La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 9) – Estudio Bíblico

IX

Para el discurso “moderno” (cf. Palmer, 1979; 1983; Frei: 4–8):

(1). el hombre (anthropos) se erige como sujeto situado en el centro del lenguaje, texto, mundo y significado; y desde esta posición privilegiada fundamenta, percibe y juzga lo que es;

(2). el hombre como sujeto capta lo que hay en el mundo por medio de la razón que se apodera de las ideas, categorías o herramientas conceptuales (métodos críticos) que se utilizan para buscar, medir y organizar lo que es;

(3). el telos del conocimiento es dominar lo positivo, inspeccionar regiones de lo conocido, desarrollar y emplear métodos críticos para potenciar lo que es útil y eficiente, objetivo y racional, positivo y verdadero;

(4). la explicación se justifica finalmente en relación con la ciencia y su metadiscurso, la filosofía; todo se articula a través de la “gran narrativa” (una metanarrativa) que legitima ciertas formas de conocimiento e instituciones sociales, a saber, la narrativa ilustrada de la emancipación del sujeto racional, la adquisición de riqueza personal y la búsqueda heroica de la ética. objetivo político de la paz universal (Foster: xxiv).

Aunque un detalle del desarrollo histórico y el surgimiento del pensamiento moderno y su discurso se encuentra más allá del alcance de este ensayo (para más información ver Reiss: 21–55, 351–86; Terdiman: 25–84), podemos insinuar el patriarcado moderno. línea de desarrollo: Agustín, Lutero, Galileo, Descartes, Hume, Locke, Darwin, Kant y Hegel; son ellos quienes han contribuido a las condiciones que han fundamentado el discurso crítico moderno que, entre otras cosas, privilegia la dicotomía sujeto/objeto, la razón autónoma, la conciencia histórico-crítica, los métodos rigurosos y la techné, la preocupación intransigente por la facticidad referencial, la naturalidad de la narrativa mimética, y la búsqueda de la estructura, la verdad y el método trascendentales. Las nociones modernas de historia, texto y praxis crítica están enraizadas en esta metanarrativa de autosuperación y autocontrol.

Esta metanarrativa de la Ilustración en particular es la gran historia de técnicas y métodos, de descubrimiento y adquisición, de perspectiva y autotrascendencia humana. Es la compleja historia de la “era del hombre” cuando la humanidad “realizó un esfuerzo sin precedentes para explicar el mundo a fin de conquistarlo y transformarlo” (Eliade, 1956:12 citado en Reiss: 21). Científicamente, su huella puede ubicarse en el descubrimiento de Gilbert de los principios del magnetismo y la brújula, las notas publicadas de Galileo sobre el telescopio y la formalización del método experimental; políticamente llega a expresarse en los viajes nacionalistas de descubrimiento y el colonialismo del nuevo mundo; El tratado de Locke sobre el gobierno, los derechos individuales y la adquisición de riqueza personal es su manifestación económica; literariamente se debe a la glosa épica de Milton sobre el mito de la creación en Paradise Lost de un yo autónomo emergente, laborioso, que se justifica a sí mismo (ver Kee: 158ff.); filosóficamente lo vemos en las tres Críticas de Kant y su esfuerzo por asegurar la verdad apodíctica; retóricamente, la metáfora dominante es “perspectiva”; el telos el de la liberación intelectual, espiritual y material de la humanidad, es decir, en el florecimiento de una conciencia que maneja métodos, textos, sociedad, naturaleza y los cielos donde, entre paréntesis, Dios ya sólo habita míticamente.

En resumen, esta metanarrativa de la Ilustración es la búsqueda de la libertad, la verdad, la historia, las posesiones, las nuevas tierras, el conocimiento, los textos clásicos, los métodos, la estructura, el significado, las tradiciones, el (auto)control somático y la autoconciencia histórica individual (ego cogito). ). La declaración sacerdotal de esta búsqueda de dominio y control con sus claras consecuencias morales para realizar el bien individual y colectivo que le debemos a John Locke:

El que se apropia de la tierra con su trabajo, no disminuye sino que aumenta el capital común de la humanidad. Porque las provisiones que sirven para el sustento de la vida humana, producidas por un acre de tierra cercada y cultivada, son… diez veces más que las que se producen por un acre de tierra, de igual riqueza que se encuentra en desuso en común. Y por lo tanto, el que cerca la tierra y tiene una mayor abundancia de las comodidades de la vida de diez acres que podría tener de cien dejados a la naturaleza, puede decirse que da noventa acres a la humanidad. (Locke: 312)

El yo humano de esta autobiografía es una especie del Adán de Milton que emerge del Edén, distanciado del cielo y de la tierra y del otro; es un yo que asegura su propio futuro autónomo buscando la verdad y diferentes medios para encontrar la verdad, creando esas herramientas de la industria crítica que es su responsabilidad usar en beneficio de la humanidad y la naturaleza (ver Kee : 163–165).

Aquí está la saga del surgimiento de la humanidad moderna cuya responsabilidad es salvarse no solo a sí misma sino también a la creación; la historia se da en última instancia para que la humanidad gane o pierda.

Por el contrario, el pensamiento posmoderno puede etiquetarse como una respuesta cultural sospechosa a esta metanarrativa (es decir, el «sentido común» de la modernidad), que no toma sus suposiciones como evidentes ni históricamente universales.

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