La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 15) – Estudio Bíblico

XV

La contribución posestructuralista de Foucault al estudio de la historia intelectual en las ciencias humanas (incluidas la psicología, la lingüística, la penología, la epistemología, la literatura, la historia de las ideas y la sexualidad) está bien documentada; pero su particular importancia para la exégesis mental radica en la atención que presta a la relación de poder entre lo que el experto define como verdad y aquellas estructuras institucionales que ejercen un papel en la distribución del poder en la elaboración de la verdad.

Dado que para Foucault el acto de lectura crítica, incluida la suya propia, es inseparable del acto de producción social de la verdad y del ejercicio del poder, cualquier discusión sobre el análisis textual debe invariablemente volverse hacia la cuestión de las consecuencias políticas y económicas pragmáticas que surgen de la lectura. encuentro histórico entre el yo y el texto dentro del cuerpo social.

Para Foucault, la lectura crítica es una forma de discurso en la que el lector ya no se sitúa como esa conciencia crítica cuya mirada determina y mide la verdad del texto, sino que es la ocasión de un cierto modo de gesticular de y sobre el lector, su contexto histórico, sus fundamentos epistémicos y su implicación social. Esta visión del lector significa una comprensión diferente del crítico y de la praxis crítica.

Como dice Foucault, el crítico/intelectual contemporáneo se dedica a “señalar sobre qué tipo de supuestos, qué tipo de modos de pensamiento familiares, no cuestionados y no considerados descansan las prácticas que aceptamos”. 23 Esto significa que la praxis crítica es una lugar donde se practican técnicas particulares que producen comprensión, que posibilitan una lectura y un lector. La lectura crítica, en otras palabras, es un sitio donde se ejercen formas específicas de poder social como formas de discurso crítico, donde la verdad y el yo que observa lo que es verdad no se descubren tanto como se producen en el compromiso social del lector. con el texto

Como ya hemos señalado, el estatus moderno del lector como yo dentro del contexto posmoderno, hablando en términos generales como la pieza central del proceso de lectura crítica, se reescribe: el lector como yo trascendental y crítico, ya sea como yo narrativizador o estructurador, es una de las primeras bajas del asalto posmoderno. Pero Foucault problematiza más que el sujeto trascendental

Plantea preguntas inquietantes sobre las formas dominantes de análisis crítico que han regido a la comunidad crítica moderna en términos de su implicación dentro de un mito que perpetúa la centralidad de este yo y sus formas peculiares de autoconciencia. Aquí se problematizan formas de crítica fenomenológica (existencialista) que presuponen un tipo particular de sujeto constitutivo; y cierto análisis dialéctico ideológico (marxista vulgar) que gesticula de manera diferente hacia —pero aún dentro— del orden del sujeto.

Ambos tipos de análisis historizan al sujeto como una entidad que se encuentra de alguna manera fuera del curso de la historia (discurso). Deshacerse del sujeto constitutivo como lo hace Foucault abre la posibilidad de dar cuenta de la “constitución de saberes, discursos, dominios de objetos, etc., sin tener que hacer referencia a un sujeto que es trascendental en relación con el campo de los acontecimientos o corre en su mismidad vacía a lo largo del curso de la historia.” (1980:117)

La crítica, por lo tanto, tiene la responsabilidad de cuestionar tanto el estado de las técnicas utilizadas para producir la verdad como el poder social que impone estas tecnologías y sus consecuencias. Alcanzar la “verdad exegética” en estos términos significa entonces un tipo muy diferente de praxis exegética. La verdad aquí no es el “conjunto de perogrulladas que deben ser descubiertas y aceptadas”, lo que Foucault llama en otra parte “la recompensa de los espíritus libres, el hijo de la soledad prolongada, ni el privilegio de múltiples formas de restricción”; sino más bien la verdad

…es una cosa de este mundo: se produce sólo en virtud de múltiples formas de constricción. E induce efectos regulares de poder. Cada sociedad tiene su régimen de verdad, su «política general» de verdad: es decir, los tipos de discurso que acepta y hace funcionar como verdaderos; los mecanismos e instancias que permiten distinguir declaraciones verdaderas y falsas, los medios por los cuales se sanciona cada una; las técnicas y procedimientos valorados en la adquisición de la verdad; el estatus de aquellos que están encargados de decir lo que cuenta como verdad.

La verdad tal como lo permite el contexto posmoderno es

…el conjunto de reglas según las cuales lo verdadero y lo falso se separan y se atribuyen a lo verdadero efectos específicos de poder, entendiéndose también que no se trata de una batalla “en nombre” de la verdad, sino de una batalla sobre el estatus de la verdad y el papel económico y político que juega. (132, 133)

El papel del poder aquí en el establecimiento y mantenimiento de la verdad en su papel económico y político es crucial. Foucault entiende por poder algo muy diferente de las típicas esquematizaciones jurídicas comunes a Occidente, que ha promovido un pensamiento del poder de forma jurídica y negativa, en oposición a técnica y positiva.

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