Los roles de los lectores o el mito del lector (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

El modelo simple de estímulo-respuesta tiene que ser abandonado en favor de modelos más complicados de emisor, distribución y recepción” (en el análisis del Nuevo Testamento sobre todo en forma de «tradición» y «redacción» / «interpretación», o «continuidad» y «contradicción», o simplemente «transformación»). Como acto de apropiación, el proceso de lectura (mucho más que un “acto de lectura”) puede distinguirse esencialmente del concepto de texto práctico “en referencia a los sentidos dominantes, la selección y la combinación” (Grimm: 18f; por lo tanto, Schenk, 1980: 310 insistió en una distinción categórica estricta entre «Bibel-Auslegung/-Interpretation», «-Anwendung» y «-Verwendung»; cf. Maier 11–13, 57–59 para una tipología útil de formas de recepción en el judaísmo primitivo).

3.5. El análisis de la estética de la recepción sólo es posible cuando un texto de recepción se encuentra en relación con un texto anterior. (El texto de recepción se ve como una reorganización total, con partes que asumen semejanzas o remodelaciones de forma de esquemas convencionales). Esto es cierto ya que la recepción-estética “deriva sus juicios de la facticidad de la obra-recepción” (Grimm:24): “La recepción-resultado (‘concretización’) documenta el hecho de que ha tenido lugar un acto-comunicación” (Grimm:24). 31; cf. la categoría de Ingarden de 1965 de “concretización” como “condición de posibilidad.” Cf. también Detweiler:32–35; Schenk, 1980:308f.; 1981:85f.).

4. El lector extratextual obviamente puede definirse como el lector “destinado” por el autor, en la medida en que el lector es un código-participante competente (la intención explícita para el lector competente acompaña a una intención inconsciente evidenciada por las sugerencias potenciales). del código histórico, cuya determinación sigue siendo difícil) (Grimm: 33).

4.1. En contraste con un lector extratextual primario, existe la categoría de un lector secundario previsto por el autor y una categoría restante aún no definida (definida puramente negativamente como «no autoral»). Estas categorías como tales no permiten definiciones y conclusiones positivas. La recepción de este tipo de lectores también puede implicar la decodificación, pero también puede implicar la «transcodificación: «Si no han hecho esto, se vuelven culpables de una decodificación defectuosa [mejor: «transcodificación»] y/o una sustitución ilegítima de su contextos interpretativos para el del texto; Reader-Response-Criticism advierte a los lectores reales que desconfíen de tal seducción por parte de un texto subcodificado” (Petersen: 41).

4.2. En este sentido, la distinción entre investigador y lector sigue siendo importante (Groeben:137, 168f.; Schenk, 1980:307-13; 1984:27f.). El análisis del código es el punto decisivo: «Los lectores no autorales que conocen los códigos en los que está codificado el texto posiblemente puedan entender el texto tan bien como los lectores autorales». o los elementos de código implícitos dados en el texto mismo son útiles (especialmente los elementos metalingüísticos y metacomunicativos inminentes al texto, como definiciones, aclaraciones y contrastes).

4.3. Además, podemos percibir más ayudas-lectura en la composición de un texto, que facilitan una forma prospectiva de observación y suponen el “estiramiento de la percepción-tiempo” para que se produzca el tránsito de una peligrosa “perspectiva espontánea-sintética” a una más se vuelve posible una adecuada “manera analítica sucesiva de percepción” (Köller: 380f.). Este trabajo no siempre estamos obligados a hacerlo de nuevo, si tenemos traducciones equivalentes comunicativas.

Con respecto a las escrituras bíblicas el problema es más complicado, ya que el lector actual parte de las traducciones, que no cumplen las condiciones de equivalencia comunicativa; por lo tanto, el lector está ocupado con transcodificaciones de traducciones incompetentes y tradiciones congregacionales: “Un lector de la Biblia de Lutero escucha verdaderamente el mensaje bíblico solo en el recuento homilético y la traducción de Lutero” (Käsemann: 280).

“En la mayoría de los casos, la indignación piadosa es la única alternativa a la metodología científica” (Käsemann: 276). El llamado lector simple no es una “tabula rasa”, sino que es el producto de los códigos congregacionales, que “histórica y teológicamente permanecen anclados en el siglo XVIII”. 5

C. “Recepción” vs. “Interpretación” a la luz de los roles de los lectores

1. “El problema de la necesaria distinción entre recepción e interpretación” es el resultado de una comprensión más precisa de la categoría de recepción: “Para el acto-recepción queda por enunciar: La espera del lector define el objeto de recepción ; a diferencia de la ‘interpretación’, en el caso de la ‘recepción’ la intención real de un autor no es el criterio, sino la intención del autor tal como la supone el receptor” (Grimm:44; cf. Hirsch, 1972:15– 42, 263 y ss.).

1.1. “El único criterio verdadero para distinguir entre recepción/concretización e interpretación es el postulado de la adecuación al trabajo” para el cual la “intersubjetividad de cualquier aprehensión de un texto es decisiva” (Grimm:51). Dado que la traducción comunicativa y funcional es el objetivo y el resultado de la “interpretación”, el postulado de la adecuación al trabajo también es vital en este sentido.

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