La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 13) – Estudio Bíblico

XIII

En términos de Lyotard, no da suficiente cuenta de la metanarrativa que hace que la historiografía contemporánea sea progresista, evolutiva, teleológica y totalizadora, en otras palabras, moderno, y las consecuencias pragmáticas que se derivan en los términos más simples para aquellos individuos que escriben, leen, critican, producen, compran, venden y coleccionan estos efectos materiales. Al llevar a cabo una descripción histórica dialéctica, el historiador debe presionar el tema de las condiciones para su propia explicación narrativa y estructurante y su carácter ideológico en términos mucho más radicalmente autorreflexivos. Se trata nada menos que de un esfuerzo fundacional por pensar la condición de la exégesis como pensamiento histórico mismo (Phillips, 1990).

En el contexto posmoderno, la preocupación del exégeta por recuperar la historia conlleva la responsabilidad de examinar cómo los métodos y las estructuras que emplea para escribir la historia se relacionan con la narrativa moderna predominante (ya sea en sus formas diacrónica o sincrónica) como una expresión del impulso científico totalizador: el descubrimiento del telescopio, el lenguaje de la perspectiva, la búsqueda de nuevos mundos, el despertar de la conciencia histórica. Llevando a LaCapra un paso más allá, la lectura sospechosa que el exégeta debe dar a su trabajo, entonces, no debe enfocarse estrictamente en las funciones operativas del método, modelo o contexto, sino expandirse para incluir el marco epistémico y cultural más amplio dentro del cual estos las nociones mismas se presentan como preguntas.

Es aquí donde la cuestión de lo histórico es enmarcada de manera útil por el pensamiento y la práctica literaria posestructuralista. Y para que no parezca que el punto de vista posmoderno puede reclamar algún privilegio ahistórico y un terreno elevado epistémico/discursivo, debemos recordar que la pregunta sospechosa también tiene su propio lugar histórico particular y se encuentra dentro de una tradición que debe permanecer abierta a la mirada sospechosa en un yo. -manera crítica.

El resultado, entonces, no es un abandono total de la narrativa o la estructura histórica —si fuera una posibilidad discursiva— sino una deconstrucción del carácter totalizador, transparente y generador de sentido de la metanarrativa moderna frente a una dispersión de otras narrativas, textos relacionados. , prácticas de lectura y yo (Lyotard, 1984: 27-36).

V. Reescritura posestructuralista del texto y praxis críticas

En el resto de este ensayo quiero explorar algunas de las implicaciones del pensamiento crítico posmoderno al situar los temas específicos del “texto” y la “praxis crítica” contra el telón de fondo de la comprensión discursiva y contestataria de lo histórico de LaCapra. Mi objetivo no es ser exhaustivo, sino sólo sugerir ciertas formas en que las nociones de texto y praxis crítica se abren bajo la presión del esfuerzo postestructuralista por mantener ante sí las cuestiones teóricas e ideológicas. Esto nos llevará al final a plantear el significado de la época/actitud posmoderna (Hoy: 13) para los exegetas bíblicos que han trabajado y continúan trabajando con métodos históricos y estructurales tradicionales.

Y el Texto como Desbordamiento de Fronteras…

El individuo que ha problematizado la noción moderna de texto de manera más dramática es, por supuesto, Jacques Derrida (ver especialmente 1979; 1981). Su reflexión deconstructiva aboga por una superación de las “fronteras” tradicionales que separan el texto del contexto que se niega a tratar el texto como un “cuerpo terminado de escritura, algún contenido encerrado en un libro o sus márgenes” (Derrida, 1979: 85; contraste Said , 1971 para una crítica del llamado “pantextualismo”).

Más bien, el texto es una “red diferencial, un tejido de huellas que remiten sin cesar a algo distinto de sí mismo, a otras huellas diferenciales”. Derrida afirma:

No hay más que texto, no hay más que extratexto, en suma un “prefacio incesante”… que deshace la representación filosófica del texto, las oposiciones recibidas entre el texto y lo que lo excede. El espacio de difusión no se limita a poner el plural en efervescencia; sacude una contradicción sin fin, marcada por la sintaxis indecidible del más. (1981:43)

Detrás de este lenguaje ciertamente extraño se encuentra una teoría de los signos y del discurso que desafía la noción de texto fijo y la supuesta lectura crítica de valor neutral que objetiva el texto como un objeto crítico literario desinteresado. Derrida propone/proporciona una lectura de textos que se niega a divorciarse de consideraciones de epistemología y metafísica. Una de las presunciones modernas forzadas de este modo a la luz es que el texto está de alguna manera «naturalmente» atado por los límites de las intenciones de la voz de su «autor», o las respuestas de sus oyentes/lectores originales, o la historia del texto. desarrollo.

Se problematiza el privilegiar instintivamente el contexto autoral, en términos de LaCapra, y la ideología que trata el texto como si fuera un artefacto estático a ser extraído bajo capas de intenciones (algunas individuales, otras sociales) construidas a lo largo de los años.

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