Parábola y cuento de ejemplo: un enfoque literario-estructuralista (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

El buen samaritano es cómico, no porque el sujeto posea con éxito el objeto, como en El hijo pródigo y El mayordomo injusto, sino porque, sin pretender poseerlo, lo comunica con éxito, como en El banquete de bodas.
Todorov ha distinguido tres tipos de causalidad: lo que llamaré causalidad secuencial (una acción es causada por otro evento o condición), causalidad psicológica (una acción es causada por un rasgo de carácter), y causalidad filosófica (una acción es una ilustración o símbolo de un concepto o idea) (Todorov, 1968: 124-125). Todas las parábolas narrativas manifiestan causalidad secuencial en algún momento, pero no aparece en absoluto en El buen samaritano.

El viaje de la víctima no se representa como la causa de su desgracia sino como la ocasión de ella. La conjunción implícita entre el descenso a Jericó y el ser golpeado no es “por lo tanto” (causalidad) sino “y entonces” (consecuencia cronológica). La difícil situación de la víctima tampoco hace que el samaritano la ayude. La situación miserable del viajero no hace que el sacerdote o el levita lo ayuden, y tampoco lo hace el samaritano. La compasión del samaritano (10:33) provoca su acción (causalidad psicológica).

Hay una tendencia en las parábolas narrativas, especialmente las cómicas, a moderar la causalidad secuencial con la psicológica. El padre preparó una fiesta porque se había encontrado a los perdidos (secuencial), pero inicialmente dio la bienvenida a su hijo porque tuvo compasión (Lucas 15:20), cuya implicación teológica es que el hombre no puede “hacer” que Dios sea misericordioso.

En resumen, hemos visto que mientras las ocho parábolas narrativas varían con respecto al movimiento de la trama y al patrón del episodio, la trama es siempre una unidad orgánica. En El buen samaritano no lo es. Además, con respecto a las cinco oposiciones en las que siempre coinciden las parábolas narrativas, El buen samaritano manifiesta cinco variaciones, es decir, muestra al otro miembro de la oposición las cinco veces. Sobre la base de mi análisis de la trama y los actantes, concluyo que El buen samaritano no pertenece al género narrativo de la parábola de Jesús.

3.24 Las otras cuatro narraciones presentan un cuadro mixto. Lázaro y el hombre rico tiene la misma estructura superficial que las primeras cinco parábolas narrativas, pero existe una causalidad tanto filosófica como secuencial. El rico, que busca el alivio de su tormento, no puede obtenerlo porque su forma de vida anterior ahora está siendo correspondida (secuencial), pero también porque hay un abismo infranqueable entre los salvados y los condenados (filosófico). Así, el mundo trascendente se representa directamente de manera mitológica.

El fariseo y el publicano tiene la misma estructura superficial que El hijo pródigo, pero en la historia se dirige directamente a Dios en oración en lugar de ser representado por una figura humana. También se podría decir que la trama tiene fallas. La crisis del publicano (sujeto actantiel) solo está implicada en la acción iniciadora en lugar de ser un episodio separado, y el desenlace pertenece al discurso más que a la historia («Os digo…») (Lucas 18:14a). No hay una conexión causal clara entre la oración del publicano y el pronunciamiento de que fue justificado (18:14a), dejando así espacio para la gracia de Dios. Pero 18:14b sí introduce la causalidad y virtualmente convierte el humillarse en una obra meritoria.

El Loco Rico con respecto a los cinco elementos constantes en las parábolas narrativas manifiesta dos variantes. En cuanto al patrón de episodios, la crisis no es más que sugerida por el término «tonto». Dios vuelve a aparecer como personaje en la historia pero no tan mitológicamente como en Lázaro y el rico. La muerte anticipada del rico al final no es tanto la consecuencia de su vida anterior como el punto de vista desde el cual debe ser evaluada. De ahí que el desenlace vuelva a ser discurso.

El invitado a la boda muestra la misma estructura superficial que El hijo pródigo y, de acuerdo con las parábolas narrativas, Dios no aparece como un personaje. Sin embargo, el matiz modal indicativo de las parábolas narrativas ha sido reemplazado por el imperativo. Esto significa que mientras que en las parábolas narrativas el discurso está subordinado al relato, en El invitado a la boda el relato ha sido absorbido por el discurso.
Antes de sacar una conclusión sobre la clase genérica de estas cuatro narrativas, quiero volver una vez más a la cuestión de la metáfora.

3.3 Las parábolas narrativas son metáforas del reino de Dios: dan una nueva visión de la existencia cotidiana atravesada por la sorprendente incursión de lo trascendente. El tenor metafórico es el reino de Dios (cielo), y el vehículo es la narración. A veces se menciona explícitamente el tenor (Mateo 20:1—Los trabajadores de la viña), ya veces no (El hijo pródigo; El mayordomo injusto). Pero ya sea que el reino (tenor) se mencione explícitamente o no, siempre está representado implícita y subsidiariamente en la historia por la figura del rey-maestro-padre que es el ordenante actantiel.

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