La gran concepción falsa (Parte 10) – Estudio Bíblico

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Esta unicidad encuentra su origen en la misericordia de Dios, y por eso encuentra su verdadera expresión no en el aislamiento del mundo, sino en la vuelta hacia el mundo.39 En eso la Iglesia se asemeja a su Padre celestial, que hace que su sol levantarse sobre malos y buenos por igual (Mat. 5:45).
Constantemente consciente de haber sido llamada a salir de las tinieblas, la Iglesia no puede dejar de preocuparse por la conversión de los demás, por más alejados y perdidos que estén. Esto de ninguna manera implica un debilitamiento de la distinción entre el bien y el mal fe e incredulidad, Iglesia y mundo.

Más bien, la Iglesia, por la gravedad de esta antítesis, sale al mundo para dar testimonio. No lo hace desesperada de que el mundo no pueda salvarse, pues entonces olvidaría su propia condición perdida anterior y la elección soberana de Dios que la llamó de sus tinieblas a su luz admirable. Todo rastro de una antítesis orgullosa y legalista está ausente aquí.

Es reemplazado por un fervor apostólico que nunca y en ninguna parte se generaliza sino que, en la antítesis, se sabe compelido por el amor de Cristo (2 Cor. 5:14). Cuando Pedro llama a la Iglesia un linaje elegido que debe mostrar las excelencias de Dios, entonces agrega el profundo y significativo recordatorio: “que en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois pueblo de Dios; que no habíais alcanzado misericordia, sino ahora has alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:10).

Y cuando la Iglesia de Cristo entiende su elección, no como un fatum o un dominium absolutum, sino como un soberano, misericordioso. elección inmerecida, entonces entiende también su servicio al Señor en el mundo, servicio que está indisolublemente ligado a su elección.40 Todos los términos del vocabulario cristiano vuelven ahora; ciertamente pro rege y soli Deo gloria, sin importar cuán a menudo se use mal.

Sin duda, las palabras pueden usarse descuidadamente, y solo parecen parecerse al verdadero espíritu apostólico debido a una comprensión incorrecta de la elección. Pero, por otro lado, también pueden ser usados ​​legítimamente en la vida cristiana cuando la elección se entiende correctamente. La vida cristiana encuentra su expresión en la elección porque encuentra en ella, en Cristo, su origen.

Todo el anhelo del Antiguo Testamento por la salvación de las naciones se cumple aquí. Aunque la antítesis se convierte en una realidad opresiva para la Iglesia, en la forma horrible del matrimonio por amor de Cristo, aun así la Iglesia no se llena de desesperación por el mundo. Está lleno, más bien, de espera e intercesión por su salvación en Aquel que vino a buscar lo que se había perdido.

Sólo por la realidad de la salvación en Cristo es posible vivir de la elección de Dios, encontrar en ella consuelo y saberse llamado. Cuando la elección se entiende correctamente, entonces no provoca un sentimiento natural, sino una preocupación sincera por la oscuridad de una vida que abandona a Dios. No conozco declaración más clara a este respecto que la que hace Pablo cuando, llorando, dice de los “otros” que son enemigos de la cruz de Cristo (Fil. 3:18); enemigos: esa es la palabra que revela la antítesis en su cruda realidad.

Por ser enemigos, su fin será la perdición, pero incluso frente a esa oscuridad se habla el “nosotros” de Pablo, también con respecto al fin, la espera escatológica de Jesucristo (Fil. 3:20). Pero él habla esta palabra acerca de los enemigos con lágrimas. Contiene a la vez “un doloroso llanto” y una “feroz ira”,41 y precisamente ahí reside la unidad de la antítesis y de la preocupación en la vida de Pablo, que se sabe objeto de la misericordia divina y que en otra parte dice que Cristo murió por nosotros cuando aún éramos enemigos (Rom. 5:10).

En este capítulo hemos discutido ese malentendido de la elección que transpone el misterio de la elección soberana y misericordiosa en una pretensión que contradice flagrantemente esa elección misericordiosa.
Este concepto erróneo no es de ninguna manera solo un error intelectual que no ve las correlaciones en la Palabra de Dios.

Al contrario, esta concepción errónea es una revelación de la astucia del corazón del hombre por la cual el misterio del amor de Dios, de su gracia soberana, se transpone a una forma de pensar y de vivir en la que el hombre encuentra una excusa para no vivir ya exclusivamente por la gracia de Dios. En esta mala interpretación el hombre lo apuesta todo. Puede conservar la apariencia de que está lleno de celo por el apostolado, la misión y la universalidad de la Iglesia, pero la salvación que da sentido y valor a estas cosas ha sido eliminada.

La doctrina de la elección de Dios es verdaderamente no sin razón llamada el corazón de la Iglesia.42
Esta doctrina a menudo ha sido mutilada e interpretada especulativamente en detrimento de muchos, pero cuando hayamos visto a través de esta deformación entonces desearemos proceder con mucho cuidado.

Tendremos que darnos cuenta de que muchos peligros amenazantes rodean este “corazón” de la Iglesia. Precisamente cuando hay tergiversaciones, existe el peligro de la reacción vehemente. La historia del dogma de la elección podría describirse en gran parte en términos de esta reacción.

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