La parábola del sembrador Ingenuidad y método en la interpretación (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

Rastrearlos y tomar conciencia de ellos es entrar más plenamente en posesión de nuestro ser. También es para iluminar los procesos de nueva creatividad y visión y promoverlos. Uno podría ilustrarlo con el arte de la música y la interacción aquí del dominio del compositor de sus «leyes» y estructuras con su último impulso. Pero nuestra preocupación es con las artes del lenguaje.

1.3 Si se tuviera que ejemplificar este doble enfoque, el ingenuo y el estructural, en el caso de la parábola del sembrador podríamos iluminar el tema más amplio. Lo que iluminó mi imaginación de niño expuesto a una historia emblemática fue el poder no obstante prevaleciente de la semilla sembrada, ciertamente su extravagante rendimiento, pero también el matrimonio profundo de la aventura del sembrador con este prevalecer. No se trataba en primer lugar del sembrador ni de las vicisitudes de su operación, ni de los diversos suelos. Pero todos estos en combinación proporcionaron el análogo para la inexorable e irrenunciable continuidad y plenitud de la creación de la cual el hombre es parte. La parábola ofrece una visión de la vivacidad o exuberancia selectiva de la vida frente a su amplio fracaso.

1.4 Aceptando tal lectura o audición de la parábola como una respuesta profunda no sofisticada, ¿qué se puede decir acerca de ella como un vehículo de lenguaje? ¿Cuál es la correlación entre forma y comunicación? ¿Qué observaciones sobre su retórica o estructura lingüística ayudarían a explicar su poder y desentrañar su enfoque real? Las interpretaciones inadecuadas de la parábola ciertamente están relacionadas con la falta de atención a sus características literarias.

Si no se lee como una forma distintiva o un todo artístico, se introducen motivos ajenos al contexto más amplio del evangelio o del capítulo. Así que uno es llevado a la alegorización ilegítima (de la continuación, Marcos 4:13ss.) oa la búsqueda de alguna enseñanza esotérica (Marcos 4:11-12), o de luz directa sobre el maestro y su obra. Si la parábola no se capta como una metáfora (ampliada), el lector buscará una enseñanza o un tema en lugar de un golpe revelador de intuición.

1.5 Ese choque de intuición está relacionado tanto con la forma estética del enunciado como con la receptividad del oyente. Por eso hablamos tanto de lo “poético” como de lo “semántico” de los textos del Nuevo Testamento. Los dos están relacionados. Una parábola o un dicho o una oración tienen una forma dada porque han sido formados de esa manera durante mucho tiempo entre los interesados ​​que, por lo tanto, están listos para escuchar algo en tal o cual patrón

El medio ya localiza la comunicación. Si el patrón y el estilo están asociados con la intuición visionaria más que con la instrucción o el mandato, entonces el oyente le presta atención de esta manera y expectativa. El tono de voz del orador favorecería esta recepción. (Solo cuando nuestra parábola estaba en forma escrita invitaba al tipo de escrutinio fragmentario que conducía a la alegoría y se leía como paraenesis).

II. Señales y factores de respuesta

2.1 La forma más sencilla de explorar la dinámica de nuestra parábola es preguntar qué hay en ella como «palabras» que la harían interesante para el oyente o captarían su atención. (Podemos omitir aquí la identidad del hablante.) Primero, es una historia; es narrativo con el atractivo mundial de «¿qué pasó?» «¿Qué pasó después?» «¿Cómo resultó?» En segundo lugar, es una especie de acertijo o acertijo con el atractivo similar de «¿qué significa?» «¿A qué se refiere?» En tercer lugar, es una forma convencional o artística, que suscita una expectativa de importancia especial así como un deleite en el habla feliz.

Cuarto, evoca asuntos familiares en locuciones y persuasión totalmente apropiadas. Una audiencia iniciada se deleita en el detalle mimético exacto, en la actualidad convincente, al igual que su atención se pierde por cualquier falta de verosimilitud en este tipo de narrativa. Quinto, el medio estético o forma de género eleva el nivel diurno de la acción a otro contexto, con nuevos matices.

(Una metáfora es una “transacción entre contextos”—I.A. Richards; que, por lo tanto, por la tensión creada excita una atención más profunda.) Una forma estética dinamiza su materia prima, ya sea la percepción ordinaria o el sentimiento generalizado, convirtiéndolos en visión, actuando así como una especie de prisma. (Compare el tenor de la parábola con el caso en que un campesino simplemente informaría la secuencia equivalente de sus operaciones a un vecino como un tema de conversación pasajero).

2.2 Pero hay otros niveles más profundos en el lenguaje de la parábola que deben tenerse en cuenta al tratar con su poder de comunicación. Existen correspondencias entre sus rasgos retóricos y la respuesta humana más allá de las citadas. Aquí es donde nos encontramos con la discusión contemporánea de las estructuras con respecto a la lengua y la literatura.

2.21 Más cerca de la superficie, en las anécdotas y ficciones bíblicas, encontramos características comunes a la narración de historias en cualquier parte del mundo («leyes del estilo épico», etc.). Al igual que en los cuentos populares e infantiles encontramos brevedad, unidad de perspectiva, limitación del número de figuras o agentes, uso del discurso directo, desarrollo serial, regla de tres, repetición de elementos y fórmulas, oposición binaria y resolución muchas veces por inversión.

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