La función narrativa (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

Este ensayo esboza una teoría general del discurso narrativo que incluye tanto la narrativa histórica como la ficticia. En el nivel del sentido, tanto la narrativa histórica como la ficcional comparten una forma común, la forma del relato, que es anterior en la escritura de la historia a la búsqueda de leyes enfatizada por Hempel. En el nivel de la referencia, en una forma de definir la referencia, la narrativa histórica se refiere a eventos fuera de la narrativa como no lo hacen las narrativas ficticias.

Pero tanto los relatos históricos como los ficcionales tienen en común una referencia transversal, una referencia a la historicidad, al hecho fundamental de que hacemos nuestra historia y somos seres históricos. Se analizan las diferentes expresiones de esta referencia fundamental, tanto en términos de la relación entre reconstrucción imaginativa e historicidad de la historia, como en términos de la relación entre referencia escindida e historicidad de la ficción. Podemos decir que la historia, al abrirnos a lo diferente, nos abre a lo posible, mientras que la ficción, al abrirnos a lo irreal, nos abre a lo esencial.

0.1 Mi objetivo en este ensayo es esbozar una teoría general del discurso narrativo que incluiría las narrativas «verdaderas» de los historiadores, así como las historias «ficticias» de narradores, dramaturgos y novelistas. Lo que está en juego es la capacidad de delinear el acto narrativo que es común a estos dos amplios tipos narrativos. Para usar el vocabulario de Wittgenstein, si narrar constituye un “juego de lenguaje” único, y si “un juego de lenguaje es parte de una actividad o forma de vida” (23), entonces la pregunta es: ¿A qué forma de vida se refiere el discurso narrativo? tomado como un todo se refieren? Responder a esto es lo que llamo indagar sobre la función de la narración.

0.2 La indagación puede desarrollarse en dos niveles diferentes pero interconectados: en el nivel del sentido y en el nivel de la referencia. En el primer nivel, lo que está en juego es saber si la historia y la ficción comparten una estructura común, una forma común de ordenar las oraciones de manera discursiva. Este primer tipo de análisis ha mantenido y debe mantener un carácter formal.

En el segundo nivel, la cuestión es si, a pesar de las evidentes diferencias en las formas en que la historia y la ficción se refieren a la realidad —cualquiera que sea el significado de esa palabra—, no se refieren, cada una a su manera, al mismo rasgo fundamental de nuestra existencia individual y colectiva, es decir, al rasgo caracterizado por muy diversos filósofos como historicidad, si entendemos por esa palabra el hecho fundamental y radical de que hacemos nuestra historia, que estamos en la historia, que somos seres históricos.

El problema último es, por tanto, mostrar de qué manera la historia y la ficción contribuyen, gracias a su estructura narrativa común, a la descripción y redescripción de nuestra condición histórica. En una palabra, lo que está en juego en última instancia en nuestra investigación es la correlación o la implicación mutua de la «narratividad» y la «historicidad».

I. La unidad estructural de las narrativas históricas y ficticias
1.01 Sería erróneo suponer que la unidad estructural de las narraciones históricas y ficcionales se establece más fácilmente que su referencia común (o, como diré más adelante, que su referencia cruzada) a nuestra condición histórica. De hecho, el concepto mismo de narratividad ha sido cuestionado.

1.02 Se han planteado fuertes argumentos, del lado de la historia, en contra de la idea de que la historia es, en última instancia, narrativa. Pero también del lado de las narraciones ficcionales se ha negado que lo cronológico sea la dimensión irreductible de la narración. La primera paradoja que hay que afrontar es, por tanto, que la narratividad, supuestamente atribuible tanto a las narraciones históricas como a las de ficción, debe reivindicarse de forma independiente a cada lado de la línea que divide estos dos amplios tipos narrativos.

La historia como narrativa

1.1 Entre los filósofos analíticos, la negación de que la historia sea, en última instancia, de carácter narrativo se remonta a los argumentos presentados por Carl Hempel en su famoso artículo, «La función de las leyes generales en la historia» (1942). Este ensayo no se dirige directamente al aspecto narrativo de la historia, que no era un tema central en ese momento. La tesis principal es que las leyes generales funcionan de manera análoga tanto en la historia como en las ciencias naturales.

Pero la negación de la especificidad narrativa de la historia resulta implícitamente de la afirmación de que la explicación histórica no difiere de la explicación física, en el caso de que esta última se refiera a eventos tales como un cambio de estados físicos, la ruptura de un embalse, un terremoto, etc. El argumento es el siguiente: cualquier evento singular puede deducirse de dos premisas

La primera premisa describe las condiciones iniciales: hechos antecedentes, condiciones predominantes, etc. La segunda premisa afirma una regularidad de algún tipo, una hipótesis universal que, una vez verificada, merece llamarse ley.

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