«¿Qué has venido a ver?» Caracterizaciones de Juan y Jesús en los Evangelios (Parte 14) – Estudio Bíblico

XIV

Este modo de representación es un ejercicio de especulación sapiencial (cf. Sab 7,27; y ver Suggs, 1970: 33-55), que veía en la historia de Israel el precedente negativo de la tradición de Jesús, cuyos fundadores y miembros serán reivindicados como los profetas, a pesar de su rechazo por parte de “esta generación” (cf. 6:22–23; 7:9; 11:47, 49–51; 13:34–35; 16:16; y ver Steck, 1967; Jacobson, 1982: 383–89; Mack, 1988a: 616 , 625, 628, 630–32). El significado de la justificación de repente comienza a emerger. La forma en que uno se para en relación con la vindicación de Jesús hace toda la diferencia para esta etapa de Q.

El dicho atribuido a Jesús (introducido con λέγω ὑμῖν, “Yo os digo”) en 7:28 proporciona la segunda declaración de una autoridad. El ejemplo dado por Hermógenes cita a dos testigos aprobados, y Q también lo hace. La diferencia es que Q representa a Jesús respaldando la verdad de su propia chreia. Esta curiosidad bien puede reflejar que, para estos cristianos, las autoridades eran pocas y distantes entre sí, por lo que estaban «superpuestas a la elaboración de otros lugares» de una manera «estrictamente autorreferencial» (Mack, 1987: 38; cf. 1988b: 95). , 187, 199).

El patrón de elaboración explica por qué este dicho comenta sobre el v. 26, y no sobre la cita intermedia: la declaración de Jesús es retóricamente el juicio de un experto, sancionando la tesis presentada para ser argumentada en la justificación.

Como el resto de la chreia elaborada, 7:28 se compone de antítesis. Visto inicialmente, a propósito de la humanidad, no hay nadie más estimado que John; racionalizado programáticamente, desde la perspectiva de la comunidad, el “menor” en el reino es “mayor” que él.

Este parece ser un curioso modo de autorización, yuxtaponiendo a Juan y la comunidad de Q. Por esta razón, muchos han buscado colocar a Jesús en la segunda mitad del dicho, identificándolo como el “menor” clasificado como el mayor de los dos (entonces F Dibelius, 1910: 191; Cullmann, 1956: 180; Suggs, 1970: 47). Eso no funcionará. La frase preposicional “en el reino” es paralela a “entre los nacidos de mujer”, y por lo tanto pertenece con el adjetivo μικρότερος (“menor, menor”), no μείζων (“mayor”), en el v. 28b.

“En este caso, ‘el más pequeño del reino’ difícilmente puede referirse a Jesús” (Kloppenborg, 1987a: 109 n. 32). La versión del dicho en Gos. Thom. 46 confirma este análisis: el paralelismo antitético une ambas mitades del pronunciamiento en términos del tema “entre los nacidos”; y la identidad del “pequeño” que pertenece al reino es aclarada por la calificación expresa de Tomás “entre vosotros”.

La lógica de la chreia es así llevada a sus límites, ya que la pregunta de Juan sobre la identidad de Jesús se ha transpuesto completamente a la concesión por parte de este último de la legitimidad de otro. Es terriblemente importante ver que, al hacer que Jesús mismo cambie los términos de referencia de Juan a la comunidad, este dicho sirve para avanzar, no simplemente para resumir, el argumento. Por eso Q colocó la declaración de una autoridad en medio de la elaboración.

El pronunciamiento de Jesús en realidad autoriza la propia posición de la comunidad. La referencia al reino constituye un argumento teológico que ordena su condición de pueblo de Dios. Por lo tanto, la elaboración se construye para apoyar a aquellas personas que no se ofenden con Jesús, argumentando que su discurso en carácter se sustenta en las escrituras y ratifica la actividad del grupo.

(5) La parábola sobre los niños en el ágora en 7:31–32 funciona como la declaración de analogía. Una “parábola”, por supuesto, es una “comparación” (McCall, 1969) “tomada del mundo de la experiencia común” (Mack, 1987: 24). La tradición retórica empleaba παραβολαί “parábolas”) como análogos ilustrativos que proporcionaban instancias específicas de algún principio general. Q usa una parábola sobre niños como analogía de cómo es “esta generación”. Ya hemos visto cuán ambiguos son los términos de la comparación. Ciertas características ahora pueden quedar claras.

Primero, la parábola hace referencia a dos grupos diferentes, ya sean grupos de niños que compiten entre sí, o “esta generación” que llama o no responde a los llamados de los niños. Mientras que una autoridad se refirió al grupo Q en la declaración anterior, aquí se presenta su competencia. En segundo lugar, ahora se puede explicar la curiosa imaginería de la parábola.

¿Por qué se representa a esta generación como si fueran niños, aunque por lo demás se los describe sentados correctamente en el ágora, no corriendo traviesamente, y dirigiéndose formalmente a sus compañeros, sin gritarles ruidosamente? Wendy J. Cotter ha demostrado que las referencias a (a) sentarse (b) en el ágora y (c) gritar son términos formales bien atestiguados para (a) sentarse a juzgar (b) en los tribunales y (c) hacer discursos (1987: 295-302).

El uso que hace Q del lenguaje judicial en un entorno extraído del mercado de la opinión pública es sin duda significativo. La analogía presenta un escenario en el que se presume que la sabiduría convencional del día a día rige los códigos y principios sociales. Se presenta una denuncia infantil como acusación contra la actividad de otro grupo.

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