La exégesis como praxis crítica: recuperación de la historia y el texto desde una perspectiva posmoderna (Parte 10) – Estudio Bíblico

X

La reflexión posmoderna problematiza la metanarrativa moderna, cuyos elementos Fred Eric Jameson identifica como un compuesto de los dos grandes mitos legitimadores que informan nuestro tiempo: la liberación de la humanidad y la unidad especulativa de todo el conocimiento (Marx y Hegel, por supuesto). Esta metanarrativa condiciona, entre otras cosas, nuestros métodos críticos, nuestras formas de verdad y conceptos de justicia, así como aquellos valores occidentales que se concretan en nuestras instituciones socioeconómicas y políticas (ver Jameson, 1984:ix, xii– xix).

El resultado es una desestabilización de la búsqueda moderna y sus intereses totalizadores y liberadores, y junto con eso, la forma privilegiada de conciencia crítica que respalda. En términos prácticos, esto significa que, junto con los métodos y estrategias modernos utilizados para definir la verdad, se cuestiona el poder necesario para mantenerlos en el poder.20 Aquí se refleja un cuestionamiento sospechoso enraizado en la tradición antiidealista de Nietzsche, Heidegger, Derrida y Foucault (así Megill).

La condición posmoderna para conocer señala un cambio en curso en el estatus de la búsqueda de la verdad y el método; su objetivo es revelar los gestos no reconocidos de control, gestión y salvación en los que la conciencia crítica se convierte en una extensión de una práctica histórica, social y política particular (ver Hassan, 1975: 39-59). En resumen, la condición posmoderna para conocer se basa en un enfoque diferente del cuestionamiento crítico que reposiciona ese tema considerado central para la búsqueda moderna, a saber, el hombre mismo como sujeto crítico (Foucault, 1988: 155).

El esfuerzo posmoderno en este sentido asume como tarea pensar lo Impensado olvidado/reprimido por la modernidad (Hoy: 15).

Es justo en este punto que la reflexión posmoderna se vuelve decididamente problemática para las disciplinas humanas (identificadas como estudios humanísticos modernos) y en particular para la exégesis bíblica con su larga obligación con la hermenéutica existencialista: ¿qué pasa con el yo humano moderno como sujeto crítico? Caracterizado por Foucault como una realidad histórica de apenas dos siglos, este hombre moderno es
no es más que una especie de fisura en el orden de las cosas o, en todo caso, una configuración cuyos contornos están determinados por la nueva posición que tan recientemente ha asumido en el campo del conocimiento… el hombre es sólo una invención reciente, una figura aún no tiene dos siglos, una nueva arruga en nuestro conocimiento,… que desaparecerá tan pronto como ese conocimiento haya descubierto una nueva forma. (1973:xiii)

Este yo moderno está completamente desmitificado. Se expone la noción del yo crítico como conocedor subjetivo y trascendental y conocido objetivamente, un sujeto que se ubica en el punto de origen y autenticación del lenguaje, del texto, del mundo social, del significado, de la historia, de la estructura. Más bien, el yo de la época posmoderna debe verse como emergente como un producto de sus condiciones históricas materiales locales.

Reaccionando al modo totalizador de conocer de la modernidad, los intereses posmodernos desplazan al sujeto, para continuar con la metáfora espacial, a los márgenes, al insistir en la dispersión y multiplicación de voces, tecnologías, métodos y marcos para conocer. Con raíces firmemente asentadas en la modernidad (Megill: 339-52), el pensamiento posmoderno se inspira de diversas maneras en la situación de Marx del ser humano en relación con las estructuras de la producción social de valor, y el análisis de Freud del significado como un proceso conflictivo consciente/inconsciente. : hombre/mujer es de manera muy importante una función de sus circunstancias sociales, psicológicas, políticas y económicas.

Pero la modernidad no cede sin lucha el reinado del que goza. Bajo el ataque de las fuerzas neoracionalistas lideradas por Habermas y otros que insisten en mantener a la humanidad y la razón en el centro, el pensamiento posmoderno insiste en marginar la humanidad del yo moderno, sus textos, sus métodos, su hermenéutica, su comprensión del pasado y el futuro, su razón.21

Considerado apropiadamente como uno de varios epicentros de preocupación crítica, el yo crítico de la era posmoderna no se eleva al estatus de una conciencia hipostasiada —una trampa cartesiana dentro de un mundo de extensión— sino que es, como siempre lo ha sido, el efecto material , junto con sus textos, métodos, moralejas y verdades, de un conjunto de prácticas socio-históricas cuyas condiciones de conocimiento modelan la identidad y disciplinan el actuar de los seres humanos como sujetos. Bajo la gestión posmoderna, el yo moderno se revela por lo que es: esa construcción sentimental/sedimentada cuyos días son más o menos pasados. Foucault lo expresa así:

Publicada el
Categorizado como Estudios