Un metamodelo para la narración polivalente (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

“La percepción es así paradójica. La cosa percibida en sí misma es paradójica; existe sólo en la medida en que alguien puede percibirlo. No puedo ni por un instante imaginar un objeto en sí mismo. Como dijo Berkeley, si trato de imaginar algún lugar del mundo que nunca ha sido visto, el mismo hecho de imaginarlo me hace presente en ese lugar. Por lo tanto, no puedo concebir un perceptible en ese lugar. Por lo tanto, no puedo concebir un lugar perceptible en el que yo mismo no esté presente”.

Y así como el lugar no está fuera de la percepción del perceptor, tampoco lo está el mundo, o la realidad, como la suma total de los mundos. Así John Mepham (125-126):

“Diferentes sociedades, culturas e idiomas construyen diferentes mundos. En la percepción no estamos familiarizados con «el mundo mismo», sino con el mundo como un campo semántico, una serie interminable de «mensajes», un mundo que en sus formas generales me es familiar en virtud del hecho de que tanto yo como él son los productos de la misma cultura.”

Esto significa que ya no podemos imaginarnos jugando con modelos y metáforas dentro de algún claro del bosque de la realidad cuyos árboles sólidos y ramas firmes establecen tanto nuestra seguridad como nuestra limitación. Hemos llegado al punto en el que, como dijo Wallace Stevens, el realista conmocionado ve la realidad por primera vez, o, posiblemente mejor, donde el perceptor conmocionado ve la percepción por primera vez.

1.2 Una metáfora de la metáfora

Los dos primeros artículos del volumen de la Nueva Historia Literaria «Sobre la metáfora» plantean con mucha fuerza esta cuestión de «una metáfora de la metáfora» (Derrida, 1974: 64) o «metáforas para la metáfora» (Sparshott: 85). La pregunta de Sparshott (78) se conecta directamente con las dos citas filosóficas que acabamos de dar.

“Si tuviéramos razón al decir que uno solo puede pensar en una cosa pensando en ella como algo, ¿cómo vamos a pensar en ella en la fase inicial cuando todavía estamos decidiendo cómo pensar en ella?”
Cuando el “como si” (Vaihinger) se expande para llenar el mundo que ya ha creado, la cuestión de un/el metamodelo o una/la megametáfora debe afrontarse y afrontarse con plena conciencia de los aspectos paradójicos de la empresa. Jacques Derrida (1974:18) ha resumido esta paradoja de la manera más sucinta:

“En lugar de aventurarnos aquí en prolegómenos de algunas metafóricas futuras, intentemos más bien reconocer las condiciones que hacen en principio imposible llevar a cabo tal proyecto…. Si quisiéramos concebir y clasificar todas las posibilidades metafóricas de la filosofía, siempre habría al menos una metáfora que sería excluida y quedaría fuera del sistema; aquella, al menos, que se necesitaba para construir el concepto de metáfora, o, para resumir, la metáfora o metáfora.”

Sería muy imprudente ignorar esta paradoja que acosa, o posiblemente fecunda, la búsqueda de un metamodelo hermenéutico, una megametáfora que no sólo permite sino que incluso exige la diversidad exegética vista en la primera sección de este volumen.

1.3 Prueba de Gödel

Lo que realmente ha aparecido en la paradoja de Derrida es la teoría de la incompletud de Kurt Gödel. Aquí hay tres resúmenes de la tesis conocida como Prueba de Gödel. De Nagel y Newman (6): “él demostró que es imposible establecer la consistencia lógica interna de una clase muy grande de sistemas deductivos—la aritmética elemental, por ejemplo, a menos que uno adopte principios de razonamiento tan complejos que su consistencia interna sea tan abierta a la duda como la de los sistemas mismos.”

De Haskell Curry (11): “la consistencia de una teoría suficientemente poderosa no podría establecerse por medios que pudieran formalizarse en la teoría misma”. Y de Robert Chumbley (16): “Una teoría es inconsistente o incapaz de mostrar su propia consistencia”. Y si aceptamos esta afirmación de que los sistemas deductivos no pueden ser a la vez autoconfirmatorios y autoconsistentes, estamos escuchando nuevamente la risa de Bertrand Russell resumida por Anthony Wilden (117):

“La tesis central depende de la teoría de los tipos lógicos de Russell, según la cual existe una discontinuidad entre una clase y sus miembros. La clase no puede ser miembro de sí misma, ni uno de los miembros puede ser la clase, porque el término usado para la clase es de un nivel de abstracción o tipo lógico diferente de los términos usados ​​para los miembros de la clase”.

Todo lo cual presumiblemente estaba implícito en la propuesta original de Derrida de “intentar reconocer las condiciones que hacen en principio imposible” establecer “la metáfora de la metáfora”.

1.4 La permanencia de la paradoja

Dado que tengo toda la intención de profundizar en esta imposibilidad, reconozco inmediatamente una doble disciplina en el proyecto. En primer lugar, buscaré un metamodelo que sea de un tipo lógico superior a los demás posibles para que pueda subsumirlos sin estar él mismo subsumido por ninguno de ellos. En segundo lugar, esperaré que la paradoja inaugural señalada por Derrida, que acepto como un destino para disfrutar más que como una dificultad para evitar, reaparecerá en el metamodelo mismo y estará siempre presente en el corazón o el horizonte de la diligencias enteras.

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