«¿Qué has venido a ver?» Caracterizaciones de Juan y Jesús en los Evangelios (Parte 10) – Estudio Bíblico

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(2) Una chreia, se recordará, es “una [1] declaración o acción concisa [2] que se [3] atribuye con aptitud a algún carácter específico” (Hock y O’Neil, 1986: 83 [Theon] ; cf. 66-67). Debido a que el patrón de elaboración en 7:18-35 está tan desarrollado, formando la unidad continua más larga del Evangelio de los Dichos sinópticos, el problema inicial que enfrenta el intérprete es reconstruir la chreia original. Está claro que se plantea una pregunta (v. 19) a la que se le dio una respuesta.

Pero dos respuestas se presentan como respuestas en el texto (vss 22, 23); aislar qué respuesta es más probable que sea la principal es el problema. La primera pista para la reconstrucción del texto es ver que, aunque ninguna de las réplicas responde realmente a la pregunta directamente, las referencias a las Escrituras en la respuesta inicial (v. 22) se ajustan a los retratos en desarrollo que se hacen en el patrón de elaboración que sigue. La siguiente pista proviene de una comparación de la pregunta con la bienaventuranza bastante curiosa conservada como segunda respuesta (v. 23). Una comparación de esa pregunta y esta bienaventuranza revela que se hacen y alinean tres contrastes:

Pregunta (vs 19): ¿Eres tú / el que ha de venir / o debemos esperar a otro?
Réplica (v. 23): Quien / no se sienta ofendido por mí / es bendito.

Tenga en cuenta que la pregunta que se le hace a Jesús («¿eres tú?») se redirige inmediatamente para dirigirse a otra persona («quien sea»). Además, una identificación escatológica con Jesús (“el que ha de venir”) es contrarrestada con un llamado (“no se ofenda por mí”) que sugiere que las apariencias engañan, que tal ecuación puede ser una trampa.

Finalmente, la pregunta final («¿o deberíamos esperar otro?») se yuxtapone con un pronunciamiento («bendito») que vindica tanto a Jesús como a la(s) otra(s) persona(s). Aunque esta réplica pueda parecer que responde afirmativamente a la pregunta, una mirada más atenta revela que la identificación que presupone la indagación se contrapone con una respuesta que cuestiona tal expectativa. De hecho, se extrae sutilmente una conclusión que invierte el sentido de esa indagación.

La lógica de esta réplica, por lo tanto, se basa en la insinuación de que el interrogador no ha interpretado correctamente el papel de Jesús. La respuesta tiene éxito por su astucia: la actividad de Jesús es legítima, por lo que quien está con él también lo es.

La pregunta y esta réplica harían una buena chreia. “La respuesta da la vuelta” a la sabiduría convencional de una pregunta desafiante “por medio de una réplica inteligente que recoge los supuestos que subyacen al desafío y [que] los frustra por medio de otra consideración” (Mack, 1988b: 62) . El hecho de que esta segunda respuesta (v. 23) esté tan completamente alineada para contrastar con la pregunta, mientras que la respuesta inicial (v. 22) parece creada para servir a la argumentación subsiguiente, sugiere que la chreia original comprendía esta pregunta y esa segunda respuesta. Parafraseando, el original reconstruido probablemente diga lo siguiente:
Cuando se le preguntó: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar otro?» Jesús le respondió: “Bendito sea el que no se ofenda conmigo”.

La última pista del texto confirma esta reconstrucción, pues muestra cómo la chreia, una vez creada, llegó a ser reelaborada y elaborada en el proceso de transmisión en una etapa posterior de la tradición. Con la elaboración de una nueva respuesta para Jesús (v. 22), se retuvo la respuesta original (v. 23), pero se reformuló para adaptarla a una nueva función retórica.

Mientras que la respuesta original tuvo éxito debido a su astucia, en su nueva función esa respuesta se utilizará como tema para la persuasión, para proporcionar la justificación del argumento elaborado a continuación. Esa ampliación ocurrió, sugiero, cuando se seleccionó la chreia como tema de elaboración, con el fin de aclarar las caracterizaciones de Juan y Jesús y reivindicar al grupo Q que apeló a ellos en busca de autorización. La elaboración girará en torno a una serie de comparaciones y contrastes entre esas personas. El tema se referirá a las expectativas.

Ahora debemos preguntarnos por qué se creó la chreia en primer lugar, porque esa respuesta proporcionará tanto la situación como la ocasión por la cual Q llegó a elaborar varias caracterizaciones de Juan y Jesús en un argumento único y coherente. Dado que la orientación escatológica presupuesta por la pregunta chreia se consideró incorrecta, la chreia parece diseñada para contrarrestar tal expectativa al presentar un perfil del carácter de Jesús que se distingue por un discurso inteligente e invitador.

La chreia, por lo tanto, se originó en una situación grupal en la que se estaban deliberando en respuesta a afirmaciones contrastantes sobre la identidad de Jesús y el legado de una comunidad. En esa ocasión se entretuvo el lenguaje apocalíptico para reflexionar sobre la razón de ser del carácter del grupo. Traer a Juan a la discusión presentó la oportunidad de meditar sobre la sagacidad de Jesús usando la actividad de Juan como contraste.

Sin embargo, indagar en la identificación titular de algún “que ha de venir” (ὁ ἐρχόμενος vs 19) es realmente bastante curioso. Introducido sin explicación en 3:16 en la segunda etapa de la composición del texto, este título se insertará más tarde en los Dichos sinópticos del Evangelio en 3:35b (ver Kloppenborg, 1987b).

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