Tipología y tradición: reconfigurando la Biblia en El paraíso perdido de Milton (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

El poema busca resolver sin embargo, hay tensión por motivos que revelan el predominio de la nueva época. Para afirmar la importancia crucial de la verdad moral y espiritual, el poema debe aceptar el hecho de que la nueva relación del ser humano con los cielos oculta tal verdad.

Uno no podrá leer el Libro de la Naturaleza según la vieja hermenéutica por mucho más tiempo. Además, cuando el ángel afirma la importancia crucial de la verdad moral y espiritual al decirle a Adán que, en cualquier caso, no es la Tierra sino él, el habitante de la Tierra, el centro del mundo, cambia sutilmente el lugar del ser humano dentro del mundo. Entero.

Al final del Paradiso, Dante había aprendido que la verdad del cosmos geocéntrico era una verdad limitada, mediata; en el centro y en la circunferencia, en última instancia, está Dios. El ser humano afirmado por Rafael en el curso de la conservación de la antigua verdad sobre el Libro de la Naturaleza, por lo tanto, está íntimamente relacionado con el ser humano que afirmará su autoconciencia como indubitable, interiorizará los reinos de la verdad moral y espiritual, y buscará para ejercer su dominio sobre el mundo físico que existe.

El impacto de la época emergente del Ser, entonces, se puede discernir en la comprensión implícita del signo, el yo y el mundo de Paradise Lost. ¿Qué efecto tiene esta nueva época sobre los esfuerzos del poema por reconfigurar la narración bíblica? ¿Qué diferencias específicas caracterizan su presentación de lo Mismo?
Dios mismo nos dice por qué se debe contar la historia. En el Libro 11, cuando le encarga a Miguel que “expulse a la pareja pecadora” del Paraíso, añade lo siguiente:

Si con paciencia obedecen tus mandatos,
No los despidas desconsolados; revelar
a Adán lo que vendrá en los días futuros,
Como te iluminaré, entremezcla
Mi Pacto en la simiente de la mujer renovado;
Envíalos, pues, aunque afligidos, pero en paz.
(11.104–05; 112–17)

Este poema épico ha vuelto al Principio para dar cuenta genética del predicamento que es la historia. Sin embargo, a pesar de sus energías imaginativas y especulativas sin precedentes, ha llegado a notas “trágicas” (9.6) que amenazan con condenar la historia como un ámbito en el que todas las posibilidades se perdieron desde el principio. Sin embargo, si los primeros humanos finalmente pueden obedecer pacientemente, se les contará una historia que les otorgará algo de paz en medio de su dolor.

La historia de la historia debe ser escuchada si los humanos van a habitar la historia con esperanza. El Fin de la historia debe hacerse presente a sus orígenes; de lo contrario, esos orígenes serán también el punto de cierre de la historia.

¿Qué en la historia como reconfigurada finalmente ofrece tal esperanza? Una vez más, resulta útil un contraste con la Comedia. En el poema de Dante la estructura tipológica esencial la entonan los espíritus que llegan a las orillas del monte Purgatorio: «In exitu Israel de Aegypto» (2,46). Cuando Israel, guiado por Yahweh, hizo su éxodo de la esclavitud en Egipto; cuando el género humano, en la muerte y resurrección de Cristo, hizo su éxodo de la esclavitud del pecado y de la muerte; cuando Dante, durante la temporada de Pascua de 1300 EC, hizo su éxodo, por la gracia de Dios, del «bosque oscuro». No se intenta recapitular la diversidad empírica de la narración bíblica. La verdad esencial de la historia figura en el tipo del Éxodo, y la narración de Dante cuenta la historia de su participación en esa verdad.

La estructura dominante de la Comedia puede imaginarse, entonces, como una curva en forma de cómic: Dante desciende a los infiernos para luego ascender al monte Purgatorio y ascender al Paraíso. Sin embargo, en el relato de Michael, la narración bíblica está marcada por la repetición de un patrón de altibajos, uno que corresponde bien a lo que Northrop Frye llama el elemento «maníaco-depresivo» en la Biblia (1982: 171, 176).

Para escuchar el consuelo que la historia finalmente tiene para ofrecerle, Adam debe soportar una historia en la que a sus hijos se les ofrece repetidamente la promesa de la libertad y recrean repetidamente su caída. Incluso el clímax de la narración en el Nuevo Testamento, la prometida renovación de la “simiente de la mujer” (11.116) que ocurre cuando “Dios se une al hombre”, es seguida por una época en la que “lobos rapaces” suceden a los maestros apostólicos, profanan el “sagrado misterios del cielo”, constriñen “al propio Espíritu de la Gracia” y “atan / Su consorte la Libertad” (12.508–26). “Así seguirá el mundo”, concluye el ángel, hasta el “regreso / de aquel que tan recientemente se te prometió en tu ayuda, / la simiente de la mujer”. Él debería
disolver

Satán con su Mundo pervertido, entonces levanta
de la masa conflagrante, purgada y refinada,
Nuevos cielos, nueva tierra, eras de fechas interminables
Fundado en la justicia y la paz y el amor,
Para producir frutos Alegría y Bienaventuranza eterna.
(12.537–51)

La “paz” que Adán encontrará en la historia del ángel se basa en última instancia en esta promesa de transformación apocalíptica. De ahí la conmovedora ironía de la exclamación del narrador al comienzo del Libro 4, el libro en el que nos presenta por primera vez a Adán y su Paraíso:
Oh, por esa voz de advertencia, que el que vio
Th’ Apocalypse, escuchó gritar en el cielo en voz alta

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