«¿Qué has venido a ver?» Caracterizaciones de Juan y Jesús en los Evangelios (Parte 12) – Estudio Bíblico

XII

En el proceso de elaboración, esta bienaventuranza fue demasiado inteligente para descartarla por completo, por lo que se retuvo aquí como una afirmación enfática. Tenga en cuenta que la bienaventuranza consiste en una sola declaración sin una cláusula ὅτι («porque») o motivo (γάρ «para»), que habitualmente expresaría la razón por la cual uno es bendecido. Como tal, esta es realmente una declaración «proposicional». El tema todavía tiene que ver con las expectativas subyacentes, pero ahora, con base en las alusiones a Isaías introducidas en la respuesta (v. 22), la crítica implícita de la chreia original se especifica en términos de anticipaciones más explícitas.

Esas alusiones, además, permiten a “Jesús” construir un argumento que gira no simplemente en un dicho que se le atribuye, sino en una chreia que hace referencia a una autoridad bíblica conocida. Una maniobra tan aprendida está totalmente de acuerdo con la tradición retórica de Hermógenes, que produjo tesis seleccionadas de chreiai de autores conocidos. Además, la inclusión de esas alusiones plantea la cuestión de la utilidad de los precedentes bíblicos para una exploración de la caracterización. Ese tema será explorado en secciones subsiguientes del argumento.

Cabe señalar otros dos rasgos de esta bienaventuranza. En primer lugar, el pronombre relativo ὅς (“quién”) con la partícula ἐάν (= ἄν, es decir, “el que, cualquiera”) “pretende ser genérico” (Fitzmyer, 1981: 668; contra Dupont, 1961: 952– 54), y se refiere no (sólo) a Juan, sino a cualquier persona que no haya sido ofendida por Jesús. Al redirigir la pregunta de la identidad de Jesús a su bendición de la legitimidad de otra persona, la justificación prepara el escenario para una explicación que se centrará no solo en Jesús y su actividad, sino también en la aceptación o el rechazo de la comunidad Q.

Ese cambio fue preparado en la respuesta anterior (“lo que veis y oís” [vs 22]), y se volverá a encontrar en las siguientes preguntas retóricas (“¿qué habéis venido a ver?” [vss 24, 25, 26]). Segundo, los observadores astutos pueden haber notado el juego de palabras sugerido por “ofenderse” (σκανδαλίζειν) como “atrapamiento” (cf. Aristophanes Acharnians 687; y ver Stählin, 1971: 339–40). To “ofenderse” insinúa que cuando se introducen caracterizaciones correctivas en la elaboración, uno no debe ser “molesto” por nociones preconcebidas abordadas provisionalmente en la chreia.

La justificación es, pues, interpretativa, en el sentido de que propone una tesis a confirmar e inicia un argumento a desarrollar. Se trata nada menos que de una “crisis de clasificación” (ver Green, 1987: 4) para Jesús en Q.

(4) Las preguntas dirigidas por Jesús en 7:24-26 funcionan como la declaración de lo contrario. Sin embargo, a diferencia del ejemplo de Hermógenes, esta declaración en particular no prueba la tesis simplemente invirtiendo los términos de la justificación. En cambio, estas preguntas abordan el problema de la caracterización al cuestionar el tema de las expectativas preconcebidas, un tema que fue abordado en la chreia y tematizado por la justificación. La declaración de “lo opuesto” en realidad hace un contraste indirecto entre Juan y Jesús, no a expensas de uno u otro sino en el nivel más profundo de las presunciones.

Una de las características sorprendentes de todo este pasaje debe notarse en este momento: Juan y Jesús son comparados y contrastados virtualmente en cada unidad de la elaboración. Las preguntas aparentes que se le hacen a uno son redirigidas al otro; las aparentes caracterizaciones hechas de uno se comparan con el otro.

En consecuencia, el cambio de audiencia en esta escena de los «discípulos» de Juan a la «muchedumbre» parece ser una estratagema retórica (cf. Marcos 7:14, 17), diseñada para cambiar la discusión de la pregunta de «Juan» sobre Jesús a » Pregunta de Jesús sobre Juan. Esto corresponde a una declaración de los hechos (διήγησις) de un caso y proporciona un contraste entre las percepciones que se tienen sobre Jesús y las que se contemplan en Juan.

En este pasaje se contrastan dos caracterizaciones diferentes de Juan. Por un lado, no es ni una (mera) caña sacudida por el viento ni una persona vestida con ropas suaves. De hecho, el contraste con la vida en las cortes de los reyes indica que el estilo de vida de Juan es lo opuesto a tal lujo. Por otro lado, Juan no es solo un (mero) profeta, sino que “de hecho” (ναί, vs 26b; véase Berger, 1970: 6–12) se dice que es incluso (καί) algo más. La aparente introducción del título “profeta” es importante porque marca la primera instancia desde la chreia en la que se da un título en la narración.

Sin embargo, incluso la identidad de Juan como profeta debe ser considerada con sospecha. Las descripciones contemporáneas de la cultura más amplia indican que John era realmente un “profeta de la indiferencia” (Malherbe, 1977: 115`), es decir, un cínico reconocible.

Además, ya hemos tomado nota de la escasez de evidencia de una expectativa de un profeta escatológico en el judaísmo primitivo antes del surgimiento de la interpretación cristiana. Y, sin embargo, el término “profeta” es significativo, porque no solo se contrastan a Juan y Jesús, sino que también se juega con sus títulos

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