Los roles de los lectores o el mito del lector (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

1.2 La confusión que surge de la falta de distinción está documentada por una discusión de la última década: mientras Iser absolutizó expansivamente su recepción-punto de partida estético en la dirección de un aserción relativa a la constitución del significado como tal (“los significados de los textos literarios no se generan hasta el evento de lectura como tal”) (so Iser, 1970:7 = 1975:229), fue fuertemente criticado por Slavist Link. No podemos seguir ni la universalización de Iser (con la que “interpretación” se integra totalmente en “recepción” y pierde su identidad especial) ni el camino contrario de Link que definió “recepción-estética” de tal manera que significa lo mismo que “interpretación” en un sentido estricto (cf. la aclaración en Grimm:49-54): “La insistencia en la necesidad de descifrar la intención del autor para una ‘interpretación adecuada’ es el punto de partida” que puede y debe ser reconocido por la tarea “pero no como una máxima fundamental exclusiva de un análisis de la historia de la recepción” (Grimm, 1977:52).

Debemos tener en cuenta si nos preocupamos por aclarar un problema del texto o un problema de su recepción. Incluso aquí no deben confundirse las diferentes «formulaciones de la pregunta» (además, debemos tener en cuenta que en este debate tanto Iser como Link tenían en mente solo «textos ficticios» específicos; este hecho suele pasarse por alto por sus adaptadores teológicos).

1.3. Ahora nos toca trabajar con la definición más precisa: “La recepción de un texto está principalmente orientada al sujeto, pues el sujeto trata de hacer comprensible el texto para sí mismo sin más medios que sus propios conocimientos previos. Esto es finalmente lo mismo que una actualización privada condicionada” (Grimm: 54).

En la mayoría de los casos, por lo tanto, el uso de citas bíblicas no es estrictamente una «interpretación», sino una recepción que siempre está subjetivamente dominada por el propio «conjunto» (además, las citas son de una traducción, que es realmente un metatexto secundario) que ha venido. en juego sin un código-análisis y sin dar cuenta intersubjetiva de él.

2. La tipología de recepciones dada por Link (Link, 1976: 23-42, lista en la página 25) es interesante porque los problemas son típicos y ocurren en otros lugares también.

2.1. Parte de un concepto erróneo de “recepción”: “Su procedimiento está orientado hacia el autor dentro del texto. Mide la «recepción» por la adecuación de la intención del autor y considera que la recepción adecuada es el problema central de la estética de la recepción. Esta postura resulta de la premisa de que la estética-recepción está interesada en el ‘lector implícito’” (Link, 1976:43); “el lector real (entendiendo un texto según la intención del autor) busca una identificación con el ‘lector implícito’.

Tal recepción-estética se basa” en la premisa inaceptable de que “la recepción es la comunicación entre el autor y el lector y el lector está obligado a comprender la intención del autor. Pero la premisa de que la intención del autor es la instancia de juicio del receptor pertenece al ámbito de la producción-estética.”6

2.2 La fenomenología orientada al lector de Link reduce la categoría definida intratextualmente del lector implícito (como lo introdujo Iser) a un complemento del “autor abstracto”: “Lo que Iser une en el nivel interno del texto como ‘lector implícito’, se divide en Link en ‘lector-figura ficticia’ y ‘lector-rol implícito’. La ‘lector-figura ficticia’ no está necesariamente contenida dentro del texto, pero el ‘lector-rol implícito’ es inmanente en cada texto» (cf. Link , 1976:26). «La ‘figura de lector implícita’ de Iser se convierte en un ‘lector ficticio explícito’ en la terminología de Link, mientras que la ‘estructura de apelación del lector implícita’ de Iser podría ser paralela al ‘lector implícito’ de Link» (Grimm: 270 n. 83).

“A partir de la presentación de Link, no queda muy claro si entiende al ‘lector implícito’ como un objeto de la narración (como Iser) o como un objeto de la obra. Debido a que corresponde al ‘autor abstracto’ de su modelo, que se define como el sujeto de los actos de creación (generando la obra individual) así como el portador de la intención (determinando la obra completa), el lector implícito de Link debe ser visto como el objeto de toda la obra así como el objeto de la narración misma” (Link, 1976:40). “La equiparación del nivel abstracto con el nivel implícito borra las posibles divergencias entre el atractivo total de un texto y la estructura de atractivo individual” (Grimm:273f., n.97).

2.3 La principal diferencia (considerando la confusión terminológica causada por ello) consiste en el hecho de que Iser explícitamente quiere mostrar un desarrollo “histórico” dinámico.7 Sin embargo, Link quiere proporcionar un modelo estático-fenomenológico de valor general con una época específica. Fundación.

“El modelo de Link (con su diferencia entre un lector ficticio e implícito) encaja mejor cuando se analizan textos de los siglos XVIII y XIX con una figura de lector explícitamente ‘ficticia’” (Link usando textos de E. T. A. Hoffmann y H. Heine).

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