La parábola del buen samaritano un ensayo de investigación estructural (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

3.7. Llegamos ahora a la mención de Jerusalén y Jericó. Estos pertenecen al código topográfico, poco frecuentes en nuestro texto, pero muy frecuentes en la obra y en el corpus, como también en el contexto inmediato (9:51). En muchos sentidos, estas palabras también podrían entrar en el código simbólico, por no hablar del código cultural, si las pensáramos no solo como referencias geográficas sino también como alusiones a lugares llenos de significado histórico y escatológico, es decir, si son metonimias o metáforas de otras unidades de significado.

3.8. La mención de “al día siguiente” (35) podría pertenecer a un código cronológico, atestiguado débilmente en el texto pero bastante fuerte en el contexto inmediato: Cuando llegó el tiempo (9:51), después de eso… (10:1), Jesús estaba orando un día (11:1).

3.9. El código simbólico, del que hablábamos antes, está presente a través de la mención de “acercamientos” y “retiradas” que recorren todo el texto: ¿Quién es mi prójimo, es decir, quién está cerca de mí? El samaritano “se acerca” mientras el sacerdote y el levita se alejan. De ahí la pregunta: ¿Quién ha sido el prójimo? Muchas narraciones tienen referencias al espacio que tienen una función simbólica.

Encontramos otro ejemplo en el contexto inmediato donde Jesús sube y baja del monte de la transfiguración, anotación que es corroborada por 9:18: Jesús oraba solo. Esta forma de referirse al espacio implica la superposición de un espacio simbólico sobre un espacio geográfico, y propone así la lectura del texto en dos niveles sucesivos.

3.10. El código fático sólo aparece una vez en nuestro texto, si es que aparece. Podría adjuntarse a la frase: ὀρθῶς ἀπεκρίθης (28), si lo traducimos como: ¡Bien hecho! Esto significaría que sería el equivalente de expresiones como: ¡Bien! ¡De acuerdo!, que nos recuerdan las “bisagras” que se encuentran frecuentemente en los diálogos de Platón. Pero me inclino a pensar que la traducción: “Has respondido bien”, es una respuesta a la pregunta en 10:26, y por lo tanto no puede ser solo una pausa en la conversación para generar suspenso. Esto lo excluye del código fático.

3.11. Siguiendo en la misma línea, el código retórico también es muy poco utilizado, aunque está mejor atestiguado que el código fático. Se ve, en primer lugar, en un lenguaje redundante: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees allí? Esta duplicación es una marca del estilo oratorio. También pertenece a este código la serie de preguntas: ¿Qué está escrito?

Está escrito: ¡Amarás… a tu prójimo! ¿Quién es mi prójimo?
Este método de procedimiento se llama «explicación» (explétion) en retórica.

3.12. Finalmente, la estructura misma del texto introduce el código metalingüístico. Me refiero, por supuesto, a la estructura aparente ya que aún no conocemos la estructura real. Metalenguaje es el término que se aplica al lenguaje sobre el lenguaje, es decir, al comentario. Claramente, la parábola es un comentario, a su manera, sobre la palabra: prójimo. En nuestro texto, debe notarse la relación del código metalingüístico con el código hermenéutico. La interpretación de una palabra en la pregunta se hace en un idioma diferente.

3.13. No podemos dejar de notar la ausencia del código onomástico. No aparece ningún nombre propio excepto el de Jesús, que aparece al final (10:37). Pero esta ausencia está cargada de significado. Todos los actantes son designados por sus funciones; nadie se identifica por su nombre propio. No son personas, usando la palabra en el sentido moderno, sino roles, lo que el texto pone en juego.

3.14. Si consideramos sólo la importancia relativa de estos códigos, no creo que nos equivoquemos mucho al plantear la hipótesis de que es en torno a los códigos sémicos y de acción que va a girar todo el texto. Y ya hemos visto que estos dos códigos están recíprocamente relacionados. Los otros códigos, y principalmente el código cultural, pueden matizar y complicar un poco el camino del significado.

Pero es muy probable que este último quede esbozado por la relación entre la acción y el código sémico, ya que, como hemos visto, la parábola, perteneciente al género narrativo, y por tanto actancial, es el metalenguaje de la palabra “. prójimo” y por lo tanto tiene una fuerte inversión de significado.

En efecto, la palabra “prójimo” va a servir de pivote a todo el texto, ya su alrededor se distribuirá todo.

IV. La Estructura Sémica

4.1. El texto está construido de modo que tres preguntas y tres respuestas se incluyen en una pregunta inicial que aparentemente no recibe respuesta.
UNA.
Pregunta inicial: ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?
UN*.
Respuesta final: Sin respuesta aparente.
B.
Primera Pregunta: ¿Qué está escrito en la Ley?
B*.
Primera Respuesta: Está escrito: Amarás… a tu prójimo.
C.
Segunda pregunta: ¿Quién es mi prójimo?
C*.
Segunda Respuesta: La parábola.
D.
Tercera pregunta: ¿Quién crees que fue prójimo?
D*.
Tercera Respuesta: El que mostró misericordia.

Este diagrama necesita ser completado. Empezamos con dos observaciones.

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