Los padrinos en la cuestión del bautismo (Parte 2)

II

En tiempos más antiguos, como sabemos, por ejemplo, en la carta de Bonifacio a Agustín, y en uno de los sermones de Agustín (ccxciv.),—los padrinos, en lugar de prometer o profesar creer en el nombre del niño, declararon que el niño ya creía. “¿Crédito en Jesum Christum? ajuste interrogatio. Respondetur: crédito.” Y en la explicación de los sacramentos, compuesta por el obispo Overall y añadida al Catecismo en 1604, se pregunta: “¿Por qué, pues, se bautiza a los niños, cuando por su tierna edad no pueden realizarlos?” Y la respuesta dada es: “Sí, los cumplen (el arrepentimiento y la fe) por sus fiadores, quienes los prometen y los juran en sus nombres”, etc.

En la Conferencia de Saboya, en 1661, los presbiterianos se opusieron enérgicamente a todo este asunto de los patrocinadores y desearon que “la entrada de los niños en el pacto de Dios se exprese con más cautela, y que las palabras no parezcan fundamentar su bautismo en una fe y una fe realmente reales”. arrepentimiento propio, y que una promesa no puede tomarse por el desempeño de tal fe y arrepentimiento, y especialmente que no se puede afirmar que los cumplen por la promesa de sus fiadores; siendo a la simiente de los creyentes a quienes se hace el pacto de Dios, y no a todos los que tienen tales garantías creyentes que no son ni padres ni pro-padres del niño.”

Nuevamente dicen: “No sabemos con qué derecho las garantías prometen y responden en nombre del infante: nos parece que también respalda la opinión anabaptística de la necesidad de una profesión real de fe y arrepentimiento para el bautismo. ” Desearon, pues, que los dos primeros interrogatorios (que iban dirigidos a los infantes, aunque contestados por los padrinos) fueran puestos a los padres, para que los contestaran en su propio nombre, y el último a los padres o pro-padres, así: “¿Harás bautizar a este niño en esta fe?”

Pero los obispos, en respuesta, refutaron la acusación de anabaptismo y afirmaron que, como “los sacramentos de Dios tienen sus efectos cuando el que los recibe no ‘ponere obicem’, no pone ningún impedimento contra ellos (lo que los niños no pueden hacer), podemos decir en la fe, de todo niño que es bautizado, que es regenerado por el Espíritu Santo de Dios; y la negación de él tiende al anabaptismo, y el desprecio de este santo sacramento como nada digno, ni material, ya sea que se administre a los niños o no.” Sin embargo, estaban dispuestos a alterar las palabras del Catecismo, «Sí, las cumplen», como si implicaran fe y arrepentimiento reales, por «Porque ambas las prometen por sus garantías», etc.; y esta forma de palabras sobrevive hasta nuestros días.

El obispo Bonifacio, ya en la época de Agustín (alrededor del año 400 d. C.), estaba desconcertado al saber cómo se podía prometer todo esto para el niño que no pensaba ni aprendía estas cosas, y de cuyo futuro carácter e historia nada podía saberse. conocido. Su carta a Agustín dice así: “Supongamos que te presento un niño y te pregunto si, cuando crezca, será un hombre casto o si no será un ladrón.

Sin duda responderás: «No lo sé». ¿Y si él, en esa edad infantil, tiene algún pensamiento, bueno o malo? Todavía dirás: ‘No sé’. Entonces, si no te atreves a afirmar nada sobre su conducta futura o sus pensamientos presentes, ¿cuál es la razón de que, cuando se presentan para el bautismo, sus padres, como padrinos para ellos, responder, y decir, ¿hacen aquello en lo que su edad infantil no es capaz de pensar, o, si puede, es un profundo secreto? Porque preguntamos a aquellos por quienes es presentado, y decimos: ‘¿Cree él en Dios?’ (cuya pregunta se refiere a esa época que ignora si existe un Dios.) Ellos responden: ‘Él cree.’ Y así, igualmente , se devuelve una respuesta a todo el resto.

De donde me asombra que los padres en estos asuntos respondan con tanta confianza por el niño, que hace tantas cosas buenas que en el momento de su bautismo exige el administrador. Y sin embargo, si yo en ese mismo momento preguntara: ‘¿Este niño bautizado, cuando llegue a la madurez, será casto?’ o ‘¿No será un ladrón?’ No sé si alguien se atrevería a responder: ‘Él voluntad’ o ‘No quiere, sea lo uno o lo otro’, ya que responden sin vacilar: ‘Él cree en Dios; Se vuelve a Dios.’ ”

Su carta concluye así: “Le suplico que me dé una breve respuesta a estas preguntas de tal manera que no me inste a la prescripción de la costumbre de la cosa, sino que me dé la razón de ello.” Agustín responde en sustancia, que el signo y la cosa significada se usan frecuentemente indistintamente, y que así «el sacramento de la fe es la fe», y el niño que participa del sacramento de la fe y de la conversión puede decirse que cree y se vuelve. a Dios.