Paraenesis y las epístolas pastorales: observaciones léxicas sobre la naturaleza del subgénero y sondeos sobre su papel en la socialización y las liturgias (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

La sociedad o el mundo que el que está experimentando la socialización, en cierto sentido, la partida se ha vuelto inadecuada e insatisfactoria; pero dejarlo es traumático, porque el orden anterior también tenía su significado, sus directivas, sus valores, sus presupuestos incuestionables (ver P. Berger: 19-24). La iniciación bautismal y el discurso paraenético dentro de ella ofrecen otro nomos, otra cosmovisión y concepto de orden mediante el cual una persona puede estructurar la vida, el significado y las metas (recuerde que el nombre de Filón para Deuteronomio era precisamente paraineseis, De agricultura 84, etc.).

En esta problemática se anticiparía a priori que una paraenesis que se dio dentro de la socialización cristiana, y específicamente dentro de las expresiones litúrgicas de esa socialización, acentuaría fuertemente los visibles cambios éticos esperados del candidato al bautismo (sin mencionar el matrimonio o la ordenación). De facto, eso es precisamente lo que uno encuentra en Tito 2:12 cuando la paráenesis describe la gracia que “nos disciplina para repudiar la impiedad y las concupiscencias mundanas, y para vivir de manera sensata, honesta y piadosa en la época actual”.

La justificación o legitimación del nuevo mundo u orden en el que se induce al neófito es particularmente importante cuando el viejo orden aún anuncia alternativas atractivas y las limitaciones del nuevo orden están saliendo a la luz (Berger: 29-30). Paraenesis presenta su caso apelando a procesos no teóricos que son tanto de carácter intelectual como volitivo (Berger: 21). En general, los fundamentos intelectuales que legitiman el nuevo orden social involucran datos tradicionales, esquemas interpretativos y sabiduría recibida (Berger y Luckmann: 94 citan máximas y proverbios sapienciales y éticos; ver también el ensayo introductorio de J. Gammie, s 2. 2.1, 2) .

Específicamente, la legitimación paraenética del mundo cristiano o de los roles dentro de él apela a las escrituras del AT, a los dichos de Jesús, a los textos del culto público —tanto sinagogal como cristiano— y, probablemente desde la primera generación cristiana en adelante, a la heroica figuras de esa generación (Jervell, 1972: 19–39 y 1984: 54–56 sobre las tradiciones del primer siglo en lugar de la tradición; cf. 2 Tim 3:10–17 con el ensayo introductorio de Perdue aquí, S 2.5).

Los fundamentos volitivos de la paraenesis abarcan las normas de conducta en el nuevo orden propuestas por un maestro autorizado, así como las sanciones por romper las reglas y las recompensas por cumplirlas. En este sentido, es útil recordar la función del “otro significativo”, i. mi. la persona que introduce al aspirante en el nuevo grupo y con quien se establece un fuerte vínculo afectivo (Berger y Luckman: 130-31). La vida, el ejemplo, la enseñanza y las directivas de tal persona facilitan la entrada del iniciado en el nuevo orden o rol que busca.

El “Pablo” de la PE es una figura de este tipo para Tito y Timoteo, y los ministros paulinos de estas cartas a veces parecen funcionar así para otros (así Tito 1:5–9; 2:7; 1 Timoteo 4:6). –16 etc.; véase también Fiore). Con el uso frecuente de la primera persona del plural, el PE identifica a Pablo y sus colaboradores con la comunidad en la que se inicia el bautizado. En esta perspectiva, la fe, el culto y la práctica ordenados por la paraenesis de la PE no son simplemente doctrina abstracta, rituales vacíos y reglas estériles; son la fe como Pablo y su generación la predicaron, el culto en el que participaron, la conducta que exigieron. “Puedes…escuchar y ver la justificación [por la fe] en la adoración de la iglesia” (Jervell 1984: 63).

Finalmente, la paraenesis apunta a reforzar un sentido de identidad con un grupo y un sentido de separación de aquellos que no creen o no se comportan como lo hace el grupo. Bocetos de exhortaciones paraenéticas en blanco y negro, con claras líneas entre el interior y el exterior.

Así, el oyente está advertido y preparado para el conflicto. En un escenario cristiano, la paraenesis mira a la parusía con su revelación definitiva de quién está “dentro” y quién está “fuera” del nuevo mundo. Una vez más, como dice Tito 2:13, “aguardando la esperanza bienaventurada manifestada en la gloria de Jesucristo, nuestro gran Dios y salvador”.

5.1 Hay una vergüenza de riquezas en el PE de materiales que tienen algún vínculo con la liturgia cristiana y algunos de esos materiales tienen sus precedentes en las prácticas de la oración judía (ver Charlesworth: 2.671–697 sobre oraciones sinagogales helenísticas, citando paralelos a la oración en 1 Tim 1:17 etc.; también Fiensy). Se han encontrado o se encontrarán varios pasajes cuyo origen litúrgico se argumenta tanto en criterios estilísticos como más materiales (sin repetir necesariamente todos los argumentos) y que ejemplifican situaciones de socialización secundaria.

El cargo citado de una liturgia de ordenación en 1 Tim 6:11–16 y rastros de cargos similares en Tito 1:6–9; 2:7–8; 1 Timoteo 3:1b–6, etc., será estudiado primero.

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