Reflexiones sobre dos evangelios extracanónicos (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Mi respuesta se limita a los artículos de Arthur J. Dewey y Marvin W. Meyer que proponen análisis de redacción alternativos para el Evangelio de Pedro y el Evangelio secreto de Marcos que los sugeridos en mi propio trabajo. Tales debates tan necesarios no deberían oscurecer el hecho de que estamos en un acuerdo fundamental sobre la importancia de estos dos escritos extracanónicos para la génesis misma de los evangelios intracanónicos. También enfatizo que considero nuestras oposiciones como delicados equilibrios de plausibilidades. Lo que es más importante, en cualquier caso, es tener varias hipótesis claras e incluso audaces que luego puedan ser probadas por otros tanto interna como externamente.

La inocencia vindicada en el Evangelio de Pedro y en Marcos

Arthur Dewey y yo estamos de acuerdo en ciertas conclusiones importantes con respecto al Evangelio de Pedro y son lo suficientemente vitales como para subrayarlas inicialmente para que los desacuerdos posteriores amortiguen su impacto. Las últimas oraciones de su Resumen concluyen: “Pero lo más significativo de todo es la posibilidad de que la etapa más temprana de Gos. Mascota. contiene en sí las semillas genéricas de las narrativas pasionales subsiguientes. En la etapa más temprana no tenemos un mero informe histórico; por el contrario, tenemos un intento imaginativo de discernir la Sabiduría de Dios.”

Si esos resultados fueran aceptados académicamente y explicados públicamente, harían mucho para remediar los últimos capítulos de los evangelios que, cuando se toman literal e históricamente, sirven tanto para difamar al judaísmo como para trivializar el cristianismo.

Enfoco la discusión en un punto importante donde una decisión de una forma u otra afectará todo lo demás y donde podría ser posible llegar a algún consenso. Estamos de acuerdo en que la capa original del Evangelio de Pedro está genéricamente controlada y desarrollada a través del relato tradicional judío del justo vindicado. También estamos de acuerdo en que el análisis de George W. E. Nickelsburg, Jr. de esa tradición es fundamental para entender su uso en el Evangelio de Pedro. Pero básicamente no estamos de acuerdo con el contenido de esa capa original, como se resume en la Tabla 1:

tabla 1

Unidades Narrativas
Capas (Crossan)
Capas (Dewey)
Pasión
= Yo [1.1–2 y 2.5b–6.22]
= Yo [2.5c–5.15a; 5.16–6.21; 8.28b]
Tumba custodiada
= Yo [7.25 y 8.28–9.34]
= II [8.28a; 8.29b–9.34]
Resurrección
= I [9.35–10.42 y 11.45–49]
= II [9,35–37; 10.39b–40; 11.45]

Para mí, esas tres unidades narrativas de Pasión, Tumba guardada y Resurrección forman una sola capa compositiva controlada por la narrativa tradicional de la inocencia reivindicada y constituyen la capa original del Evangelio de Pedro (= I). Para Dewey, solo la unidad Passion está en esa posición (= I), mientras que las unidades Guarded Tomb y Resurrection forman una capa secundaria (= II) que contiene una historia de epifanía. La cuestión que se debate es, por lo tanto, bastante específica: si se acepta el modelo controlador de la historia de la inocencia reivindicada, ¿cuál de esos complejos es la capa original más probable basada en él?
Dos modos de inocencia vindicada

Hay que hacer una distinción muy básica dentro del tema del inocente vindicado entre una vindicación antes de la muerte aquí en la tierra y una vindicación después de la muerte en el cielo. Es ese escenario anterior el que aparece en Génesis 37–50, Ahikar, Ester, Daniel 3 y 6, Susana y 3 Macabeos. Son precisamente esos escritos los que nos dan no solo un tema sino una trama, no solo una afirmación sino una secuencia narrativa.

Y en esa secuencia los vindicados son restaurados en presencia de esos mismos enemigos que buscaban su muerte. Hago hincapié en ese punto: en este modo, la vindicación tiene lugar visiblemente aquí en la tierra visible. En el último escenario, por ejemplo, en 2 Macabeos 7 y Sabiduría 2-5, los inocentes en realidad son condenados a muerte y la vindicación se afirma en forma de promesa y amenaza para el más allá. Dicho sin rodeos: en Daniel 3 y 6 tenemos milagros, en 2 Macabeos 7 tenemos mártires. En aras de la brevedad, llamo a esos modos gemelos vindicación del milagro y vindicación del mártir.

Se deben señalar tres puntos acerca de esos modos. Primero, solo tenemos una historia completa con cierre narrativo normal en el caso de vindicación milagrosa. Dado que la vindicación del mártir supone alguna consumación sobrenatural, en realidad no tenemos ninguna narrativa sobre la inocencia reivindicada, sino solo el tema transfigurado por la creencia en una vida después de la muerte y afirmado frente a la muerte. En segundo lugar, los ejemplos de vindicación de milagros de Nickelsburg superan en número a sus ejemplos de mártires por siete a dos y eso nos recuerda que los primeros fueron históricamente los primeros casos.

Estos últimos solo eran posibles con la creencia en una vida después de la muerte. Por supuesto, no quiero decir que toda reivindicación milagrosa deba ser anterior a toda reivindicación mártir, sino simplemente que, en términos del desarrollo subgenérico, el primer modo es anterior al segundo. Tercero, y suponiendo esa secuencia subgenérica, uno bien podría preguntarse si la vindicación del mártir no fue deliberadamente pensada como un correctivo teológico a la vindicación del milagro.

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