Niveles de instrucciones del lector en el texto de Gálatas1 (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

Segundo, Pablo enfrenta este desafío de dos maneras. Comienza defendiendo la proposición de que el evangelio no depende de la autoridad humana o del consentimiento humano (1:11) e ilustra esto con ejemplos de su propia vida y la de Pedro. Luego, para mover a sus lectores a aceptar su proposición central, Paul usa todas las técnicas pragmáticas a su disposición. Esto hace de Gálatas un texto complejo y muy concentrado. Se movilizan numerosas estrategias en todos los niveles para fortalecer el tema central.

Pero, al hacerlo, tiene que empezar donde están sus lectores, tener en cuenta su Erwartungshorizonte y trabajar dentro de sus códigos. También significa que el cambio de posiciones no se logra en un solo movimiento, sino mediante un proceso gradual en el que se detallan una serie de posiciones intermedias. Para ilustrar la técnica argumentativa del apóstol, veremos algunos ejemplos en diferentes niveles del texto.

2. El nivel sintacto-retórico

En este nivel, una amplia gama de técnicas está a disposición del autor. Para dar una idea del campo, nos concentraremos en tres aspectos elegidos bastante arbitrariamente, a saber, el uso de pronombres para delimitar el espacio textual, las preguntas retóricas y sus audiencias, y el fenómeno del doble lector.

2.1 Pronomina y espacio textual

Pronomina se puede utilizar de manera muy eficaz para delimitar el espacio textual y permitir que el autor maniobre dentro de la habitación así creada. Paul no es el primero en marcar posiciones en el texto por medio de pronomina y en otorgar cierto valor a cada una de estas posiciones en su relación entre sí. Antes de Paul Dionysos Thrax (190-70 a. C.) en su Ars Grammatica (par. 13.20) analiza las tres formas de pronombres personales y los define de la siguiente manera: la primera persona es aquella de quien proviene la palabra; el segundo es aquel a quien se dirige la palabra y la tercera persona es aquel sobre quien se hace el enunciado.

En términos de espacio textual, es claro que la primera y la segunda persona están más cerca entre sí que la segunda y la tercera, o la primera y la tercera. El tercero es un paso más alejado de la interacción directa que se presupone entre el primer y el segundo pronomina. Además, la distancia textual puede asociarse con valores específicos, o más bien, ciertas posiciones se marcan como preferibles a otras.

La preferencia suele expresarse en términos de proximidad. Un aumento en la distancia entre el narrador y el destinatario sirve como un signo negativo, mientras que una disminución marca una posición preferida, que culmina en la solidaridad o la identificación. A diferencia de la mayoría de los otros códigos religiosos donde el acento está en la trascendencia, los textos bíblicos se caracterizan por enfatizar la solidaridad entre Dios y los seres humanos. De hecho, el cambio fundamental se vuelve posible solo por la voluntad divina de identificarse con la existencia humana, como lo ejemplifica la encarnación.

En Gálatas, Pablo usa la distancia y la proximidad textual como parte de su estrategia persuasiva. A lo largo de la carta, el pronombre de segunda persona “vosotros” vacila entre dos posiciones: puede agruparse con los oponentes de Pablo (5:1 “¡Gálatas insensatos! ¿Quién os ha hechizado?”) o con el propio grupo del apóstol (4:12). “Os lo ruego, hermanos…”). La posición media del pronombre de segunda persona quizás se vea mejor en un ejemplo como 1:8:

Pero aun si nosotros o un ángel del cielo les anunciara un evangelio diferente del que les hemos anunciado, ¡sea condenado eternamente!

El objeto de la súplica de Pablo es mover a los gálatas de una posición de exclusión (aliados con sus oponentes) a una de inclusión (aliados consigo mismos). Lo hace disminuyendo sutilmente la distancia textual y sugiriendo cómo puede tener lugar esta mediación: “Os ruego, hermanos, sed como yo, porque yo me he hecho como vosotros” (4,12). Al combinar el posesivo con el pronombre personal, se aumenta la fuerza gravitacional del propio grupo del escritor: “Mis queridos hijos… cómo quisiera estar ahora con ustedes…” (4:19).

Al mismo tiempo, la conexión de parentesco (hijos) y la expresión explícita de solidaridad refuerza el argumento. La etapa final de inclusión se alcanza cuando el pronombre de segunda persona se subsume bajo el primero y se elimina cualquier distancia textual entre el apóstol y sus seguidores: “Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre” ( 4:31). Quedan pocas dudas al lector en cuanto a la posición que Pablo espera que él o ella asuma.

En su comentario sobre Fil 3:2–4:9, Schenk llega a conclusiones muy similares (254–74). En una extensa discusión sobre el uso de pronomina en estos versos, no solo analiza el movimiento de ida y vuelta entre primera, segunda y tercera persona, sino también los cambios de modo relacionados, entre indicativo, cohortativo e imperativo (cf. especialmente el diagrama en la página 274)

Su análisis revela cuán fuertemente orientados hacia el lector están los pronomina, especialmente el “yo paradigmático” (260-63). Con respecto a los cambios en el espacio textual, se puede encontrar la misma tendencia que en Gálatas.

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