Los proverbios como dichos de Jesús en la Epístola Apostolorum (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

“¿Dónde está ahora la huella del justo, para que te adoremos? o ¿dónde está nuestro maestro, para que podamos apelar a él?

1.3.6 Así, la cuestión del referente original del dicho es distinta de la identificación de un prototipo canónico. Ninguno de los relatos canónicos nos prepara para la asignación de Andrés en la Epístula, mientras que una revisión más amplia de las fuentes contemporáneas plantea una variedad de posibilidades interpretativas. No menos importante es la integridad del dicho que se mantiene frente a la opinión de que es una mera invención del autor.

1.4.1 La incorporación del dicho sobre la huella de una aparición ya se anticipa al inicio del cap. 11. Los discípulos, llamados ya por el mismo Señor, todavía no creen, porque
C.: “Pensamos que era un fantasma [ουφαντασια], y no creíamos que fuera el Señor”.
E.: “Él vino ante nosotros como un fantasma [metḥat] y no creímos que fuera él”.

A primera vista, esta observación es evidentemente tautológica, ya que cada mitad equivale a lo mismo. Pero, de hecho, es de la mayor importancia para el autor que se observe una distinción entre dos cuestiones: la identidad del resucitado (como maestro de los discípulos) y la naturaleza del cuerpo resucitado (como corpóreo). Y es a través del uso del proverbial agraphon que los dos temas se distinguen entre sí.

Esto lo confirma el hecho de que el encargo a Pedro ya Tomás tiene un solo propósito declarado: “Para que sepáis que soy yo”; la acusación a Andrés, por otro lado, está justificada por el potencial explícitamente antidocético del dicho profético.
1.4.2 La confesión de los discípulos en el cap. 12:

“Pero lo [tocamos] para que supiéramos verdaderamente si [había resucitado] en la carne, y nos postramos [sobre el rostro] confesando nuestro pecado, que habíamos sido [incrédulos].

La confesión de la incredulidad anterior en la naturaleza del cuerpo resucitado es por sí sola garantía suficiente para la nueva invitación del Señor: “Levántate”.

1.5.1 La aplicación precisa del dicho queda así clara. La segunda pregunta, y para este autor, decisiva, que plantea la resurrección se resuelve mediante un “texto-prueba” profético. Pero, ¿cómo prueba el texto de prueba? La clave aquí es el hecho de que en el contexto de la especulación contemporánea más amplia sobre ἴχνος («huella»), el dicho pretende ofrecer la prueba de fuego de la demoníaca: qué es un daimon y qué no lo es. Por lo tanto, no tiene nada que ver intrínsecamente con el complejo cristiano de “aparición post-resurrección” y “manifestación [del cuerpo resucitado]” en el que ahora ha sido absorbido.

1.5.2 Con esta observación, la diferencia entre los dichos citados en 1.3.2 y 1.3.3 se hace evidente. Ignacio Smyrn. 3.2 tiene su dicho completamente personalizado: “No soy un demonio incorpóreo”. De manera similar Lucas 24:39 dice: “Un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Pero en el caso de Tertuliano y Commodiano es un dicho completamente impersonal.

La autoridad en cada uno de los últimos casos proviene, por así decirlo, del exterior, del ámbito del conocimiento común, pero también de la sabiduría y del proverbio. Esta es exactamente la situación también en Ep. una publicación. 11.8. Al proporcionar la autoridad adicional («escrito en el profeta»; cf. caps. 19, 33, 35, 43, 47, 49), el autor agrega una dimensión interpretativa adicional, que debe abordarse más adelante.
2. Dicho 2: Ep. una publicación. 25.8 (NT Apoc 1. 208):

C.: “Lo que ha caído se [levantará], y lo que se pierda se encontrará y lo que [débil] se recuperará”.
E.: “Ahora lo que ha caído se levantará, y lo que está mal será sano”.

2.1.1 El contexto del dicho es una larga sección que comienza en el cap. 21 con la declaración del Señor de que “como mi Padre me despertó de los muertos, así también vosotros resucitaréis en la carne”. Pero la cuestión que plantea esta predicción no se recoge en el diálogo de preguntas y respuestas hasta el cap. 22, cuando los discípulos preguntan:

“Oh Señor, ¿realmente está reservado que la carne sea juzgada (junto) con el alma y el espíritu, y (uno de estos) realmente descansará en el cielo y el otro será castigado eternamente mientras esté (todavía) vivo?”

2.1.2 Llama la atención que, aunque estos capítulos se han ganado la descripción de “un tratado apologético De la resurrección” (Koester, 1971: 203), de hecho no existe una discusión sostenida sobre este tema en absoluto. Cuando el diálogo en los caps. 21-26 se examina discurso por discurso, se hace evidente que tres temas virtualmente independientes ocupan el escenario: (a) el proceso del diálogo, explorado a través de muchas expresiones de lo que puede denominarse la retórica del género del diálogo; (b) enseñanzas éticas, en sí mismas irrelevantes para el tema teórico de la resurrección; y (c) la resurrección de la carne.

Cuando se examinan solo los discursos que se refieren a la resurrección, queda claro que hasta el proverbio citado, la única respuesta del Señor es declarar no cómo, sino simplemente que sucederá la resurrección de la carne.

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