La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

No necesitamos mirar más allá de los campos humanísticos y científicos sociales vecinos, especialmente la crítica literaria, pero también lingüística, antropología, filosofía, ciencia política, economía e historia—para descubrir la importancia de la investigación teórica y la pregunta corolaria de su estatus como gesto ideológico. La atención a la teoría per se refleja un cambio sustancial en las condiciones de posibilidad del discurso académico actual y, por ende, de sus prácticas críticas y de autocomprensión.

Por ejemplo, la reflexión sostenida sobre la teoría es ahora un ingrediente en la tarea de concebir cualquier tipo de crítica literaria y estudios culturales hoy, incluso cuando ello signifique adoptar una postura expresamente “anti-teoría”: la cuestión de la teoría condiciona el discurso pro. y contra (cf. Kavanaugh y Cain en el lado de los estudios literarios). También en el campo exegético, descubrimos que el surgimiento de prácticas de lectura estructuralistas, posestructuralistas y ahora posmodernistas, por nombrar algunas, apuntan a nuevas formas de vida institucional en los márgenes del discurso de la disciplina y potentes transformaciones en el centro de la disciplina. Lo mismo ocurre con los exegetas: ya no es posible, como profesionales responsables, ignorar la presencia de la teoría y su impacto sobre lo que dicen y hacen los críticos bíblicos.

Muy cargados, incluso rencorosos a veces, los debates disciplinarios anteriores sobre la importación, por ejemplo, de modelos estructuralistas para leer textos bíblicos y judaicos han dado paso a advertencias aún más estridentes sobre el lugar de las estrategias y estilos de lectura posestructuralistas y posmodernistas, particularmente en la forma de críticas feministas, deconstructivas y psicoanalíticas (Moore, 1990; Burnett: 69; Phillips, 1988:7–11 White, 1988:2–9); es testimonio de la naturaleza contestataria del discurso en la actualidad y del carácter fundamentalmente amenazante de los cambios institucionales que se avecinan.

Es claro que la praxis crítica bíblica ya lleva la marca de la presencia de la teoría. Con la teoría a punto de quedarse, la pregunta apremiante para los exégetas y la disciplina en su conjunto ahora es: ¿qué hará el campo para dar cuenta de la presencia de la teoría y cuáles serán los efectos a largo plazo sobre sus prácticas, practicantes y patrocinadores?

Mucho más que un debate de utilidad sobre la elección de métodos preferidos, la atención al desafío de la teoría y su cociente ideológico está alimentando un escrutinio radical de la forma en que los exegetas piensan la cuestión de los estudios bíblicos y su propósito (Phillips, 1990).

Como era de esperar, este tiempo de perturbación fundacional y epistémica ha desencadenado una variedad de respuestas entre los exegetas: algunos temen que la preocupación por la teoría señale un abandono del pensamiento histórico y un debilitamiento de los logros de la crítica bíblica moderna (Ringgren: 64); otros aplauden estos cambios como una forma de liberación escatológica de las ataduras de un historicismo reduccionista y el primer paso hacia una auténtica transformación humana (Wink: 19ff.); aún otros consideran estos cambios disciplinarios como la apertura de un espacio crítico para un estilo de erudición completamente diferente, uno que seguramente depende de una racionalidad que ha hecho posible el pensamiento histórico moderno, pero que aún desconfía profundamente de los métodos, modelos o paradigmas explicativos que prometen algo. aproximarse a una comprensión totalizadora del texto, la historia, el tema y el significado (ver Phillips, 1986; Burnett: 60–63; Makarushka: 196ff.).

Por muy preliminar que pueda ser el compromiso de la exégesis bíblica con cuestiones de teoría e ideología (en contraste, digamos, con los estudiosos de la literatura en la Modern Language Association), se puede contar con un efecto inmediato: la insistencia en que los críticos presten atención al estatus de la historia crítica histórica moderna. métodos por derecho propio: su peculiar desarrollo histórico, su surgimiento desde dentro de un orden epistémico y social particular, su papel, en términos de Clifford Geertz, en apoyo de una ideología de “sentido común” (1973: 193ff.; 1983: 73–4).

Cualquier explicación «histórica» ​​adecuada del sentido común por el cual la exégesis moderna conduce su negocio exige atención a su propia base histórica, lo que significa las formas de conocimiento y empoderamiento que han dado forma y continúan dando forma al campo y sus prácticas disciplinarias. En términos prácticos, esto significa que los exegetas bíblicos están llamados a dar cuenta de la primacía otorgada a descubrir la verdad objetiva, ya sea sobre el contexto histórico de la producción, recepción y transmisión de un texto, el significado pretendido por un autor o autoría, o el la forma retórica unívoca del texto, la lógica, la contundencia y el significado, ya que reflejan una forma particular de pensar y conocer el mundo.

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