La parábola del sembrador Ingenuidad y método en la interpretación (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

El hombre es un proyecto conativo, intencional y hay un profundo drama existencial en el seno de su naturaleza entre el sentido de ser sostenido en su aventura y la angustia de la traición. La parábola habla desde y hacia esta agitación dinámica mediante la seguridad no sólo de la confiabilidad de la existencia sino de su plenitud y exceso.

2.321 Nuestra parábola se dirige a esta particular caja de resonancia o registro en el oyente en términos de sembrador, semilla, suelo y cosecha. Lo que aquí se presenta en el lenguaje análogo del labrador o el arquetipo del jardín podría igualmente dramatizarse o narrarse en alguna otra metáfora de la actividad humana. El paradigma básico de la iniciativa del hombre frente a su mundo y su secuela podría emplear otros tipos de empresa: no solo sembrar sino pescar, y también cazar, cavar, minar, arriesgar, invertir, apostar.

Los evangelios incluyen algunos de estos motivos o campos de acción en diversas formas retóricas para revelar una u otra faceta de la visión que transmite la parábola del sembrador. Pensamos en la parábola del Amigo de la Medianoche. El paradigma básico puede tomar una breve forma imperativa: “Pedid, y se os dará; Busca y encontraras; llamad, y se os abrirá”. El paradigma básico del esfuerzo y la consideración se vería entonces como la fórmula estructural abierta a varias versiones de “poética generativa”, aunque la fórmula misma descansa para su poder en una profundidad ontológica.

2.322 No es, pues, sólo en el género de las parábolas donde esta particular caja de resonancia encuentra dramatización en los Evangelios. En la “leyenda” (Bultmann, Dibelius) de la pesca milagrosa de los peces en Lucas 5:4–10 (también reportada en Juan 21) encontramos el mismo escenario y elementos que en la parábola del Sembrador pero aquí en el contexto de pescar en lugar de sembrar. Por escenario me refiero a la secuencia de (1) iniciativa frente a la naturaleza, (2) frustración, (3) resultado extravagante.

La dinámica de la narración surge nuevamente de una profunda constante humana: el hombre entre la confianza y la angustia en su relación con la existencia: “¡Maestro, trabajamos toda la noche y no nos llevamos nada!” La dinámica de la narración también surge en un segundo nivel del empleo aquí de un motivo folclórico o, más generalmente, de la categoría narrativa de maravillas marinas.

Correspondiendo al “treinta, sesenta, cien por uno” de la parábola que tenemos aquí: “Y cuando hubieron hecho esto, encerraron un gran banco de peces… sus redes se estaban rompiendo… llenaron las dos barcas, de modo que comenzaron a pileta.» La correspondencia de los escenarios en los dos géneros apunta a una visión subyacente común de la realidad6. Pero nos hemos interesado en los patrones de lenguaje por los cuales esta visión es mediada.

2.4 Volviendo a la parábola del sembrador, bien podemos preguntarnos por qué tiene fuerza su reafirmación culminante. La analogía del rendimiento de la buena tierra no es persuasiva en sí misma. Los consuelos románticos extraídos de aspectos de la naturaleza son notoriamente subjetivos. El mismo lenguaje de tales “efusiones” delata su inconsecuencia. Su retórica no encuentra un subsuelo más profundo que el sentimiento o la euforia; el símil y la alegoría toman el lugar de la metáfora; el apóstrofe y los signos de exclamación son malos sustitutos de la visión.

La historia de éxito de nuestra parábola no es una propaganda blanda para el optimismo. Hay demasiada economía, tensión y distancia estética en el lenguaje7. Al igual que con un poema, la forma de parábola como un tipo distintivo de voz, y por su arquitectura, revela en lugar de persuadir. En la medida en que persuade no es por inducción sino por un reconocimiento visionario.

Este reconocimiento no tiene que ver con el eudemonismo optimista, sino con el sentido creado por las criaturas de la confiabilidad de la existencia. Si este sentido se ve amenazado por el pánico o la angustia, la parábola ilumina el teatro interior del dolor y nos tranquiliza, recordándonos una visión previa de la realidad, como lo hizo Jesús con Pedro cuando su fe falló y comenzó a hundirse en el mar.

Parábola y Parábola

3.1 Al explorar el lenguaje de la parábola, he llamado la atención sobre ciertas características retóricas y sobre estas dos cajas de resonancia o estructuras a las que apela. Estas consideraciones nos ayudan a comprender su impacto en cualquier momento o lugar. Pero luego tenemos la cuestión del hablante, y con ella la de su situación y audiencia. Aquí parecería que salimos de la forma retórica misma. Sin embargo, dado que tenemos que ver con el lenguaje y la comunicación, incluso un tropo autoordenado como una parábola da testimonio de su autor a su manera y de la situación de su enunciado.

3.11 Su autoridad en la ocasión original puede disociarse de la que se le atribuye en el contexto evangélico en el que ahora encontramos la parábola. También podemos dejar de lado interpretaciones según las cuales Jesús se habría referido transparentemente a sí mismo en el papel de sembrador.

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