Los límites de la reflexión (Parte 8)

VIII

Contra el trasfondo de la autoridad de las Escrituras, la elección ha sido interpretada de muchas maneras diferentes. La teología católica romana y protestante, el determinismo teológico y el remonstrantismo: todos apelaron a las Escrituras, y las influencias de estas diferentes interpretaciones se han sentido entre los creyentes.

En el tiempo inmediatamente anterior a la crítica bíblica había todavía hubo acuerdo sobre el establecimiento formal de la frontera, pero las formas concretas que se siguieron diferían mucho. Cuando Lutero se opuso a la theologia gloriae para plantear la theologia crucis, su protesta antiespeculativa no tocó la cuestión de los datos bíblicos o extrabíblicos; él estaba preocupado por un límite para nuestro hablar y creer que el contenido completo de la Palabra de Dios le indicaba.

El reconocimiento de este límite no se separó ni por un momento del reconocimiento de los límites de la Palabra de Dios (sola scriptura), aun cuando la advertencia de Calvino de permanecer dentro de los límites de la Escritura estaba en plena armonía con su argumento de ceñirse únicamente a Cristo. en la discusión de la elección, y no ir más allá de Él. La acentuación del límite no es un dispositivo formalista empleado para desarrollar un sistema cerrado.

Es muy posible que alguien, hablando de las Escrituras y su doctrina de salvación y rechazando todo argumento extrabíblico, vaya más allá de las Escrituras a pesar de ese rechazo. Más adelante hablaremos de la clara definición de la frontera por parte de los reformadores, quienes discutían constantemente la elección a la luz de la Palabra de Dios y en una conexión inquebrantable con el Cristo de las Escrituras.

La gravedad y el peligro de traspasar los límites se vio no sólo en la combinación consciente de la Escritura con otra fuente de conocimiento (la tradición o la razón), sino también en la “curiosa” indagación (BC, XIII) sobre la predestinación eterna por parte de quienes son no contentos con Cristo y por eso buscan la salvación propia y la de los demás en el laberinto de la predestinación. no es una abstracción, sino un límite revelado en la forma en que el hombre puede caminar.

En la historia de la doctrina, a menudo se ha hecho evidente que los hombres querían penetrar cada vez más profundamente y más alto en la elección y, al hacerlo, traspasaron los límites. Tanto Lutero como Calvino advirtieron solemnemente de no olvidar ni descuidar el contenido cristológico de la frontera para que precisamente ese contenido nos proteja contra toda investigación más allá de la simple Palabra de Dios.25

Así, en todo nuestro pensamiento acerca de la elección se nos recordará este límite. Se le ha quitado toda abstracción cuando a la luz de la Palabra concreta de Dios vemos el lugar desde el cual, sin temeridad, hemos de escuchar la revelación que es para nosotros y para nuestros hijos. Un “corazón altivo” no es apropiado aquí, ni un caminar entre cosas “demasiado grandes” y “demasiado maravillosas” (Salmo 131:1), pero podemos esperar en el Señor “desde ahora y para siempre” (Salmo 131:3).

¿Quién no piensa aquí en el pronunciamiento que llamó a la doctrina de la elección el corazón de la iglesia? Sólo si somos y permanecemos hombres advertidos será posible hablar responsablemente de lo que la Escritura rodea de alabanza y gratitud y entender algo del hecho de que la doctrina de la elección no es el fondo oscuro de la predicación del evangelio sino una confesión que no puede ser suprimida porque nos habla de Dios mismo en Jesucristo, y porque en ninguna parte de las Escrituras tal predicación es una amenaza para la veracidad y confiabilidad del evangelio de Dios.

No se puede negar que en la historia de la doctrina y en la predicación de la Iglesia, la doctrina de la elección ha asumido a veces aspectos tan amenazadores. Eran tiempos oscuros. Entonces ya no se entendía el consuelo de la elección. Había que redescubrir el camino a las conexiones doxológicas del evangelio en un laberinto de deformaciones y caricaturas.

De esta manera redescubierta se confesó la soberanía de Dios, sin oscurecerse por el determinismo y el fatalismo; ya la luz de esta soberanía de Dios se hizo posible comprender el significado de su soberana gracia, gracia que podía explicarse a la luz de la conmiseración y misericordia divinas y no como resultado de una síntesis entre el acto de Dios y nuestra obra. Por lo tanto, está claro a la luz del evangelio que no podemos hablar de la elección de Dios aparte de la fe.

Estamos lejos de la confesión de elección de la Iglesia si pensamos descubrir en ella un sistema metafísico de cosmología. Este error se ha cometido a menudo y siempre ha terminado en el determinismo o —en reacción— en el sinergismo. En el caso del sinergismo, el hombre reclama autonomía para sí mismo en defensa contra la presión del determinismo. Con esto, el hombre llega a ver a Dios como un Dios celoso que en su poder abrumador no quiere conceder al hombre su libertad y lo tiene como un peón.26 En esta presentación ya no podemos descubrir al verdadero Dios.