Parábola y ejemplo en la enseñanza de Jesús (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

El buen samaritano, el rico insensato, el rico y Lázaro, el fariseo y el publicano, el invitado a la boda y los invitados apropiados se encuentran sólo en Lucas. Han sido clasificadas críticamente como historias ejemplares (Beispielerzählungen), es decir, modelos de comportamiento correcto y/o incorrecto. Esta clasificación es ciertamente correcta para el nivel de redacción y probablemente también para la tradición. Pero en todos los casos hay una cierta tensión entre la historia y sus marcos interpretativos actuales. Esta tensión se explica si estas historias eran originalmente parábolas de Jesús antes de que la tradición y/o los evangelistas las transformaran en ejemplos.

Como parábolas, todas, salvo el rico insensato, son ataques al mundo del oyente en los que y mediante los cuales puede experimentar el reino de Dios como una presencia escatológica o trascendental.
0. Este artículo tiene tres propósitos principales: (i) discutir la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25–37) con algún detalle para decidir qué forma de discurso el Jesús histórico, a diferencia de la tradición posterior o la última redacción, pretendía que fuera cuando se dio originalmente; (ii) extrapolar de esta parábola e investigar, pero en menor detalle, las otras “historias ejemplares” principales en la enseñanza parabólica de Jesús y preguntar si hay alguna que provenga auténticamente del mismo Jesús; (iii) sobre la base de este análisis, plantear ciertos problemas y preguntas con respecto al método en la exégesis de parábolas y al significado en la interpretación de parábolas.

I. El Buen Samaritano: ¿Ejemplo o Parábola?

1. El buen samaritano como ejemplo

1.0 En aras de la sencillez, la clasificación técnica de “cuento ejemplar” se denominará habitualmente “ejemplo”, pero este último término tendrá siempre la plena connotación de ese fenómeno literario clasificado como “cuento ejemplar”.

1.1 En su clasificación del habla figurativa en la tradición sinóptica, R. Bultmann distinguió entre1: (i) «Metáforas… comparaciones abreviadas que carecen de la palabra comparativa» (por ejemplo, Mateo 5:13); (ii) “similitudes… que se distinguen de comparaciones o figuras solo por el detalle en el que se pinta la figura” (p. ej., Mateo 18:12–14); (iii) “la parábola… da como imagen no una condición típica o un evento recurrente típico, sino alguna situación particular interesante” (por ejemplo, Lucas 16:1–7); y (iv)

“Las historias ejemplares tienen una sorprendente relación formal con las parábolas… incluso si no tienen ningún elemento figurativo en absoluto… las historias ejemplares ofrecen ejemplos = modelos de comportamiento correcto” (169–179). Los siguientes están clasificados en esta categoría: el Buen Samaritano (10:30-37); el rico insensato (Lucas 12:16–21); el hombre rico y Lázaro (Lucas 16:19–31); el fariseo y el publicano (Lucas 18:10–14); y, como “la primera parte de una historia ejemplar”, el invitado a la boda (Lucas 14:7–11) y los invitados apropiados (Lucas 14:12–14). Uno nota de pasada que todos son de Lucas.

1.2 Debe señalarse inmediatamente un problema: de las cuatro clases citadas de Bultmann, las tres primeras se distinguen claramente de la última. Las metáforas, las similitudes y las parábolas son lenguaje figurativo y difieren entre sí solo en si dicho lenguaje es conciso o desarrollado y utiliza un caso típico o una situación individual. Pero los ejemplos son esencialmente diferentes en que, como señaló Bultmann, pueden “no tener ningún elemento figurativo en absoluto”.

Son relatos de cómo se debe o no comportarse en determinadas situaciones y, siendo también paradigmáticos para otros casos, estos relatos podrían vivirse en la práctica: por ejemplo, la parábola del sembrador no es una lección agrícola de cómo sembrar, pero el fariseo y el publicano se toma como una lección directa de cómo orar. Las implicaciones de este problema habrá que afrontarlas al final de este artículo.

1.3 Una mirada a la literatura reciente sobre el tema confirma que el Buen Samaritano es clasificado y/o interpretado como una historia ejemplar por muchos de los principales libros sobre las parábolas. J. Jeremias (201-205) considera la clasificación formal de las parábolas “un trabajo al final infructuoso” (20) pero interpreta al Buen Samaritano en el sentido de: “El ejemplo del mestizo despreciado estaba destinado a enseñarle que ningún el ser humano estaba más allá del alcance de su caridad.

La ley del amor lo llamó a estar dispuesto en cualquier momento a dar su vida por la necesidad de otro” (205). E. Linnemann (1966) acepta explícitamente la clasificación3 y explica: “La historia ciertamente no deja dudas de que lo que realmente importa es actuar como lo hizo el samaritano… con la misma sencillez… gobernado completamente por la necesidad del hombre que confronta nosotros” (56). G. V. Jones (80-109) sigue la clasificación solo hasta el punto de comparar metáforas, similitudes y parábolas con alegorías, pero no se traza una línea entre estas clases y ejemplos anteriores.

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