Trayectorias y Rutas Históricas (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

De esta manera puede haber crecimiento, en el que muchos de los nuevos logros del pasado se conviertan en elementos perdurables en sus sucesores. También puede haber descomposición, en la que se pierde más en la transmisión de lo que se agrega. Aunque el mismo Whitehead no señala este punto, la identidad de la persona viva no es una función de la integridad de cualquiera de estas formas. En efecto, cada ocasión crea su propia síntesis de lo que hereda, y en el proceso modifica todos los elementos.

La identidad a través del tiempo se mantiene cuando los sucesores incluyen, transforman y construyen sobre lo que han recibido. Whitehead describe esto como una “ruta histórica de ocasiones vivas” (119), y lo llamaremos una ruta histórica viva.

4.5 Dado que este punto es de particular importancia para el trazado de trayectorias o de rutas históricas vivas, se requieren algunas aclaraciones adicionales. Cuando una comunidad no es vital, puede conservar su identidad como comunidad sólo manteniendo alguna identidad de forma. La repetición asegura que la comunidad sea siempre la misma. Muchas civilizaciones, una vez que han florecido, han recreado las formas alcanzadas y así han mantenido su identidad. No hay duda de que se pueden trazar trayectorias o rutas históricas de este tipo. Pero lo que se traza está necesariamente en decadencia; porque la repetición sin fin es al precio de la intensidad y el entusiasmo que estaban originalmente presentes en lo que se repite.

4.6 Una comunidad vital, en cambio, se orienta más al futuro que al pasado. El pasado es más un recurso para una respuesta nueva y creativa a las oportunidades y desafíos que un patrón para ser reiterado o preservado. La identidad de una comunidad viva se encuentra, por tanto, más en la forma de su cambio que en la conservación invariable de formas particulares.

4.7 Lo que requerimos son formas de discernir cuándo el cambio es la expresión novedosa apropiada de un movimiento vital y cuándo es traición o decadencia. ¿Cuándo es el cambio una continuación de la trayectoria y cuándo es una ruptura con ella? El análisis de Whitehead de una “ruta histórica de ocasiones vivas” nos da una pista de cómo el historiador puede considerar esta cuestión.

Formalmente, la respuesta puede enunciarse de la siguiente manera. El cambio es desarrollo adecuado o crecimiento sano cuando los elementos centrales de la ruta histórica favorecen el surgimiento de formas novedosas capaces a la vez de animar gran parte del contenido de esa ruta y de apropiarse de contribuciones potenciales de otras fuentes. El cambio es traición cuando, en aras de apropiarse de elementos ajenos a la ruta histórica, se cercena o bloquea la contribución continua de esa ruta.

V

5.1 La interpretación del cristianismo primitivo como una multiplicidad de rutas históricas vivas parcialmente independientes e interconectadas allana el camino para la consideración directa de la cuestión normativa. De estas trayectorias, ¿cuáles son responsablemente cristianas? ¿Son todos cristianos en la medida en que pretenden serlo? ¿O debemos aceptar el juicio de la historia sobre quiénes son ortodoxos y cuáles heréticos? ¿O tenemos la posibilidad de hacer nuestro propio juicio, de modo que no nos limitemos a considerar el resultado real en la iglesia actual como la norma final?

5.2 No tengo clara la respuesta de Robinson a estas preguntas. Son difíciles, y cualquier respuesta debe ser, en cierta medida, circular. Los criterios que empleamos para comprender lo que es “cristiano” reflejan las trayectorias en las que nos encontramos. Todavía se puede decir algo, y podemos evitar convertir nuestras creencias particulares en normas para todos los tiempos y lugares.

5.3 Mi enfoque es relativista, pero dentro de esta relatividad tengo fuertes juicios de lo que constituye una fidelidad más completa. Comenzaré con consideraciones mínimas e introduciré otras en lo que considero una escala ascendente. Es decir, los criterios superiores especifican aquellos eventos y movimientos que son más plenamente cristianos.

5.41 En primer lugar, los historiadores y teólogos deben diferenciar el cristianismo de otros movimientos humanos al margen de cualquier juicio de valor. En este sentido, las Cruzadas, la Inquisición, la persecución de las brujas y la oposición a la teoría de la evolución son partes de la historia cristiana. En general, se acepta que los movimientos que se derivan principalmente de Jesús, sus seguidores y/o el Nuevo Testamento son todos parte del cristianismo. Por supuesto, así considerados, los movimientos son más o menos cristianos según la fuerza de estas influencias.

5.42 En segundo lugar, se añade otra dimensión donde existe la intención de ser cristiano. Es cierto que podemos juzgar que lo que se hace en nombre del cristianismo es ignorante y perverso, pero la intención de ser cristianos abre el camino a su corrección. Algunos actos realizados bajo la influencia de Jesús pero sin la intención de ser cristianos son mucho más admirables a los ojos cristianos que muchos hechos conscientemente en el nombre de Cristo. Sin embargo, la intención en sí misma hace más plenamente cristiana la acción.

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