Paraenesis y las epístolas pastorales: observaciones léxicas sobre la naturaleza del subgénero y sondeos sobre su papel en la socialización y las liturgias (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

En el centro de la luneta se encuentra de pie una figura orante (Snyder 1985: 19-20), vestida con sencillez, con la cabeza velada y las manos extendidas, planas, con los dedos extendidos, la ilustración más antigua de las directivas sobre la mujer en 1 Timoteo 2 Esta era la forma en que una matrona romana cristiana acomodada en la última parte del tercer siglo hizo decorar su tumba, para mostrar que se había casado, orado y vivido de acuerdo con las Escrituras y la práctica paulina de su iglesia. Su velo puede sugerir los antecedentes cristianos judíos de la adoración en su iglesia y familia. 44

6.1 Resumen. En resumen, entonces, el subgénero de la paraenesis constituye parte de la membrana verbal a través de la cual una época posterior recibe algunas perspectivas sobre los antiguos mundos semítico, helenístico y romano. Esas sociedades antiguas eran en general, desde nuestro punto de vista, conservadoras, resistentes al cambio, reacias a experimentar, desconfiadas de la innovación.

El movimiento cristiano era, desde un punto de vista, antiguo, en la medida en que su literatura normativa, su ethos y cosmovisión, incluso sus fundadores y miembros originales eran judíos. Sin embargo, desde otro aspecto, el movimiento cristiano fue nuevo, un fenómeno social liberador y liberal, que provocó cambios, ocasionó experimentos, acogió nuevas formas de hacer las cosas viejas.

6.2 La paraenesis tenía una tensión inherente en tal escenario, porque representaba las convenciones tradicionales y formales, lo que había sido recibido, particularmente del judaísmo. Sin embargo, estaba al servicio de un fenómeno social esencialmente nuevo, las iglesias cristianas, que utilizaron la paraenesis como instrumento de una socialización que el mundo contemporáneo, tanto religioso como secular, sólo podía considerar subversivo, si no revolucionario.

6.3 El culto público de las comunidades cristianas, su liturgia, era un sistema tanto intelectual como volitivo. Esta adoración involucraba más que palabras; exigía tiempo y espacio para la actuación así como la presencia física y participación de los fieles y en ocasiones empleaba cosas materiales (agua, pan, vino) en sus celebraciones. En tal escenario, los creyentes cristianos seguían encontrando su identidad específica, así como aquello que los separaba de una sociedad ambiental.

El culto litúrgico enfrentó al individuo que participaba con las insuficiencias de los valores y presupuestos prevalecientes sobre la existencia humana, y presentó una nueva visión del mundo y ethos que simplemente exigía un cambio moral. En una palabra, liturgia emitida en paraenesis.

6.4 Las socializaciones tanto primarias (bautismales) como secundarias (ministeriales o nupciales) del cristiano ocurren dentro de escenarios litúrgicos (como se acaba de describir).

El énfasis en el ethos en cada etapa, las buenas acciones que deben perseguirse y las malas que deben evitarse, más que en la naturaleza esencial de la socialización en cuestión y sus funciones específicas, es coherente con la inclinación paraenética de los ritos litúrgicos de paso. 12 13

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