La parábola del mayordomo injusto (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

El sentido impersonal ilustra bien la situación desesperada del mayordomo. Hay una ironía situacional en el hecho de que el mayordomo que acaba de ser excluido de su empleo debido a un comportamiento poco confiable ahora usa los mismos medios que fue sorprendido explotando. Lo hace para asegurarse un lugar donde pueda ser recibido por otros que puedan garantizarle una vida similar a la que él está acostumbrado a disfrutar.3

El pánico del desempleo y la idea de ser descubierto en su plan explican la prisa del mayordomo en hacer frente a la deuda, los convoca individualmente debido a la necesidad de mantener el secreto,4 y lleva a cabo sus transacciones, sin saludos formales grabados ni charlas para desviar la atención de la acción. Los dos incidentes en los que actúa como representante de todos los deudores de su amo se ajustan a un patrón. Primero pregunta cuánto debe cada uno.

Dado que es poco probable que el administrador desconozca por completo el estado de la cuenta del deudor, esta información pronostica para el oyente el alcance potencial de la actividad del administrador.5 Luego, el administrador le dice al deudor que se siente rápidamente y cambie la forma de la deuda, no duda escrita de puño y letra de cada deudor.

La insistencia del mayordomo mantiene una tensión dramática. El mayordomo está trabajando contra dos relojes, de ahí su recordatorio de que lo que se hace debe hacerse rápidamente, porque está tratando de completar sus acciones antes de que su amo sospeche y antes de que los deudores sepan que ya no está funcionando en una capacidad oficial. Los comentaristas hablan mucho de qué tipo de deuda está en cuestión, qué tan grandes son las sumas adeudadas, qué tan grandes son las reducciones y por qué los deudores las escriben con sus propias manos. Estos detalles son secundarios.

El factor importante es que las cantidades sean lo suficientemente grandes y reducidas en una medida lo suficientemente grande1 para que el mayordomo tenga derecho a ser recibido en agradecimiento por los deudores. El lector no debe preocuparse por el papel que juegan los deudores en la reducción de sus deudas,2 aunque sí debería preocupar el hecho de que tienen complicidad en el hecho. O bien creen de buena fe que el mayordomo sigue estando facultado para actuar3, aunque deberían desconfiar un poco de una reducción tan radical y precipitada.

O bien, incluso si sospechan que algo anda mal, también son lo suficientemente deshonestos como para aprovecharse de la situación.4 Pero esto es de esperarse de los hijos de esta edad.

El versículo 8 es el quid reconocido de la parábola.5 La confirmación de que el mayordomo ha actuado deshonestamente se presenta mediante el discurso del señor como τὸν οἰκονόμον τῆς ἀδικίας vinculado con una declaración causal (el primer ὅτι) que se refiere a sus acciones inmediatamente anteriores. Mientras que la mayoría de los intérpretes ven el genitivo como adjetivo o como un genitivo de calidad, posiblemente de trasfondo semítico6, hay buenas razones para verlo como causal u objetivo1. un sustantivo verbal que es afín a la forma verbal usada en el v. 2 (la forma sustantiva y otras afines se usan en los vv. 1, 2, 3, 4).

Pero, ¿quién es el señor que alaba al mayordomo en el v. 8?2 Krämer ha resumido los argumentos para considerar que se refiere al señor de la parábola o al señor, Jesús.3 Pueden evaluarse de varias maneras. Lingüísticamente,4 dejando de lado por el momento la cuestión del contenido de las declaraciones del señor en el v. 8, los argumentos se basan claramente en que el señor es el amo de la parábola. Primero está la referencia al maestro en los vv. 1–7, incluyendo ἄνθρωπός τις, ὅς, y αὐτῷ en v. 1, ὁ κύριος en v. 3, y τοῦ κυρίου ἐαυτοῦ y τῷ κυρίῳ en v. 5, estableciendo una clara presunción que el κύύος en v. 8 debe ser V. el maestro de la parábola.

No hay indicación lingüística, aparte de la dificultad con el v. 8b, de que haya ocurrido un cambio. En segundo lugar, como indica Bailey, el uso absoluto de κύριος en las parábolas de Lucas no se refiere claramente a Jesús, como algunos han postulado, sino que se divide por igual entre la referencia a Jesús y al señor de las parábolas. discurso indirecto en el v. 9 después del discurso indirecto en el v. 8, un fenómeno conocido en el griego bíblico y extrabíblico. 25:5, con φησί),7 pero Lc. 16: 9 tiene palabras claras de introducción pronunciadas por Jesús: 1 ‘y yo os digo’, con ‘a vosotros’ (ὑμῖν) enfáticamente colocado, destacando así un contraste entre el hablante y los oyentes.

Sobre la base del contenido, las razones son igualmente poco convincentes para suponer que el señor es Jesús. Primero, habría un final abrupto e inadecuado para la parábola, con el maestro de la parábola introducido pero eliminado sin reaparecer para terminar su acto de despedida instigado.2 Segundo, existe un acuerdo generalizado de que ni el maestro de la parábola ni Jesús podrían alabar el comportamiento del mayordomo.

Esto ha llevado a varias soluciones mencionadas anteriormente, con respecto al elogio de la previsión del mayordomo aunque no su comportamiento real, o la reconstrucción de los antecedentes de modo que el elogio se debe a que el mayordomo injusto se ha convertido repentinamente en el mayordomo justo.

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