La forma narrativa (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

1.251 Las funciones (Propp aísla treinta y una) son susceptibles de ser descritas, nombradas y signadas convencionalmente: ausencia, interdicción, violación, reconocimiento, entrega, fraude y complicidad, por nombrar sólo las siete primeras que, a los ojos de Propp , constituyen la parte preparatoria de la trama.

1.252 La acción está ligada a una función que Propp llama la travesura y que “da al relato su movimiento”. Antes de la travesura hay una situación inicial, aunque esta situación no es una función, todavía representa un «elemento morfológico importante». La noción de picardía es propiamente hablando una categoría creada por el propio morfólogo. Hoy lo llamaríamos una estructura de metalenguaje.

Le permite a Propp recopilar bajo un solo título la «lista exhaustiva» de formas tales como secuestro, robo, pillaje, violación, lesiones corporales, asesinato, etc. ¡de las cuales Propp cuenta al menos diecinueve formas! Por otro lado, la picardía no cubre todas las posibilidades de la trama. Tiene su paralelo en una situación de carencia —o penuria— que igualmente puede dar lugar a una búsqueda. Pero, en ambos casos, algo falta por carencia creada desde fuera (como en el secuestro) o desde dentro (como en la penuria).

1.253 A partir de la travesura se abre una secuencia que sólo se cerrará con la reintegración. De la travesura a la reintegración se desarrolla la búsqueda que trae al héroe-buscador y al héroe-víctima al escenario. Las acciones interpoladas constituyen cambios de trama como la llamada, despacho o partida del héroe, la revelación del mal, etc. (que pone en movimiento al héroe-buscador), y la detención, liberación secreta, canto lastimero, etc. (que conciernen al héroe-víctima).

Aquí está el comienzo de lo que aquellos que vienen después de Propp llaman la “lógica de las narrativas posibles”, una lógica que Propp todavía tomó al nivel de la historia única que subyace a todos los cuentos populares en su repertorio. Por eso Propp no ​​pudo distinguir claramente entre la serie que constituye la lógica de la acción y las concatenaciones propias del tipo de mitos que él consideraba. Tomadas en conjunto, las funciones constituyen un solo eje.

Es cierto, sin embargo, que Propp ya hablaba de “necesidades lógicas y estéticas” de la concatenación en virtud del principio de que ninguna función excluye a ninguna otra función y que todo el esquema funciona como una “unidad de medida”.

1.254 A pesar del carácter único de la concatenación, Propp aisló algunos modos de enlace entre las funciones que no son necesariamente de carácter sucesivo: intercambio entre diferentes personajes, triplicación (tres cabezas, tres tareas, tres hermanas), motivación —es decir motivos y fines de los personajes que constituyen un elemento menos determinado que las funciones y sus enlaces.

1.26 El paso decisivo lo marca el paso de las funciones a los personajes. Este paso está asegurado por el intermediario de las “esferas de acción”, y hay tantas esferas de acción como actores. Propp descubrió siete: el villano, el donante, el ayudante, la persona buscada, el despachador, el héroe, el falso héroe. Un personaje puede ocupar una o más esferas y la esfera puede estar dividida entre varios personajes.

Más allá de esto, cada personaje tiene su manera de salir al escenario: mostrarse, ser encontrado, ser parte de la situación inicial, etc. (una manera de presentar al héroe-buscador es su nacimiento milagroso, etc.). Como resultado de la relación entre funciones y personajes, los atributos de los personajes (sus cualidades exteriores) son valores variables (apariencia y nombre, particularidades de salida al escenario, hogar, etc.). Y un personaje puede reemplazar a otro según metamorfosis fijas.

1.27 Si eliminamos las variables y guardamos sólo las formas fundamentales, obtenemos el cuento popular del que todos los cuentos fantásticos son sólo variantes. Esta es la “protoforma del cuento fantástico”. Aquí nos reincorporamos a la tesis histórica de que “el cuento de hadas, en su base morfológica, es un mito”. Pero llegamos a esta conclusión por medio del análisis morfológico.

La definición morfológica del cuento de hadas se aplica a la protoforma: todo desarrollo comienza con alguna travesura o carencia y pasa por las funciones intermedias para terminar en un casamiento u otra función utilizada como desenlace. Y es sobre la base de esta forma canónica que Propp prevé abordar el problema del origen del cuento popular. “La uniformidad absoluta de la estructura de los cuentos fantásticos” parece en efecto postular una fuente única.

Así, es la tesis morfológica misma la que sugiere la genética. Extrapolando un poco de esto, Propp vislumbra una posible relación con la historia comparada de las religiones, si es cierto que “una cultura muere, una religión muere, y su contenido se transforma en un cuento popular”. Pero para verificar esta hipótesis tendríamos que combinar el análisis estructural con un enfoque histórico y un método comparativo.

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