La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 17) – Estudio Bíblico

XVII

Es paradójico que el yo, que en su forma moderna se toma a sí mismo tan en serio como objeto de preocupación, pueda ahora convertirse en una preocupación legítima para sí mismo solo en la medida en que se margina, incluso desaparece, y junto con ese yo, por supuesto, las técnicas y métodos que utiliza para apropiarse de la verdad.

Tercero, la condición posmoderna requiere del exégeta más que una familiaridad casual con otras disciplinas, métodos y conocimientos que se encuentran en culturas occidentales y no occidentales, pasadas y presentes. Si las condiciones que generan el conocimiento están cambiando, las herramientas críticas que utiliza el exégeta también deben estar cambiando, y eso exige un compromiso con las tecnologías para conocer que emergen de las ciencias sociales y naturales especialmente.

Aprender y adoptar estas otras tecnologías y metodologías no necesariamente implica una exégesis realizada bajo el control modernista. La tarea es mantener las tecnologías en una relación tensa entre sí para que nadie sea considerado la clave de la Verdad. La exégesis en un contexto posmoderno no elimina las técnicas modernas, las pone al límite, las desequilibra; los deconstruye a ellos y su relación con el pasado y el presente. El poner entre paréntesis las consecuencias históricas y políticas del método y la lectura, para tomar sólo dos ejemplos, da paso al reconocimiento histórico de que poner entre paréntesis sirve a sus propias agendas políticas e históricas específicas. La pregunta constante debe ser, ¿a qué servicio está mi/nuestra exégesis, y qué controla y domina su praxis?

En cuarto lugar, las categorías para emprender la exégesis deben situarse conscientemente en un marco político, es decir, contestatario. El efecto de la actividad postestructuralista es mantener la exégesis en el momento presente. Todos los lugares comunes de la disciplina son vistos entonces por lo que son discursivamente: gestos históricamente particulares que necesitan desmitificación y deconstrucción.

Se borra la distinción “natural” entre teoría y praxis; el límite que relega la lectura al ámbito de lo individual frente a lo social se expone como un gesto político discursivo de un tipo particular; la relación entre los yoes que somos en relación con el texto y nuestros métodos y contextos de lectura, y otros contextos como la lucha nuclear, las causas de liberación, la justicia económica, las relaciones hombre/mujer no se divorcian tan fácilmente (Welch).

Nuestra comprensión de la disciplina exegética como separada como una práctica objetiva y descriptiva o como automáticamente implicada dentro de una ideología teológica particular debe ser repensada en consecuencia. Porque las condiciones históricas para dedicarse a la exégesis hoy deben examinarse para comprender la forma en que la disciplina se implica en su mundo social e intelectual. Eso, por supuesto, significará prestar atención a las implicaciones políticas concretas y a las estrategias que determinen si los productos de la disciplina se descartan o se aplican positivamente.24

Finalmente, los lectores críticos de textos bíblicos que empleen métodos estructurales modernos o métodos histórico-críticos tradicionales continuarán participando de manera importante en gestos modernos de poder epistémico; no dejarán de funcionar en el futuro previsible. Entrarán en la refriega discursiva con los críticos posestructuralistas y posmodernos. La exégesis histórica y estructuralista continuará ejerciendo sus propias formas de lectura dentro de una comunidad de discurso (Adam: 180–182; Burnett: 70–73), y más allá de eso, hacia una tradición intelectual más amplia dentro de un mundo de efectos prácticos.

Persistirá la forma de plantear y responder preguntas críticas dentro de la metanarrativa moderna que comparten; tendrá efectos concretos y materiales sobre las mentes y los cuerpos. La presencia de la exégesis postestructuralista en la era posmoderna, por lo tanto, no es en lo más mínimo una historia sobre el abandono de la modernidad, incluso si fuera imaginable.

La historia del registro y la incautación, un gesto para controlar la verdad y dirigir sus aplicaciones prácticas, es una historia de la búsqueda moderna que aún continúa. La locura liberadora de una Iniciativa de Defensa Estratégica es evidencia actual de que la alta frontera técnico-lógica de esta misión, cuyos resultados apocalípticos aleccionadores para todos los cuerpos y mentes aún están por verse, estará en nuestro futuro por algún tiempo.

El contexto posmoderno obliga a reconocer el control interpretativo y el poder que se ejerce, lo admitamos o no; y abre la posibilidad de emplear ese poder de maneras que aseguren la vida de otras maneras. Este es un poder del que no debemos avergonzarnos sobre la base de una noción represiva y jurídica del poder. Este es el desafío exegético/crítico, o al menos uno de varios.

Tampoco debemos dejarnos disuadir por aquellos que insisten en que la tarea de la exégesis debe ser devolver la disciplina ansiosamente a los días de reconstrucción objetiva y recuperación del significado del texto en el pasado; de nuevo un gesto de supervivencia moderno que debe ser reconocido como tal.

Publicada el
Categorizado como Estudios