Sobre la noción de género en “Parábola y relato ejemplar: una aproximación literario-estructuralista” de vía (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Para repetir, las audiencias no han podido decodificar las oraciones estructuradas de Jesús, pero también las estructuras supra-orales que diferenciaban las “parábolas” de los proverbios, acertijos, profecías, etc., todas las cuales eran opciones dentro de su(s) sistema(s) cultural(es).

Como sugeriré más adelante, los críticos de la forma han proporcionado algunos criterios para hablar de tales estructuras supraorales, y también lo han hecho los folcloristas. De hecho, parecería que el estructuralismo folclórico en este punto tiene más que ofrecernos que el estructuralismo literario, ya que los folcloristas, como los críticos de las formas, se ocupan de pequeñas expresiones originalmente orales.

2.2 Si pensamos en los géneros como medios culturales compartidos, se derivan una serie de consecuencias para la genética generativa de Via.

2.21 La primera consecuencia tiene que ver con la relación entre una tipología de las declaraciones de Jesús y una tipología genérica. Estoy de acuerdo con Via en que, al identificar géneros analíticamente, es metodológicamente necesario comenzar inductivamente con narraciones reales (representaciones de texto) e indagar en sus estructuras superficiales, ya sea que trabajemos con textos simples como narraciones parabólicas y cuentos de hadas, o con textos complejos como cartas. o los llamados “evangelios” (sobre los cuales ver la sección 3ff., más abajo).

Estoy de acuerdo en que al identificar las propiedades formales y estructurales que un determinado grupo de textos comparte como diferencia de otros grupos de textos, podemos postular una «matriz» estructural (modelo) que es «más profunda» que la estructura superficial de cualquier texto dado en Un grupo. Dentro de un mismo texto, y con la ayuda de otros textos, podemos percibir tanto estructuras compositivas (superficiales) como genéricas.

Este punto, por supuesto, es tan crítico para el estudio de una carta o un “evangelio” como un texto completo como lo es para la exégesis de una parábola. Debería ser un punto fundamental en cualquier programa futuro de crítica literaria bíblica.

2.22 Con Via también identificaría la dimensión estructural más profunda como la dimensión del género. Pero contra él insistiría en que el grupo de textos con el que comenzamos debe incluir ejemplos de personas distintas a Jesús. Si no es así, todo lo que podemos reconstruir a partir de nuestro corpus es una tipología de las declaraciones de Jesús, no de los géneros que Jesús compartió con otros en su comunidad lingüística. (El mismo principio se aplica en el estudio de la carta paulina en relación con la epistolografía grecorromana o semítica.)

Al menos en el presente artículo de Via (y como un rasgo distintivo en relación con la mayoría de los otros estudios de parábolas que he leído), se han establecido criterios solo para una tipología de las declaraciones de Jesús, pero no para un género llamado parábola, y ciertamente no para un género: “parábola de Jesús”. Si los géneros son medios compartidos, no puede haber tal cosa como un género: la parábola de Jesús.

2.23 Claramente, Via puede redimir su argumento simplemente eliminando la palabra «género» cuando quiere decir «tipo de expresión de Jesús». Por otra parte, si los géneros son medios compartidos, esta maniobra no ayuda al estudioso de la parábola en cuanto género; apenas ha comenzado su trabajo.

2.3 La segunda consecuencia de ver los géneros como medios sugiere que, después de todo, Via no habrá redimido su argumento si sólo sustituye una frase por otra. La noción de géneros como medios causa estragos en su stemma genético generativo (diagrama 1) y cuestiona el modelo gramatical dentro del cual enmarca su argumento. Aquí veo dos problemas fundamentales.

2.31 El más simple de los problemas es el uso que hace Via de la palabra “generar”. Cuando dice, siguiendo a los gramáticos transformacional-generativos (en adelante, TG) y algunos poéticos generativos, que la estructura de base profunda genera géneros y textos, o que las estructuras genéricas generan textos, incurre en la misma falacia perpetrada por aquellos críticos-forma que hablan de tradiciones como “productos comunitarios”. De hecho, «estructura» es una elección de sujeto tan pobre para el verbo «generar» como lo es «comunidad» para los verbos de hablar o escribir.

Las personas, dice el descargo de responsabilidad, generan y comunican enunciados, no comunidades, géneros, matrices o estructuras. Sin embargo, lo que es más importante, la noción de generatividad está ligada a la descripción gramatical de tal manera que prácticamente impide la comprensión de los géneros como medios. Se debe prestar atención a Chomsky, por ejemplo, cuando dice que “la gramática del inglés genera descripciones estructurales para las oraciones que ahora estoy hablando” (Chomsky, 1968/1972: 104).

Es decir, un hablante sigue, conscientemente o no, el código lingüístico de su comunidad al generar enunciados, mientras que un gramático crea una gramática que genera, cuando se activa, descripciones estructurales de las reglas implícitas que siguen los hablantes nativos. De hecho, estas reglas son el producto de la gramática y la teoría en la que se basa.

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