La parábola del buen samaritano un ensayo de investigación estructural (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

IV. La cuestión del vecino

6.0. Sin embargo, queda una pregunta sin resolver. Esa es la que plantea el paso de lo activo a lo pasivo en la doble formulación del problema de quién es el prójimo. Mientras la pregunta del abogado está en activa, la de Jesús está en pasiva:
¿Quién es mi prójimo?
¿Quién resultó ser el prójimo del herido?

6.1. Ciertos comentaristas han tratado de resolver el problema tratando lo pasivo como activo: ¿a quién consideraba el samaritano como su prójimo? O, jugando con las peculiaridades del verbo arameo. O, finalmente, por considerar que la segunda pregunta es el resultado de un error gramatical.

6.2. Estas hipótesis no pueden ser excluidas a priori. Pero el análisis estructural toma el texto tal como lo encuentra e intenta abordar las cuestiones que plantea el texto tal como está. ¿Cómo podemos abordar la cuestión que se plantea aquí?

6.3. Digamos, en primer lugar, que la parábola gira en torno a diferentes cuestiones sobre la cercanía:
Los bandidos se acercan al herido para despojarlo;
El sacerdote y el levita se apartan del hombre que ven herido:
El samaritano se acerca al hombre para ayudarlo.

Estos diferentes movimientos se traducen en el texto griego por dos verbos que muestran la oposición mucho mejor que en las traducciones anteriores: προσέρχομαι (proserchomai, acercarse) y ἀντιπαρέρχομαι (antiparerchomai, pasar de largo).

6.4. Estos dos movimientos hacen del hombre herido el centro de la narración. Son las diferentes relaciones con él las que van a ser la base del juicio de valor al final del discurso. Esta centralidad refleja fuertemente el hecho de que, en el diagrama actancial, el hombre es el Sujeto de la búsqueda tanto como su Objeto. Él “actúa” en la narración en el sentido de que es a su alrededor donde se distribuyen las funciones Ayudante/Oponente.

6.5. Este papel activo del herido a menudo se ve oscurecido por un prejuicio, un prejuicio que tal vez comparte el abogado, a saber, que el prójimo es necesariamente inferior ya que es a él a quien hay que ayudar, ¡fuera de nuestra generosidad o bondad de oír! Pero en todo el género narrativo, el Sujeto nunca es “inferior”. Nunca es un objeto inerte por el que luchan los Ayudantes y los Oponentes. Si nuestro texto parece desobedecer esta regla, es porque se posterga la acción del Sujeto. El herido está, en el relato, en una posición de suspenso, esperando el sentido que el discurso le va a dar. Hemos dicho varias veces que el discurso incluye la narración de la parábola de tal manera que cada uno se refiere al otro.

6.6. Más adelante, el hombre va a recuperar su fuerte posición de actante, en su reconocimiento del “prójimo” en el samaritano que le salvó la vida. Si bien esto no se dice explícitamente en la narración, está implícito en el discurso.

Al decir: «¿Cuál de los tres resultó ser el prójimo del hombre que cayó en manos de los bandidos?» Jesús sugiere un final de la historia que no hace falta situar en el plano narrativo, ya que, por una transposición que ya hemos señalado, es el propio abogado quien, al reconocer en la samaritana al “prójimo” (aunque todo lo relativo a esta este último lo repelió en lugar de acercarlo) se le va a decir que vaya y actúe de la misma manera, que ejerza misericordia, que “sea samaritano”.

La invitación a la misericordia toma aquí su sentido de la inversión que se acaba de afirmar. Al ejercer la misericordia, reconoce a tu prójimo en aquel que te repele pero que, sin embargo, se acerca a ti, al contrario de aquellos a quienes estás cerca pero que se han alejado de ti.

6.7. Así, el abogado está, al mismo tiempo, en la posición del samaritano (“haz lo mismo”) y también en la posición del herido:

un). en la medida en que asume la posición de samaritano, debe mostrar misericordia a todos los hombres, incluso a aquellos que son diferentes a él y están separados de él por la cultura;
b). en cuanto que el samaritano es su prójimo, en el acto por el cual lo rescató, se le dice que ame a su prójimo al que no ha elegido y que, por casualidad, le ha salvado la vida.

6.8. Así, el amor al prójimo debe tomarse de dos maneras, porque un acercamiento es siempre un asunto de dos vías. Acercarse es acercarse a otro y acercar al otro a ti.

6.9 Es este complejo conjunto de relaciones el que paradójicamente se expresa mediante la inversión de la pregunta sobre la vecindad en 10:36 y el “haced lo mismo” de 10:37. Esto confirma y completa el significado de “como a ti mismo” en 10:27 que implica una relación de uno mismo con uno mismo. Hemos visto, sin embargo, que esta relación pasa por el “prójimo”; implica, no sólo: amarte a ti mismo como amas a tu prójimo, sino también: amarte a ti mismo como te ama tu prójimo.

Debemos detenernos en este punto, donde pasamos del descubrimiento del sentido a la “recuperación del yo”, para usar la luminosa expresión de Paul Ricoeur. El movimiento de uno a otro puede estar preparado para nosotros por el análisis estructural, pero el movimiento mismo está más allá de su esfera y de su poder.

Publicada el
Categorizado como Estudios