La eventualidad de los textos (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

Una sola vez: una circuncisión se realiza una sola vez. Así, al menos, parecería. Vamos a dar vueltas alrededor de apariencia —hablo de apariencia y no de semblante— no tanto para circunscribir o eludir alguna esencia de circuncisión cuanto para dejarse acercar por la resistencia que el “una vez” puede ofrecer al pensamiento. (Derrida, 1986:307)

La meditación de Derrida sobre la resistencia que el “una vez” puede ofrecer al pensamiento lo lleva eventualmente a reflexionar sobre las preguntas que plantean las posibles lecturas de SBL.

Shibboleth es, si se puede usar aquí una palabra más común en francés que en inglés, una palabra de partage: partage como diferencia, línea de demarcación, división de las aguas, escisión, cesura, frontera, disociación; pero también como participación, como lo que se divide porque se tiene en común, en virtud de participar de lo mismo.

Fascinado por una semejanza que es a la vez semántica y formal y que, sin embargo, no tiene explicación histórico-lingüística, aventuraré una comparación entre partage como shibboleth y partage como symbolon. En ambos casos, encontramos S-B-L, en ambos un token transmitido a otro…, una palabra o parte de una palabra; la parte complementaria de un objeto dividido en dos viene a sellar una alianza. Este es el momento del compromiso, de la firma, del pacto o contrato, del regalo, de la promesa, del anillo. (325–26)
Leer S-B-L como un símbolo es leer hermenéuticamente; leer S-B-L como un shibboleth es leer deconstructivamente.

“Símbolo” deriva del griego sumbolon (señal de identificación, por comparación con su contraparte) por vía del latín symbolum (signo, señal). Sumbolon, a su vez, deriva de sumballein, tirar juntos: sol-, juntos + ballein, tirar. En la antigua Grecia, el símbolo era el medio por el cual se aseguraba la comunicación. Cuando partía un mensajero, se le daba la mitad de un bastón partido que se llamaba símbolo.

El mensaje que llevaba a su regreso se consideraba digno de confianza sólo si el mensajero traía consigo la otra mitad del personal. Cuando las dos mitades del símbolo se “lanzaron juntas”, se completó el circuito de comunicación y se transmitió el mensaje. Por extensión, un símbolo es aquello que une dos realidades al unirlas. Los dos ritmos del símbolo están captados por la palabra francesa partarger. Partarger significa no sólo solidarizador y partícipe sino también divisor, morceler, couper, fractionner y fragmenter. La traducción al inglés de partarger es compartir, que también es engañosa.

Compartir significa tanto participar como dividir.
Hemos visto que para Ricoeur, un símbolo es “una estructura intencional que consiste no en la relación del sentido con las cosas sino en una arquitectura del sentido, en una relación del sentido con el sentido”. La sobredeterminación del símbolo crea un excedente o exceso de significado que pone en marcha el proceso de interpretación. La polisemia del símbolo constituye un “tiempo oculto” que crea la posibilidad de mediar el tiempo de la tradición y el tiempo de la interpretación. Ricoeur explica:

Pretendo buscar una tercera temporalidad, un tiempo profundo que se inscribiría en la plenitud del sentido y que haría posible la intersección de estas dos temporalidades [es decir, de la tradición y de la interpretación]. Este tiempo sería el tiempo del sentido mismo; sería como una carga temporal, llevada inicialmente por el advenimiento del sentido. Esta carga temporal permitiría tanto una sedimentación en un depósito como una clarificación en una interpretación; en suma, permitiría la lucha entre estas dos temporalidades, una transmisora, la otra renovadora. (1974: 320)

El tiempo del símbolo es el tiempo de la transferencia de sentido. Dentro de una economía simbólica, la historia es un proceso metafórico (metapherein, transferir; meta- [que implica cambio] + pherein [soportar]) proceso en el que se produce significado al traducir pasado, presente y futuro entre sí. Creer en el significado es privilegiar el peso sobre la ligereza.

Un shibboleth es, por supuesto, un lema o contraseña. Shibboleth, señala Derrida, se encuentra en toda una familia de lenguas (fenicio, judeo-arameo, siríaco); Aparte de la multiplicidad de significados que se le injertan (río, arroyo, espiga, rama de olivo), Shibboleth tiene el valor de una contraseña. Fue utilizado durante o más bien después de la guerra, en el cruce de una frontera bajo vigilancia.

La palabra importaba menos por su significado que por la forma en que se pronunciaba. Los efraimitas habían sido derrotados por el ejército de Jefté y para evitar que los soldados escaparan por el río (Shibboleth también significa río…), cada persona debía decir “Shibboleth”. Como los efraimitas eran conocidos por su incapacidad para pronunciar correctamente el sonido shi, esta era una ‘palabra impronunciable’ para ellos, de modo que decían ‘sibboleth’ y así se entregaban al centinela a riesgo de muerte» (1986: 320 ).

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