Trayectorias y Rutas Históricas (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Pero más comúnmente, un evento está formado por múltiples factores, de modo que puede ser visto como miembro de más de una ruta histórica. La identificación de trayectorias bien definidas es entonces tanto una cuestión de las preguntas que hacen los historiadores como de los hechos objetivos que investigan. Pero esto no quita su importancia.

3.3 (2) La imagen de las trayectorias de Robinson tampoco destaca los elementos de novedad creativa en los eventos que componen la trayectoria. Quizás el hecho de que las “trayectorias” sean por lo general de fragmentos de materia desalienta el énfasis necesario en los aspectos decisivos de estos eventos. Es demasiado fácil pensar en la trayectoria como determinada exhaustivamente por el ímpetu del pasado y la fuerza del campo a través del cual pasa la entidad. Robinson no pretende esta visión materialista, pero creo que es importante enfatizar que las rutas históricas que traza son autodeterminantes y también causadas externamente.

3.4 (3) Normalmente, en una trayectoria, la causa directa del lugar geométrico en cualquier punto dado se encuentra en el ímpetu transmitido por el punto precedente en la trayectoria junto con el nuevo campo que se ha ingresado. Pero, normativamente, en la mayoría de las trayectorias cristianas, un factor principal en cada período es el reencuentro con los eventos que los originaron, es decir, la lectura de los textos sagrados, la proclamación de su significado y la recreación de los ritos sagrados.

Por lo tanto, además del ímpetu originario de esos eventos, su reconsideración consciente es un factor importante en la formación de la trayectoria. Esto se refleja mejor al considerar una serie de ocasiones que constituyen una ruta histórica, cada una de las cuales tiene en cuenta no solo a los miembros pasados ​​inmediatos de la ruta sino también, en la memoria, a los más lejanos.

3.5 (4) Una ventaja final de la noción de una ruta histórica sobre una trayectoria es que no evoca con tanta fuerza la imagen de un único impulso originario absolutamente decisivo. Permite el reconocimiento de que varias corrientes de eventos pueden haber confluido para constituir la ruta y que, por importante que haya sido un evento pasado particular como un ímpetu distintivo, fue en sí mismo parte de una ruta histórica y no su comienzo absoluto. Creo que esta relativización no va en contra de las intenciones de Robinson.

IV

4.1 Una de las características más atractivas de la imagen de la trayectoria de Robinson es que nos aleja de la cuestión de una esencia autoidéntica del cristianismo. Tal como lo entiendo, la unidad de la trayectoria no se encuentra en una esencia o forma común en todos los puntos a lo largo de la trayectoria. Es decir, no es necesario que podamos enunciar algún carácter común ejemplificado en todas las expresiones históricas que identificamos como pertenecientes a una determinada trayectoria. En cambio, la unidad de la trayectoria es una continuidad causal que permite el cambio.

Lo que sucede en puntos posteriores de la trayectoria se ve profundamente afectado por lo que sucede en puntos anteriores, pero no es simplemente repetitivo. No hay necesidad de que ninguna característica específica de las primeras etapas de la trayectoria se repita sin cambios en etapas posteriores. No tenemos que descubrir una creencia, una forma de vida o un modo de existencia idénticos en todos los puntos de la trayectoria para reconocer su unidad.

4.2 No estoy seguro de hasta qué punto Robinson quiere aceptar este aspecto de lo que tomo como la implicación de su imagen. Parece reacio a abandonar la idea de una esencia del cristianismo. Pero la imagen en sí va en contra de esa forma de pensar y también lo hace gran parte de su análisis detallado. De hecho, estoy convencido de que a medida que los historiadores describen lo que ha ocurrido con mayor y mayor concreción, las diversidades se vuelven cada vez más evidentes y el esfuerzo por rastrear identidades a través de la escena cambiante se vuelve cada vez más cuestionable. Es más fructífero ver cómo los cambios que ocurren en un evento allanan el camino para nuevas situaciones y nuevos problemas que buscar lo que es inmutable en medio de este flujo.

4.3 En este sentido, la discusión general de Whitehead sobre las rutas históricas también es inadecuada. Entiende que las rutas históricas se identifican por alguna forma común transmitida de ocasión en ocasión. Esa forma puede ser más o menos importante en la constitución total de las diversas ocasiones, pero una ocasión en la que está completamente ausente no es, por definición, miembro de esa ruta histórica.

4.4 Para encontrar ayuda en Whitehead para la discusión de una identidad que no se basa en una forma común, debemos volver a su consideración de las ocasiones vivas (cf. 102). Subraya que lo distintivo de la vida es la novedad y que, por lo tanto, las entidades vivientes no constituyen ordinariamente rutas históricas en el sentido descrito. Pero en las personas se alcanza un nuevo tipo de identidad a través del tiempo.

Esta identidad no se logra por la transmisión interminable de una forma particular sino por la canalización de la originalidad: lo que emerge como una respuesta novedosa en una ocasión viva es heredado por su sucesor, que luego es libre de agregar su propia respuesta originaria (cf. Whitehead :107–8).

 

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