La parábola del buen samaritano un ensayo de investigación estructural (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Cabe señalar que estos términos se distribuyen como opuestos dentro del texto de un lado, el abogado, del otro el Maestro; por un lado el sacerdote y el Levite, en el otro el samaritano y el hotelero; de un lado los bandoleros, del otro «el uno que mostró misericordia»…
Así se completan algunas de las posiciones del diagrama actancial:
Oponentes: los bandidos;
Ayudantes: el samaritano, el encargado del hotel;
No-oponentes, en-elpers: el sacerdote y el levita.

3.2. El verbo “levantarse” es el primer elemento de un código de acciones, en el que agrupamos todo lo relacionado con el movimiento: leer (26), replicar (27), decir (28), justificar, diciendo (29), bajar (30), caer entre (30), desnudar (30), irse (30), bajar (31), acercarse a (32–33), acercarse (34), vendar las heridas (34), verter aceite y vino (34), levantar (34), tomar (34) cuidar (34), dar dinero, cuidar, pagar , volver (35), ser prójimo de (36), mostrar misericordia, ir, hacer (37).

Los pares de opuestos de este código, cuando se vinculan entre sí, sostienen prácticamente todo el argumento del relato y marcan los caminos del sentido.

3.3. “Para poner a prueba” (ἐκπειράζω). Este es un ejemplo del código anagógico. Ponemos bajo este código todo lo que dice algo sobre lo que se cuenta o relata. El texto se considera aquí como una trampa para atrapar al actante principal. El código anagógico no es necesariamente normativo. Controla la lectura del texto (normalmente como propia del autor) pero esto no excluye la posibilidad de que del análisis puedan resultar otras lecturas del texto, lecturas que el autor no vio ni quiso.

3.4. “Heredar la vida eterna”. Aparece aquí uno de los códigos más importantes del texto, el código sémico, en el que vamos a encontrarnos con todos los términos y expresiones que sembran un campo de sentido coherente: estar escrito en la Ley (26), leer la Ley (26), amar al Señor con todo el corazón, el alma y las fuerzas, amar al prójimo como a uno mismo (27), hacer eso y vivir (28), querer justificar (29), ser el prójimo (36), para mostrar misericordia (37). Lo que caracteriza al código sémico es que constituye una unidad de significados más que de significantes. Es una unidad a nivel de significado, mientras que otros códigos, por ejemplo, el código cultural, necesitarán ser interpretados.

Aquí, los significados se unen entre sí por la implicación que cada uno tiene para el que le sigue:
La vida eterna implica la Ley;
La Ley implica amor a Dios y al prójimo;
Vecino implica su propia definición;
La definición de prójimo implica misericordia.

Las partes que componen este código, juntas, constituyen un discurso completo, que es interrumpido por la historia del hombre que cayó entre ladrones.

En su relación con el discurso, se puede decir que la narración es metafórica porque expresa, en el nivel de la narración, un aspecto importante del discurso. “Metaforiza” las expresiones: amar al prójimo, mostrar misericordia. Pero estas dos expresiones están ellas mismas en la relación de metonimia: tener misericordia es una metonimia de: amar al prójimo.

Así, el código sémico está en relación recíproca con el código de acción. El relato es al discurso lo que lo concreto es a lo abstracto, lo que la imagen es al enunciado, lo que la fábula al aforismo. Aparte de esto, y lo abordaremos más adelante, al final de la narración la palabra prójimo va a sufrir un cambio radical respecto de la relación emisor-receptor que anunciaba al principio. El objeto del discurso se convertirá en el sujeto de la narración:

¿Quién es mi prójimo? (29) ¿Quién crees que era prójimo? (36)

3.5. Ya hemos llamado la atención sobre el código narrativo con el Καὶ ἰδού que abre el texto (25). Otros elementos de este código son: le dijo, le contestó (26,27), queriendo justificarse (29), Jesús contestó (30), y al día siguiente (35), Jesús le dijo (37).

3.6. El texto también saca a la luz un código hermenéutico en el que encontramos todo un complejo de preguntas: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees ahí? (26), ¿Y quién es mi prójimo? (29), ¿Quién crees que fue prójimo? (36). Este código se llama hermenéutico, porque introduce interpretaciones de, en este caso, la Ley y la parábola. De paso, debe decirse que no hay inconveniente en poner la misma palabra o la misma expresión en dos códigos diferentes al mismo tiempo. Un código no es un campo léxico o semántico, aunque una palabra puede pertenecer a varios campos léxicos o semánticos, en virtud de su pluralidad de sentido (polysémie).

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