La forma narrativa (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

Esta inmanencia del sentido excluye toda función mimética. “Una narración no muestra nada, no imita. La pasión que nos influye… no es la de una visión, sino la del sentido, es decir, de un orden superior de relaciones que desarrolla su propia gama de emociones, esperanzas, amenazas y triunfos. Lo que sucede en las narraciones es, desde el punto de vista referencial, en realidad NADA.

Lo que sucede es sólo el lenguaje, la aventura del lenguaje, cuyo advenimiento se sigue celebrando” (“ ‘ce quiarribe’, c’est le langage tout seul, l’aventure du langage, no la place ne cesse jamais d’être fêtée” [1966:27]). Este texto expresa de la manera menos ambigua cómo una elección metodológica se convierte en una decisión dogmática.

La transición del primero al segundo puede expresarse como una preferencia por el código sobre el mensaje. Si el mensaje ha perdido su función referencial, sólo queda una posibilidad: el mensaje manifiesta sus códigos subyacentes. Barthes (1970) llega a decir que el mensaje es la mera cita (cita) de sus códigos subyacentes.
1.42 Este segundo paso es alentado por toda la obra de Claude Lévi-Strauss que toma el segundo camino que dejó abierto después de Propp.

En lugar de formalizar los episodios narrativos y preservar un factor diacrónico (como todavía lo hace Greimas), procedamos a una descronologización radical de la narración, extendiendo a las unidades de discurso más largas que la oración las reglas combinatorias que se han aplicado con tanto éxito en el nivel de unidades de lengua más cortas que la oración, los fonemas y los lexemas.

En otras palabras, tratemos los “textos” como análogos al sistema de signos que de Saussure llamó la langue en oposición a la parole.

Esta extensión del modelo estructural a los textos es un esfuerzo audaz. ¿No está un texto más del lado de la parole —o del habla— que del de langue? ¿No es una sucesión de enunciados, por lo tanto, en última instancia, una sucesión de oraciones? Estas preguntas muestran al menos que la extensión de un modelo estructural, tomado del nivel de la langue, y trasladado al nivel de la parole y del discurso, ya sea hablado o escrito, no agota el campo de todas las actitudes posibles en relación con un texto.

Por tanto, debemos tomar esta extensión del modelo lingüístico al dominio de los textos como una posible aproximación a la noción de texto. Este enfoque se basa en la presuposición general de que las unidades de orden superior a la oración están organizadas de manera similar a las pequeñas unidades de orden inferior a la oración, aquellas que pertenecen precisamente al dominio de la lingüística.

Claude Lévi-Strauss (1967: 206-207) formula esta hipótesis de la siguiente manera con respecto a una categoría de textos, la de los mitos: “El mito, como el resto del lenguaje, se compone de unidades constituyentes. Estas unidades constitutivas presuponen las unidades constitutivas presentes en el lenguaje cuando se analiza en otros niveles —a saber, fonemas, morfemas y sememas— pero, sin embargo, difieren de estas últimas de la misma manera que éstas difieren entre sí; pertenecen a un orden superior y más complejo. Por esta razón, las llamaremos unidades constituyentes brutas”.

Mediante esta hipótesis de trabajo, las grandes unidades que tienen al menos el mismo tamaño que la oración y que, en su conjunto, forman el relato propio del mito, podrán ser tratadas según las mismas reglas que las unidades más pequeñas conocidas a la lingüística. Es para insistir en esta semejanza que Lévi-Strauss habla de mitemas, del mismo modo que hablamos de fonemas, morfemas y semantemas. Pero para permanecer dentro de los límites de la analogía entre los mitemas y las unidades de nivel inferior, el análisis de los textos tiene que realizar el mismo tipo de abstracción que practica el fonólogo.

Para estos últimos, el fonema no es un sonido concreto, en sentido absoluto, con su cualidad acústica. No es, usando el lenguaje de Saussure, una “sustancia” sino una “forma”, es decir, un juego de relaciones. De manera similar, el mitema no es una de las oraciones de un mito, sino un valor opuesto asociado a varias oraciones individuales que forman, en términos de Lévi-Strauss, un «haz de relaciones».

“Es solo como paquetes que estas relaciones pueden usarse y combinarse para producir un significado” (207). Lo que aquí se llama sentido no es en absoluto lo que significa el mito, su contenido filosófico o existencial o su intuición, sino la disposición, la disposición de los mitemas, en una palabra, la estructura del mito.

Recordemos aquí brevemente el análisis que ofrece Lévi-Strauss utilizando este método del mito de Edipo. Separa las frases del mito en cuatro columnas. En la primera columna coloca todas aquellas frases que hablan de una relación parental sobreestimada (por ejemplo, Edipo se casa con Yocasta, su madre; Antígona entierra a Polinices, su hermano, a pesar de la orden de no hacerlo).

En la segunda columna se encuentran las mismas relaciones, pero con el signo contrario, una relación paterna menospreciada (Edipo mata a su padre, Layo; Eteocles mata a su hermano, Polinices). La tercera columna se ocupa de los monstruos y su destrucción. El cuarto agrupa todos los nombres propios cuyo significado sugiere una dificultad para caminar (pie cojo, torpe, hinchado).

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