

“la referencia categorial de ‘forma’ artística no es a un rango de configuraciones percibidas en el campo artístico, sino a un rango de expectativas, o conjuntos, o moldes, o modelos en el conjunto u orientación perceptivos. Si esto se puede ver en el trabajo en todas las artes, la justificación de la hipótesis de la desorientación como el carácter definitorio de la percepción artística estará próxima”.

El libro argumenta esta hipótesis de desorientación en detalle para (124) “cuatro tipos de arte: poesía, pintura, arquitectura y música”.

4.2 ¿Caos o juego?

Mi desacuerdo con este libro sumamente estimulante podría resumirse retitulándolo: “La ira del hombre por jugar”. Puedo agudizar esta discusión señalando dos de sus palabras: “mundo” y “caos”. Primero, mundo (92):
“La condición de la vida humana es una continua metamorfosis categorial. Siempre estamos comprometidos en construir a nuestro alrededor una arquitectura de categorías tan fluida y flexible a nuestros intereses como el aire. No hay nada que el hombre no haya sacrificado, incluidos millones de sus semejantes, en el vano esfuerzo de arreglar esa arquitectura, de estabilizar sus categorías.

Pero todo conocimiento, toda ciencia, todo aprendizaje, toda historia, todo pensamiento son inestables, no pueden ser estabilizados, ni siquiera por la majestad de la ley armada con el poder de la fuerza brutal. Porque el ‘pensamiento’ no es más que la actividad de la ‘mente’; el pensamiento no es más que otro término con el que referirse a la variabilidad interpretativa. Ningún lenguaje, ningún sistema de signos, por lo tanto, es isomorfo con el mundo, o puede serlo. Ninguna estructura de signos tiene la misma estructura que el mundo.”

Pero yo insistiría en que “mundo” ya forma parte y por lo tanto ya está dentro de nuestro lenguaje y no podemos hablar de él como si estuviera ahí afuera solo. ¿Qué significa hablar de “la estructura del mundo”?
En segundo lugar, el caos (308-315).