Sistemas simbólicos e interpretación de las Escrituras: una introducción a la obra de Paul Ricoeur (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Se vio empujado al corazón del problema hermenéutico, el problema de la interpretación. Del primer horizonte, pues, de un método fenomenológico al estilo de Husserl, y de una meditación sobre el misterio y la paradoja estimulada por Marcel y Jaspers, había crecido el segundo horizonte de una filosofía de la voluntad; ahora el estímulo del lenguaje simbólico como necesario para expresar la falta amplía aún más el horizonte de lo que podemos llamar una hermenéutica creciente.

1.3 Una hermenéutica en crecimiento: hacia una teoría general de la interpretación

Lo que necesitamos es una interpretación que respete el enigma original de los símbolos, que se deje enseñar por ellos, pero que, a partir de ahí, promueva el sentido, forme el sentido en la plena responsabilidad del pensamiento autónomo. (1967a:349-50)

Dado que los símbolos siempre han sido y ahora son parte de la experiencia del hombre, la interpretación siempre es necesaria. Ahora, sin embargo, la hermenéutica moderna puede aprovechar el pensamiento crítico; esto no debería aumentar la alienación del hombre, sino que debería permitirle apropiarse del significado, hacerlo más propio de una manera que hasta ahora no era posible. Como hijos de la crítica, los hombres deben poder, por medio de la crítica, ir más allá de ella, no para tener menos sentido, sino para tener más, es decir, trabajar por una hermenéutica que restablezca el sentido.

Creer está integralmente relacionado con interpretar.

Tal reconocimiento del papel esencial jugado por la hermenéutica en la comprensión de la experiencia humana dictó la dirección del trabajo publicado en 1965 como Freud y la Filosofía. Aunque tal vez menos atractivo para un público comprador, el título francés indica más claramente el lugar del libro en la empresa total de Ricoeur: lo llamó Sobre la interpretación.

Es aquí donde describe su descubrimiento de que hay dos tipos de hermenéutica, una reductiva: la hermenéutica de la sospecha como las de Freud, Marx y Nietzche; el otro restaurativo: avanzar hacia un recuerdo del significado original del símbolo.

La hermenéutica bíblica tradicional pertenecería más a este segundo tipo mientras que algunos aspectos de la crítica histórica bíblica serían la hermenéutica de la sospecha, el primer tipo. Debido a estos impulsos contradictorios, el área de la hermenéutica es un campo de batalla.

Ricoeur vio su problema como el de buscar, no sólo comprender estos dos enfoques, sino también vincular sus dinámicas al pasar de una primera ingenuidad precrítica a una ingenuidad poscrítica, es decir, al tránsito hacia el autoconocimiento que “ es una lucha por la verdad por medio de este concurso interno entre la interpretación reduccionista y la recordativa” (1973: 92).

Ricoeur había llegado a descubrir que el hombre sólo puede comprender su propia existencia, sólo puede comprenderse a sí mismo, a través de los signos —personales y culturales— dispersos en el mundo, y sólo comprende en la medida en que interpreta estos signos. Para 1967 Ricoeur definiría interpretación como “el discernimiento de un sentido oculto en un sentido aparente”, y calificaría de hermenéutica toda disciplina “que procede por interpretación” (1969:260).

La conexión integral entre hermenéutica y autocomprensión se mantiene siempre a la vista: “en la hermenéutica reflexiva la constitución del yo y la del significado son contemporáneas” (1971b: 145). La constitución del yo es una frase fuerte; debe tomarse por su valor total.

El hombre sólo se convierte en sí mismo en la medida en que construye sentido, y sólo construye sentido a través de la interpretación de los signos en el mundo.

A medida que Ricoeur amplió su comprensión de la hermenéutica, gradualmente se dio cuenta de que el lenguaje de la confesión, el lenguaje mítico y el lenguaje del significado del deseo de la interpretación freudiana son solo partes del problema más amplio del lenguaje mismo. ¿Cómo evolucionó esta realización?

1.4 La plenitud del lenguaje

Una ampliación gradual de la perspectiva ha descrito hasta ahora tres horizontes en el desarrollo de la obra de Ricoeur: un primer horizonte de su temprana orientación formado por su estudio de Husserl, Marcel y Jaspers; un segundo horizonte de la proyectada filosofía de la voluntad; y un tercio de una hermenéutica creciente. Esto nos lleva al cuarto horizonte de la plenitud del lenguaje.

Me parece que hoy existe un área en la que todas las investigaciones filosóficas se entrecruzan: el área del lenguaje. El lenguaje es el lugar de encuentro común de las investigaciones de Wittgenstein, la filosofía lingüística inglesa, la fenomenología que parte de Husserl, la investigación de Heidegger, los trabajos de la escuela bultmanniana y de las demás escuelas de exégesis del Nuevo Testamento, los trabajos de historia comparada de la religión y de la la antropología sobre el mito, el ritual y la creencia, y finalmente el psicoanálisis. Hoy estamos en la búsqueda de una filosofía comprensiva del lenguaje que dé cuenta de las múltiples funciones del acto humano de significar y de sus interrelaciones. (1970:3)

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