Sobre la noción de género en “Parábola y relato ejemplar: una aproximación literario-estructuralista” de vía (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

2. Crítica

2.1 Mi crítica es que si Via tiene razón, que «hay un género: una parábola narrativa de Jesús», entonces Jesús estaba hablando en un idiolecto completamente privado que solo un analista estructuralista podría pretender comprender. Dado que Via presumiblemente no cree esto más que yo, la pregunta es: ¿he entendido mal a Via o se ha perdido algo en su tratamiento del género?

2.11 creo que el problema surge con la idea de que los géneros pueden reconstruirse a partir de los enunciados o textos producidos por un solo individuo. Sin duda, podemos deducir tentativamente la naturaleza de un género a partir de datos tan limitados, del mismo modo que podemos deducir los rasgos lingüísticos y semánticos de una lengua previamente desconocida a partir de un solo texto, una vez que hemos descifrado su código lingüístico y semántico (cf. B lineal, la piedra de Rosetta, etc.). Sin embargo, cuando hacemos tales avances lingüísticos concluimos que la lengua era la lengua de una comunidad lingüística y no meramente la del escritor. Así también, debo argumentar, con los géneros.

2.12 Para desentrañar este punto, permítanme comenzar enunciando una proposición que la mayoría de los críticos suscribirían de una forma u otra, con sutilezas sobre los detalles, sin duda, pero con acuerdo en principio: los géneros son medios culturales (elementos codales o convenciones ) que funcionan en niveles de competencia lingüística más allá del alcance de la oración, es decir, supra-sentencialmente, dentro de cada comunidad lingüística (cf., por ejemplo, Hirsch; Hendricks, 1967-1973; Jakobson y Wellek, 1960; Ben-Amos; Guillén ; Doty, 1972; Pavel; etc.).

2.13 Dado que Via se ha referido a Todorov, lo siguiente del reciente artículo del diccionario de Todorov sobre el género (Ducrot y Todorov, 1972) es relevante para mi propuesta y para lo que deseo hacer con ella: “Les genders forment, à l’interior de chaque période, un système; ils ne peuvent se défenir que dans leur Relations mutuelles” (195). Así, los géneros no son sólo elementos codales dentro de un sistema culturalmente específico, sino que deben distinguirse unos de otros por sus características estructurales: “L’étude des genders doit se faire à partir des caractéristiques estructurales…” (193).

Pero Todorov también va más allá en este ensayo y argumenta que la palabra género debe usarse para describir las entidades estructurales a las que se llega inductivamente a partir de los textos, mientras que tipo debe usarse para referirse a las entidades deductivas que se postulan dentro de una teoría del discurso literario (193). cf. Ben-Amos para una distinción paralela entre categorías analíticas, es decir, los tipos de Todorov y los “géneros étnicos”). Tanto los tipos como los géneros son entidades estructuradas, pero se llega a los primeros de manera deductiva y a los segundos de manera inductiva.

Como indicaré más adelante (2.54–2.57), la noción de paradigma está estrechamente asociada con el primero (como en Lévi-Strauss) mientras que la noción de sintagma está estrechamente asociada con el segundo (como en V. I. Propp)4. Sea como fuere por el momento, aunque Todorov no habla de estructuras supraorales, claramente concibe los géneros como constituyentes de un sistema cultural compartido y con propiedades estructurales.

Además, cuando habla de patrones estructurales en la obra de un solo autor, como lo hace en relación con el Decamerón, se refiere específicamente a la estructura de la trama, no a la estructura genérica (cf. Todorov, 1969). Por lo tanto, al limitarse a la narrativa de Jesús, Via parece estar más cerca de la noción de trama de Todorov que de su noción de género.

Este juicio se ve reforzado por el hecho de que Greimas, cuyo modelo actantiel toma prestado Via, distinguía claramente entre estructura narrativa y género: “Las estructuras narrativas no deben confundirse con los llamados ‘géneros literarios’ (por ejemplo, la misma narrativa estructura se puede encontrar en una novela o una obra de teatro)” (Greimas, 1971:793). De hecho, debido a que está interesado en la gramática narrativa, Greimas prácticamente no se preocupa por la cuestión del género; y este hecho plantea interrogantes sobre el uso de su modelo actantiel al tratar con géneros. Via no se ha ocupado de este problema (ni tampoco Crossan y Patte en sus próximos artículos en Semeia 2, 1974)5.

2.14 Por lo tanto, y suponiendo que mi proposición sea aceptable, parece que Via ha confundido las cosas al leer su tipología de las declaraciones de Jesús, sobre las que no tengo reparos inmediatos, como una tipología genérica. En esto, creo, se equivoca. Simplemente, si Jesús hubiera comunicado algo a sus audiencias además de su virtuosismo genéricamente idiolectal (¿al estilo de Marcos 4:10-12?), la audiencia tendría que haber comprendido en algún nivel de conciencia su código genérico y lingüístico.

Podrían haber entendido palabras, oraciones y argumentos, pero no podrían haber entendido el tipo, es decir, el género, de expresión que emitió Jesús. Sin una clave genérica, podríamos preguntarnos, ¿cómo podrían diferenciar entre una “parábola”, un proverbio y un acertijo? ¿O, como en el caso de los Evangelios, entre biografía, historiografía, hagiografía u otra cosa? (N. B: La historia de las tradiciones de Jesús refleja fallas en la comunicación, o incluso nuevas comunicaciones, cuando se transmitieron de una comunidad lingüística a otra; es decir, fueron interpretadas de manera diferente por audiencias con diferentes expectativas codales. Cf. los puntos de vista cambiantes de historias de milagros y la adición de interpretaciones alegóricas a las parábolas en el proceso de traducción cultural a través del cual pasaron las tradiciones de Jesús.)

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