La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 16) – Estudio Bíblico

XVI

Tal punto de vista identifica el poder con la represión del yo en términos totalmente negativos. Más bien, Foucault insiste en que el poder debe ser considerado como un bien material. “Lo que hace que (el poder) sea aceptado”, argumenta, “es simplemente el hecho de que no pesa sobre nosotros como una fuerza que dice no, sino que atraviesa y produce cosas, induce placer, formas de conocimiento, produce discurso . Debe ser considerada como una red productiva que recorre todo el cuerpo social, mucho más que como una instancia negativa cuya función es la represión.” (120–21, 119.)

Para nuestros propósitos, la noción de lectura de Foucault como expresión de una cierta forma de poder social nos ayuda a desviar el enfoque de una visión estática del exégeta o la verdad como entidad al proceso de lectura tal como ocurre dentro del cuerpo social que refleja. procedimientos de empoderamiento.

Dinamizar la verdad y el exégeta de esta manera significa que lo que cuenta como “crítica verdadera” es una función de las asignaciones contestatarias de poder dentro de un cuerpo social para hablar, definir, pensar, discurrir de una forma opuesta a otra. El énfasis se aleja entonces del sujeto crítico per se y de la búsqueda de lo verdadero hacia las condiciones de posibilidad de ser sujeto crítico y de saber que producen diversos tipos de efectos reales: desde el yo autónomo hasta la praxis.

No sin importancia, las metáforas utilizadas para describir la exégesis cambian de «mirar», «observar», «ver», a «luchar», «batallar», «comprometerse en la guerra»: el orden de lo especular da paso al de lo marcial. y conflictivo. La exégesis de un texto, como la historiografía dialógica, es un esfuerzo contestatario cuyo resultado está marcado por el encuentro abierto de técnicas de conocimiento entre sí en la historia vivida.

V. Las impugnaciones de lo posmoderno por la exégesis

En resumen, ¿qué podemos decir de esto son algunas de las implicaciones de la condición posmoderna para la exégesis estructural e histórica en particular y la disciplina exegética en un sentido más amplio a la luz del pensamiento posestructuralista? Lo que es evidente primero es la necesidad de involucrarse en formas radicales de autorreflexión, especialmente para reconocer que el conocimiento que todas las formas de exégesis moderna generan a través de la investigación, el desarrollo y el despliegue de métodos críticos es, sin embargo, una expresión de la búsqueda moderna de la verdad. ; esta reflexión radical se facilita atendiendo a cuestiones de teoría e ideología.

Los nuevos criterios y métodos que intentan localizar la verdad de esta manera se involucran en importantes gestos de gestión y control cuyos efectos sociales particulares, por lo tanto, necesitan ser descritos completamente. En términos muy concretos y prácticos, esto significa que como exégetas debemos escuchar las voces de las mujeres y las minorías que lo dicen con insistencia.

El reconocimiento de esta contestación por parte de los exégetas significa una percepción diferente de lo histórico y de las formas en que realizamos actos de discurso profesional en la lectura y redacción de comentarios sobre textos bíblicos y en el ejercicio de nuestras responsabilidades profesionales con la Academia, la Iglesia o la Sinagoga.

Me parece que una de las consecuencias de la exégesis emprendida dentro de un contexto posmoderno es que seremos llevados a examinar las consecuencias somáticas y sociales de nuestras prácticas de lectura, especialmente en la medida en que responden de manera encubierta a lo No dicho de la metanarrativa de la era de hombre. Parece que sólo así nos tomamos en serio la historia, nuestra historia.

¿Quién lee y exégeta los textos? ¿Las lecturas de quién tienen autoridad y poder? ¿Cuáles son las estructuras institucionales que insisten en esta o aquella lectura: hombre versus mujer, rico versus pobre, capitalista versus socialista, negro versus moreno versus blanco, etc.? Estos temas están destacados dentro del contexto posmoderno (ver West, 1982: 48-73) por la crítica posestructuralista.

En segundo lugar, debemos ver el yo exegético, el crítico, ahora redefinido o recontextualizado, y con ello las nuevas agendas del yo ante la dispersión de textos, contextos y narrativas que articula el contexto posmoderno. Con el yo desplazado del centro, su acción reflexiva debe verse como un compromiso contestatario en un autoescrutinio radical.

Concretamente, esto permite finalmente la posibilidad de un divorcio de la exégesis de la hermenéutica existencialista y el planteamiento de la cuestión del sentido de la historia y de la existencia humana fuera de un marco interpretativo teológico liberal, para facilitar el planteamiento de cuestiones éticas y teológicas en una manera muy diferente, que permite que se escuchen mejor las múltiples voces de grupos de interés discretos (Welch).

Con el socavamiento del yo totalizador del mito moderno, se abre una oportunidad para reconsiderar al sujeto crítico y su lugar dentro del orden social y la tradición histórica de formas alternativas.

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