Temas importantes: Nunca un hombre llegó al cielo por la ley (Parte 1) (Gálatas 2:21) – Sermón Bíblico

I

«Si la justicia viene por la ley, entonces Cristo murió en vano.» (Gálatas 2:21)

No frustro la gracia de Dios, porque si la justicia viene por la ley, entonces Cristo murió en vano. Las cosas más sagradas que se nos revelan en la palabra de Dios son estas dos: la gracia de Dios y la muerte de Cristo; y están unidos muy juntos; son dos cosas que todos los que tienen una mente para ser salvos deben tener constantemente en su ojo: la gracia de Dios y la muerte de Cristo: y sin embargo, no son pocos los que desprecian ambas; que frustran lo uno y hacen lo otro en vano: y esta acusación que el apóstol atribuye a un error, por el cual está reprendiendo a las iglesias de Galacia, y que fue su búsqueda de la justicia por la ley, y las obras de ella. He hablado a estas palabras, como que contienen dos fuertes argumentos en contra de buscar la justicia por las obras de la ley.

1º, Que así se frustra la gracia de Dios. 2°, que por esto la muerte de Cristo se hace vana; en cuanto la maldad del hombre puede hacer lo uno o lo otro.

Sobre este segundo argumento fui la última vez, y hablé algo con cuatro notas que saqué de él; dos de ellos negativos, y dos de ellos positivos.

1º, Que no hay justicia, para el que justifica al pecador, que pueda venir por la ley. Nunca un hombre llegó al cielo por la ley: nunca un hombre llegó al cielo por sus propias buenas obras. Todos van al infierno por sus propias malas acciones; pero nadie, desde que el pecado entró en el mundo, subió jamás al cielo por sus propias buenas obras. Eso lo demostré.

En segundo lugar, el otro aspecto negativo contenido aquí es que Cristo no murió en vano: porque el apóstol ciertamente da a entender que no murió en vano, cuando agrava el pecado de buscar la justicia por la ley, al inferir un absurdo tan horrible. ; porque él está señalando la atrocidad de este pecado en colores muy terribles, con el propósito de hacerlo odiar.

Las dos verdades positivas contenidas aquí son estas:
(1.) Si hubiera alguna justicia que pudiera venir por la ley, la muerte de Cristo sería en vano. Cristo hubiera muerto en vano, si algún hombre hubiera podido ser aceptado ante Dios, sin la virtud de su muerte. La virtud de la muerte de Cristo fue de eficacia para hacer a los hombres aceptables ante Dios, aun antes de que él viniera al mundo. Los padres, que murieron antes de que Cristo viniera, fueron salvos por la misma fe por la que los creyentes en Cristo fueron salvos después de su venida. Así dice el apóstol, Hechos 15:11. Pero creemos, que por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, seremos salvos, así como ellos; comparando el Antiguo Testamento y la dispensación del Nuevo Testamento juntos.

(2.) El segundo positivo fue este, que hacer que la muerte de Cristo fuera en vano, fue un pecado grande y horrible. Ya os lo dije, era imposible hacerla vana realmente, o entorpecer alguno de sus excelentes frutos. Así como nadie pudo impedir las sólidas causas de ella, así nadie puede impedir el fuerte fruto de ella: el fruto de la muerte de Cristo está completamente fuera del alcance de los hombres o los demonios. Cuando nuestro Señor estaba en su estado humillado, el diablo podía, con permiso, llevar su cuerpo hasta el pináculo del templo: pero no tenía poder para hacerle daño.

Cuando estaba en este mundo, un discípulo malvado lo traicionó, y los demás lo abandonaron cobardemente; sus enemigos prevalecieron contra él en la hora y poder de las tinieblas, y le quitaron la vida; pero por el fruto y la virtud de su muerte, que se aloja más alto de lo que el hombre puede alcanzar: sin embargo, los hombres pueden hacer que la muerte de Cristo sea en vano.

1°, A sí mismos.—La pobre criatura que no tiene fe en Cristo, no recibe más bien de Él que si Cristo nunca hubiera muerto, o si la muerte de Cristo hubiera sido en vano; que si nunca hubiera muerto, o hubiera muerto en vano.

En segundo lugar, Dios siempre contará con los hombres según su designio al pecar. Todo pecado es una transgresión de la ley de Dios; pero, sin embargo, la ley de Dios no será quebrantada, sino que quebrantará a todos los que la quebrantan: el pecado es contado y acusado como una deshonra de Dios; y, sin embargo, el honor del Señor avanza en la ruina del pecador.

Procedo ahora a mostrarles lo terrible de este pecado, de hacer cualquier cosa que tenga la tendencia de hacer que la muerte de Cristo sea en vano. Quisiera, primero, agravar este pecado en sus justas medidas; y, en segundo lugar, vaya a la Aplicación, y muestre cuán común es este pecado.—Es un gran pecado hacer en vano la muerte de Cristo, en la forma en que es practicable; y en ese sentido que el apóstol aquí quiere decir.

1º, Consideremos a Dios; siempre que tomemos la medida justa de cualquier pecado, debemos tomarla con respecto a Dios. Este es el gran agravante de todo pecado, que es contra Dios. Cuando David está confesando, con profundo remordimiento, sus viles pecados de adulterio y asesinato, que eran pecados contra su prójimo; Contra ti, contra ti solo he pecado, dice él, y he hecho este mal delante de tus ojos, Sal. 51:4.

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