La función narrativa (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

6.10 Así, ahora estamos preparados para formular la tesis central de este ensayo: tanto la historia como la ficción se refieren a la acción humana, aunque lo hacen sobre la base de dos afirmaciones referenciales diferentes6. Sólo la historia puede articular su pretensión referencial de conformidad con reglas de evidencia comunes a todo el cuerpo de la ciencia. En el sentido convencional atribuido al término “verdad” por el conocimiento de este cuerpo de ciencia, sólo el conocimiento histórico puede enunciar su pretensión referencial como pretensión de “verdad”.

Pero el significado mismo de esta pretensión de verdad se mide en sí mismo por la red limitante que rige las descripciones convencionales del mundo. Es por esto que las narraciones ficcionales pueden afirmar una pretensión referencial de otro tipo, apropiada a la referencia escindida del discurso poético.

Esta pretensión referencial no es otra cosa que la pretensión de redescribir la realidad según las estructuras simbólicas de la ficción. Y la pregunta, entonces, es preguntarse si en otro sentido de las palabras «verdadero» y «verdad», la historia y la ficción pueden decirse que son igualmente «verdaderos», aunque de maneras tan diferentes como sus afirmaciones referenciales.

7. Narratividad e historicidad

7.1 Este doble análisis preparatorio —de la historia como ficción y de la ficción como mimesis— nos ha llevado al umbral de nuestra tercera afirmación, es decir, que la referencia de la historia y la referencia de la ficción se cruzan en el plano de la historicidad básica de la experiencia humana.

7.2 Esta afirmación no anula la diferencia entre los modos referenciales específicos de la historia y la ficción: la referencia indirecta del primero “a través” de huellas, documentos, archivos; el carácter escindido de la referencia ficticia gracias a la epoché de la referencia del lenguaje ordinario. Este enunciado no sólo no cancela la diferencia, sino que la hace funcionar precisamente como diferencia. ¿Cómo?

7.3 Una meditación más ontológica que epistemológica sobre la historicidad que no puedo desarrollar aquí, mostraría que esta condición histórica presenta algunos rasgos específicos que explican que la historicidad de la experiencia humana sólo puede ser llevada al lenguaje como narratividad y que esta misma narratividad requiere nada menos que la interacción entrecruzada de los dos modos narrativos. Se dice historicidad en la medida en que contamos tanto relatos como historias.

En pocas palabras, si nuestra condición histórica requiere nada menos que la combinación de nuestros dos modos narrativos principales para ser dicho, es debido a la naturaleza misma de nuestra experiencia como seres históricos. En esta experiencia, la relación entre sujeto y objeto es, por así decirlo, socavada. Somos miembros del campo histórico como narradores, novelistas e historiadores. Pertenecemos a la historia antes que contar historias y escribir historia.

El juego de lenguaje de contar está implicado en la realidad que se cuenta. Esto puede explicar, como ya he sugerido, por qué la palabra historia conserva en muchos idiomas la ambigüedad del significado tanto del curso de los acontecimientos narrados como del relato de los mismos. Ambos momentos se pertenecen el uno al otro. Según una expresión críptica de Gadamer, las historias que contamos y las historias que escribimos pertenecen a la “historia de la eficiencia” de lo sucedido, a la Wirkungsgeschichte de la historicidad misma.

7.4 Esta estrecha relación entre la actividad de contar y la experiencia histórica de la que forma parte, puede explicar por qué se requiere el juego de dos géneros narrativos y de sus modos referenciales para articular esta experiencia. A su vez, estos modos referenciales pueden cruzarse en la historicidad en la medida en que cada juego narrativo comparte algo de la intencionalidad del otro. Mi argumento, entonces, es que es en este intercambio entre la historia y la ficción y entre sus reclamos referenciales opuestos que nuestra historicidad se lleva al lenguaje.

7.5 Esta intersección entre intencionalidades puede aparecer más claramente si pasamos de una investigación de procedimientos y métodos a una investigación que atienda a los intereses que rigen dicha metodología. Por interés entiendo exactamente lo que Kant quiso decir cuando planteó la cuestión de los diferentes intereses de la razón implicados en la tesis de una causalidad libre y la antítesis de la causalidad necesaria. Un interés no es simplemente un factor psicológico. Se trata de las metas que orientan una actividad cognitiva.

7.6 Si buscamos los intereses que animan la investigación histórica, obtenemos una respuesta mucho más sofisticada que si simplemente consideramos su metodología en abstracción. Un concepto convencional de objetividad común a las ciencias naturales y sociales puede satisfacer la investigación de primer orden sobre la metodología, pero este ya no es el caso para una investigación de segundo orden sobre los intereses. Entonces, el puro interés por los hechos parece ir unido a otro interés más arraigado que quisiera llamar, siguiendo a Habermas, interés por la comunicación.

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