La eventualidad de los textos (Parte 9) – Estudio Bíblico

IX

Hay una diferencia crítica entre el S-B-L del símbolo y el S-B-L del shibboleth. En el símbolo, la relación de significado a significado es la condición de posibilidad de la comunicación. Un shibboleth, por el contrario, es una palabra impronunciable cuyo significado es insignificante. Al reunir lo que también mantiene separado, el símbolo hace posible compartir (le partage) el significado; al separar lo que también une, el shibboleth divide (partage) a aquellos que intentan comunicarse. Mientras el símbolo facilita la interpretación metafórica, el shibboleth resiste la traducción interrumpiendo la transferencia con una resistencia que escapa a la ambigüedad reducible de la polisemia.

Shibboleth marca la multiplicidad dentro del lenguaje, la diferencia insignificante como condición del sentido en el lenguaje. Y aunque se hable de una multiplicidad de lenguas, conviene precisar que la intraducibilidad babeliana está conectada no sólo con el difícil paso (no parsán) de una lengua poética a otra, sino también con la aporía, el callejón sin salida más allá de toda transacción posible. , que se conecta con la multiplicidad de lenguajes dentro de la unicidad de una inscripción poética. (315)9

Como la diferencia insignificante que siempre es intraducible, el shibboleth es “la cifra de la cifra, la manifestación cifrada de la cifra como tal”. Si bien la recuperación de la mitad perdida de un símbolo hace posible descifrar los mensajes textuales, la posesión del shibboleth de ninguna manera “borra el cifrado, tiene la clave de la cripta y garantiza la transparencia del significado.

La cripta permanece, el Shibboleth permanece secreto, y el poema desvela este secreto como un secreto que se retira, más allá del alcance de cualquier agotamiento hermenéutico. El secreto no es hermético, pero permanece, como una fecha, heterogéneo a toda totalización o radicalización hermenéutica. No hay un significado, no hay un solo significado originario, desde el momento en que hay una fecha y un Shibboleth” (1986: 322).
¿Por qué el shibboleth y la fecha están asociados entre sí?

Quizás porque una fecha es el “una vez” para el cual no hay un significado “único”, no hay un significado originario “único”. “Heterogénea a toda totalización hermenéutica”, la fecha marca el “momento”, que, como observa Kierkegaard, es “la paradoja… en su forma más abreviada”. Este momento es el punto del tiempo que escapa no sólo al estructuralismo sino también a la hermenéutica. Luchar por pensar este øieblik impensable es acercarse a una ligereza casi insoportable al confesar que el punto del tiempo no tiene sentido.

Para vislumbrar la inutilidad del punto del tiempo, es necesario preguntarse: “¿Qué es una fecha?” Una fecha es el signo de un evento. Para preguntar: «¿Qué es una fecha?» es, por lo tanto, preguntar: «¿Cuál es el signo de un evento?» Si un evento es histórico, es único: solo tiene lugar una vez. Si el “una vez” se resiste al pensamiento, ¿se pueden firmar entonces los acontecimientos? ¿Puede haber una fecha? ¿Existe una fecha? “Una fecha”, argumenta Derrida, “no es algo que está ahí, ya que se retira para aparecer, pero tal vez haya (gibt es) fechas” (315).10

Como un punto que se desvanece para aparecer y como tal es la “apariencia” de la desaparición, la fecha marca la aparición de la desaparición. En uno de los pasajes más difíciles e importantes de toda su obra, adjunto como nota a pie de página en El concepto de angustia, Kierkegaard investiga “la categoría del momento [øieblikket]” al considerar la descripción que hace Platón del momento en Parménides.

Se supone tanto que el uno (τὸ ἕν) es como que no lo es, y luego se señalan las consecuencias para él y para el resto. En consecuencia, el momento parece ser esta extraña entidad (ἄτοπον [lo que no tiene lugar], la palabra griega es especialmente apropiada) que se encuentra entre el movimiento y el reposo sin ocupar ningún tiempo, y dentro y fuera de esto lo que es. en movimiento se transforma en reposo, y lo que está en reposo se transforma en movimiento.

Así, el momento se convierte en la categoría de transición (μεταβολή), pues Platón muestra del mismo modo que el momento está relacionado con la transición de lo uno a lo múltiple, de lo múltiple a lo uno, de la semejanza a la desemejanza, etc. es el momento en que no hay ni ἥν [uno] ni πολλά [muchos]…. (Kierkegaard, 1980: nota 83)

El no-lugar del momento es el extraño dominio del entre (mellum): ni uno ni muchos, ni semejanza ni desemejanza, ni identidad ni diferencia…. Este ni/ni no sólo es indecible, es a la vez innombrable e impensable.
En tanto que es la inscripción de lo que no se puede nombrar porque nunca vuelve, la fecha “es una estructura de autoborramiento [d’auto-effacement]”. Las fechas “marcan sólo en la medida en que su legibilidad enuncia la posibilidad de una recurrencia, y la recurrencia de lo que precisamente no puede volver, la posibilidad, digamos entonces, del retorno espectral de lo que, único en su ocurrencia, nunca volverá.

Una fecha es un espectro” (Derrida, 1986:317). Mientras que la interpretación hegeliana, estructural y hermenéutica tiende a volverse especular, la conmemoración de los eventos en la deconstrucción sigue siendo espectral. La ceguera momentánea que resulta del mero abrir y cerrar de un ojo rompe para siempre el espejo del reflejo.

Publicada el
Categorizado como Estudios